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sábado 18 de julio de 2026

Cuando un árabe dice:”F*CK Hamás”

Cristiano, nacido en Nazaret y activista internacional, Haddad rechaza los relatos simplistas sobre identidad y lealtad. Tras el 7 de octubre, su voz se volvió más visible, pero su historia empezó mucho antes. 

Por años, Yoseph Haddad ha sido una presencia incómoda para los discursos binarios sobre Medio Oriente. Árabe, cristiano e israelí, se ha convertido en una de las voces más firmes en la defensa internacional de Israel y en un crítico frontal del extremismo, tanto fuera como dentro de su propia comunidad. Aunque su visibilidad creció tras la masacre perpetrada por Hamás el 7 de octubre de 2023, Haddad comenta que su compromiso no es reciente.

 

Creo que lo he hecho casi toda mi vida”, afirma. Si tuviera que poner una fecha oficial, sería 2018: el año en que renunció a su cargo como director ejecutivo de una empresa de investigación de mercados para fundar Together – Vouch for Each Other, una organización árabe-israelí integrada por musulmanes, cristianos y drusos, dedicada a cerrar brechas entre judíos y árabes y a fortalecer la integración de la sociedad árabe como parte vital del Estado de Israel.

Nunca decimos que nuestro país sea perfecto, subraya. “No existe un país perfecto. El racismo y la discriminación existen entre judíos y árabes, pero también entre judíos y judíos y entre árabes y árabes. La diferencia es que Israel me da libertad de expresión, libertad religiosa y las herramientas para luchar por mejorar nuestra vida y construir una sociedad compartida”.

Mucho antes de los foros internacionales, Haddad ya tendía puentes sin saber que eso era “activismo”. Creció jugando fútbol en Haifa —la ciudad mixta más grande de Israel— con judíos, musulmanes, cristianos y drusos. Al volver a Nazaret, entonces la ciudad árabe más grande del país, escuchaba a sus amigos repetir prejuicios: que los judíos eran racistas, que no los querían allí.

Su respuesta fue llevarlos a Haifa: “A los 12 o 13 años ya les había cambiado la manera de pensar”, recuerda. “No era activista, no tenía ningún cargo. Solo era Yusuf, de Nazaret, jugando fútbol”.

Más tarde, en sus veintes, esa misma identidad volvió a convertirse en una herramienta inesperada. En hostales alrededor del mundo, al decir que era de Israel, muchos asumían que era judío. Cuando aclaraba que era árabe y cristiano, se abría una conversación que desmontaba estereotipos: “Descubrí que, a través de mi identidad y de mi experiencia, podía cambiar la percepción de las personas sobre Israel”. 

Cristianos en Medio Oriente: la comparación incómoda

Uno de los ejes más contundentes de su discurso es la situación de los cristianos en la región. Haddad no idealiza a Israel, pero compara sin rodeos:

“Los cristianos en Israel vivimos de la manera más segura de toda la región. Con problemas, sí. Pero con derechos”.

Cita el caso de Belén: bajo autoridad israelí era 90% cristiana; hoy, bajo la Autoridad Palestina, esa proporción se invirtió: “No los expulsaron: se fueron porque no pudieron soportarlo”, afirma. 

Señala además la persecución de cristianos en Siria, Irak, Egipto o Nigeria —realidades que, sostiene, rara vez ocupan titulares— y recuerda que en Gaza aún viven cristianos bajo el control de Hamás.Si pudieran hablar libremente, el mundo se escandalizaría. Pero no pueden”.

“¿Traidor? ¿A quién?”

Desde que su visibilidad creció, Haddad ha sido acusado de traidor. Su respuesta es directa: “Traidor, ¿a quién? Soy árabe-israelí. Israel es mi país”.

Recuerda que durante la guerra del Líbano de 2006, casi la mitad de los civiles israelíes asesinados por Hezbolá eran árabes, incluidos habitantes de Nazaret. Y que el 7 de octubre, Hamás también secuestró y asesinó árabes israelíes. “El terrorismo no distingue, afirma.

“Yo no soy un traidor. Soy un árabe orgulloso, un israelí orgulloso y un defensor orgulloso de mi país”.

El 7 de octubre como revelación

Para Haddad, el 7 de octubre fue una tragedia nacional y, al mismo tiempo, un punto de inflexión interno. Relata una llamada recibida esa madrugada, de alguien que durante años lo había atacado e insultado. “Finalmente entendí”, le dijo. Entendió que no quería vivir bajo el dominio de Yahya Sinwar ni de Hassan Nasrallah, ni bajo la autoridad de Hamás o Hezbolá.

El 7 de octubre hizo que muchos árabes israelíes comprendieran que, si no estamos bajo la autoridad israelí, estaremos bajo una autoridad que nos quitará todos los derechos que hoy tenemos”.  

Esa conversación, ocurrida cuando el sur de Israel aún estaba bajo ataque, condensó una toma de conciencia más amplia entre muchos árabes israelíes: que fuera del marco israelí, la alternativa no es más derechos, sino su anulación total. 

Con todos sus problemas, Israel sigue siendo el marco de libertades desde el cual es posible luchar por cambios, afirma Haddad.  

Una sola vez pensó abandonar su apoyo a Israel

Una sola vez, dudó Haddad si continuar con su activismo.

