Rubén Kaplan / Hamás y la Autoridad Palestina: la diferencia siempre fue táctica

Terroristas de Hamas en Beit Lahiya, en el norte de la Franja de Gaza, el 3 de diciembre de 2025. (Credito: REUTERS/STRINGER)

En 2011 publiqué un artículo titulado “Hamás y la Autoridad Nacional Palestina, dos caras de la misma moneda”. Allí advertía que la diferencia entre ambas organizaciones no era ideológica sino estratégica. Quince años después, los símbolos oficiales del liderazgo palestino confirman con crudeza que aquella advertencia no era exageración, sino diagnóstico.

Un análisis reciente publicado en The Jerusalem Post describe exactamente esa continuidad. Dirigentes centrales de la AP y Hamás entregaron al embajador chino un escudo con el mapa de una “Palestina completa” que abarca todo el territorio del Estado de Israel, acompañado por la llave del “retorno” de millones de refugiados. No fue un gesto decorativo. Fue una declaración política visual. Sobre el mapa, una sola palabra: Palestina.

El mensaje no provino de Hamás, sino del supuesto interlocutor moderado que durante décadas fue presentado ante Occidente como socio para la paz. La iconografía oficial palestina sigue mostrando exactamente lo mismo que mostraba en 2011: un mapa sin Israel.

En aquel texto advertía que “la intención de los palestinos nunca fue erigir un Estado junto a Israel, sino uno en reemplazo de éste”. Hoy la evidencia confirma que el objetivo compartido nunca cambió. Ambas organizaciones persiguen la liberación completa de lo que llaman “Palestina histórica” y la negación estructural de la legitimidad de un Estado judío.

La narrativa educativa, los mapas escolares, los emblemas políticos y el discurso interno en árabe han mantenido una continuidad ideológica que Occidente eligió no escuchar. El error no fue de información, sino de voluntad. Se prefirió creer en una moderación imaginaria antes que confrontar una realidad incómoda.

Durante los años posteriores a Oslo se impuso la ficción de que el liderazgo palestino transitaba un camino irreversible hacia la coexistencia. Sin embargo, ya en 1994 Yasser Arafat comparaba públicamente los acuerdos con Israel con el Tratado de Hudaybiyyah: una tregua táctica destinada a acumular poder hasta alcanzar la victoria definitiva. No era una metáfora religiosa: era una definición estratégica.

El incidente diplomático de 2026 no revela radicalización reciente, ratifica la continuidad histórica. La diferencia entre La Autoridad Palestina y Hamás sigue siendo táctica: uno destruye con violencia abierta; el otro avanza mediante símbolos, diplomacia e instituciones internacionales. El mapa que ambos exhiben es el mismo.

Treinta años después de Oslo ya no queda margen para ambigüedades interpretativas. Los símbolos oficiales palestinos declaran su objetivo con absoluta claridad. Negarse a verlo no es ingenuidad diplomática: es una forma deliberada de autoengaño político.
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