Rubén Kaplan / ¿Está realmente derrotado Hamas?

La atención internacional parece concentrarse hoy en el Líbano, en las negociaciones impulsadas por Estados Unidos y en la creciente tensión entre Hezbollah, el gobierno libanés e Irán. Sin embargo, mientras las miradas se dirigen hacia el norte, otro frente permanece abierto y podría volver a convertirse rápidamente en un inminente desafío para Israel: la Franja de Gaza.

Los recientes reveses sufridos por Hamas son innegables. Israel eliminó a numerosos comandantes de alto rango, destruyó buena parte de su infraestructura militar, neutralizó arsenales, desmanteló túneles y golpeó severamente su capacidad operativa. Incluso analistas israelíes reconocen que la organización sufrió pérdidas sin precedentes desde su creación.

Sin embargo, una cuestión fundamental continúa sin respuesta: ¿quién gobierna Gaza después de Hamas?

Desde el inicio de la guerra, gran parte del debate se concentró en la capacidad de Israel para derrotar militarmente a la organización terrorista. Pero la experiencia histórica demuestra que una derrota militar no siempre equivale a una desaparición política. Un movimiento puede perder combatientes, armas y dirigentes, y aun así conservar redes de apoyo, mecanismos de control social, estructuras clandestinas y capacidad de intimidación suficientes para mantenerse como actor dominante.

Diversos análisis publicados en las últimas semanas advierten precisamente sobre este fenómeno. A pesar de los golpes recibidos, Hamas continúa intentando preservar su control político y administrativo sobre Gaza. Informes de inteligencia citados por medios israelíes sostienen que la organización ha aprovechado períodos de menor intensidad en los combates para reclutar nuevos integrantes, reforzar sus estructuras y recuperar gradualmente parte de su influencia.

Esta realidad resulta aún más significativa si se considera que una de las cuestiones contempladas para una eventual segunda fase del proceso posterior a la guerra era precisamente el desarme de Hamas. Sin embargo, lejos de producirse, la organización terrorista nunca manifestó disposición real a abandonar las armas ni a renunciar a su estructura militar. Por el contrario, todo indica que continúa intentando preservar y reconstruir sus capacidades operativas, lo que refuerza las dudas acerca de una derrota definitiva.

El problema se agrava por la ausencia de una alternativa clara. La Autoridad Palestina carece de legitimidad suficiente para asumir el control efectivo de la Franja, mientras que ninguna otra fuerza local parece poseer la capacidad necesaria para reemplazar a Hamas. Además, como he señalado en anteriores artículos, la Autoridad Palestina y Hamas discrepan en sus estrategias, pero no en sus objetivos políticos finales. Algunos observadores incluso advierten que determinadas políticas destinadas a impedir el regreso de la Autoridad Palestina podrían terminar consolidando a Hamas como la única estructura organizada capaz de gobernar el territorio.

La situación recuerda, en cierta medida, lo que ocurre actualmente en el Líbano. Allí, el presidente Joseph Aoun denunció que Irán utiliza a su país como una “moneda de cambio” en sus negociaciones con Estados Unidos. Al mismo tiempo, Hezbollah continúa rechazando acuerdos respaldados por el gobierno libanés y mantiene una autonomía militar que desafía la autoridad del propio Estado.

La analogía no es perfecta, pero sí reveladora. Tanto en Gaza como en el Líbano aparece el mismo problema de fondo: la existencia de organizaciones armadas respaldadas por Irán que, aun debilitadas militarmente, conservan suficiente poder político, social y coercitivo para condicionar el futuro de los territorios donde operan.

Por eso resulta prematuro hablar de una derrota definitiva de Hamas. La organización ha sufrido golpes devastadores, pero sigue existiendo una diferencia sustancial entre destruir una infraestructura militar y eliminar una estructura de poder.

La verdadera prueba no será cuántos comandantes fueron abatidos ni cuántos túneles fueron destruidos. Lo primordial será determinar quién ejercerá efectivamente la autoridad en Gaza cuando las operaciones militares disminuyan.

Si el vacío de poder persiste, Hamas podría beneficiarse precisamente del caos y la anarquía que contribuyó a crear. Y si eso ocurre, Israel podría descubrir que una organización severamente golpeada sigue siendo, paradójicamente, la fuerza política más influyente dentro de la Franja.

Después de más de dos años y medio de guerra, la pregunta clave ya no parece ser únicamente cómo derrotar a Hamas, sino cómo impedir que vuelva a gobernar Gaza.

Rubén Kaplan
Periodista y escritor
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