“Fue hace 3 años, de hecho antes del 7 de octubre. Mi familia fue atacada y fracturaron la mano de mi madre frente a mis ojos. Eran extremistas de mi comunidad, a quien no les gustaba mi trabajo y no podían debatir porque no sabían manejar la verdad, los hechos, y menos mi estilo”.

Lo atacaron, atacaron a sus amigos, atacaron a su organización, y cuando nada de lo anterior funcionó, atacaron a su familia.

“Eramos 14 personas, incluso había niños. Se nos enfrentaron y jalaron la mano de mi madre; se fracturó. En el autobús que nos llevaba a la estación de policía, vi a mi madre sufriendo y sin poder mover la mano: eso fue devastador”.

Pensó en abandonarlo todo, pero su padre lo miró y le dijo, casi como amenazándolo: “Cuidado y les permitas detenerte. Nosotros te apoyamos”. Y su madre, con todo y su dolor , añadió: “100%”.

La segunda razón por la cual Yoseph no cede es el apoyo de la sociedad israelí. Al hospital llegaron, para visitar a su madre, políticos, gente de a pie, y hasta recibió flores y chocolates de un club de fútbol del cual es fan.

¿Entrará Yoseph Haddad a la política?

Eso fue lo que le preguntamos. No quiso pronunciarse pero, el 11 de febrero, publicamos la siguiente noticia: “El activista pro-Israel, Yoseph Haddad, quien actualmente considera presentarse a las próximas elecciones a la Knéset, podría obtener cuatro escaños, lo que depende de los votos tanto del bloque de Netanyahu como del bloque de la oposición, según una encuesta del Instituto Midgam, realizada por su director ejecutivo, Mano Geva.

En el mismo contexto en el que Haddad se presenta, partidos como Kajol Lavan y Hatzionut Hadatit se encuentran por debajo del umbral”.

Crítica sin miedo

Haddad no evita la crítica al gobierno israelí ni a figuras como Itamar Ben-Gvir o Bezalel Smotrich. Reconoce cambios en el discurso, pero acusa fracasos concretos, especialmente en la lucha contra el crimen en la sociedad árabe. Critica también a los líderes árabes israelíes por no buscar soluciones y limitarse a señalar culpables: “Critico a mi país y critico a mi sociedad porque quiero soluciones reales.” 

Y subraya un punto que considera central, poder hacerlo públicamente:

 “Que yo, como árabe, pueda criticar duramente a un ministro demuestra algo fundamental: tengo libertad de expresión. Muéstrame dónde se puede hacer eso en un país árabe”.

Beit Halojem: “Es mi segunda familia”

Para Haddad, Beit Halojem no es solo un centro de rehabilitación: es un hogar. “Es mi segunda familia”, dice sin titubeos. Describe el lugar como un espacio que acoge a soldados heridos en combate o en operaciones de seguridad, hombres y mujeres que lucharon para defender a Israel frente a organizaciones terroristas.

Entre ellos hay judíos, árabes y miembros de otras minorías que sirvieron en el ejército y resultaron heridos, ya sea física o psicológicamente.

La herida, explica, no siempre es visible. Puede ser una amputación o una cicatriz de guerra, pero también puede ser trastorno de estrés postraumático. “Puedes volver a casa con tus padres y hermanos y te apoyarán. Pero nunca te entenderán completamente porque no están en tu posición”, afirma.

En Beit Halojem, en cambio, encuentra algo distinto: comprensión absoluta.
“Ahí saben exactamente por lo que estás pasando. Tu amigo puede haber vivido lo mismo que tú. Tenemos algo en común sin decir una sola palabra, y podemos sentirlo”, relata. Esa identificación inmediata —esa comunidad forjada en la experiencia compartida del combate y la herida— es, para él, el núcleo del lugar.

Haddad sostiene que la existencia de un espacio así es fundamental para quienes han servido y resultado lesionados. “Es algo que apreciamos desde el fondo de nuestros corazones porque nos salva y nos ayuda a avanzar y continuar con nuestra vida”. En su caso, tras la guerra enfrentó tanto secuelas físicas como PTSD. La combinación del apoyo familiar y la contención especializada de Beit Halojem fue decisiva en su proceso de rehabilitación.

“He sido fuerte, incluso más fuerte que antes de la herida”, asegura. Por eso, concluye, siempre llevará a Beit Halojem en su corazón. Más allá de la experiencia individual, considera que la labor de la institución representa un beneficio para toda la sociedad israelí.

Gaza, Hamás y el día después

Sobre Gaza, Haddad es tajante: no hay plan de paz posible mientras Hamás siga armado. No lo dice como opinión, aclara, sino repitiendo lo que la propia organización declara. Del río al mar, no es Gaza: es todo Israel”.

¿Qué sigue? “Destruirlos completamente. Y respecto a la población gazatí, plantea una condición clave: educación para la paz y aceptación de que Israel no va a desaparecer. Allí, dice, los árabes israelíes pueden jugar un rol estratégico: entienden la cultura y el idioma, pero representan los intereses de Israel y de la región.

Haddad cierra con una convicción histórica que guía su activismo: Nunca existió un Estado árabe-musulmán-palestino. Para él, la negación de hechos básicos es la raíz del conflicto:

“Una vez que aceptemos la verdad histórica —incómoda, compleja—, podremos hablar de soluciones reales”

Agradecemos a nuestra directora, May Samra, quien hizo la entrevista con solo un hilo de voz; y a los Amigos mexicanos de Beit Halojem, quienes nos permitieron relaizar la entrevista.


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