Desarrollan en Israel método de estimulación cerebral para tratar la esquizofrenia

Científicos israelíes afirman haber desarrollado un novedoso enfoque de estimulación cerebral profunda para pacientes con esquizofrenia.

La terapia podría restaurar las funciones que controlan el movimiento, el aprendizaje y la toma de decisiones.

“El estudio propone una nueva dirección terapéutica que, en el futuro, podría ampliar las opciones de tratamiento para los pacientes con esquizofrenia que no responden adecuadamente a los tratamientos existentes”, afirmó el Dr. Nir Asch, médico e investigador del departamento de psiquiatría del Centro Médico Rambam en Haifa.

Asch dirigió la investigación revisada por pares, que se publicó en la revista científica Nature Communications. El estudio se realizó bajo la dirección del profesor Hagai Bergman, galardonado con el Premio Israel 2024, neurocientífico de la Universidad Hebrea de Jerusalén y pionero de la estimulación cerebral profunda, también conocida por su acrónimo DBS (por sus siglas en inglés) para la enfermedad de Parkinson.

“Un problema que tenemos con muchas enfermedades psiquiátricas es que las definimos por los síntomas”, dijo Asch, a The Times of Israel. “En nuestro artículo, ofrecemos una teoría clara sobre lo que sucede a nivel mecánico en el cerebro y también una forma de resolverlo”.

Según Otzmá, una organización israelí de salud mental, hay alrededor de 70,000 personas con esquizofrenia en Israel, o aproximadamente una de cada 143 personas.

“La Organización Mundial de la Salud afirma que 21 millones de personas en todo el mundo padecen esquizofrenia. Un tercio de estos casos son lo que llamamos resistentes al tratamiento”, señaló Asch.

La esquizofrenia es un trastorno mental que suele comenzar después de los 20 años y, con mayor frecuencia, se convierte en una afección de por vida.

Los síntomas pueden incluir alucinaciones, como oír y ver cosas que no existen, y delirios persistentes. Otros síntomas incluyen pensamiento y habla desorganizados, comportamiento extraño y aislamiento social. Provoca deterioro funcional y laboral, así como estigma social y familiar.

Suele afectar habilidades cognitivas como la memoria y la atención, lo que dificulta la vida diaria y la resolución de problemas.

Según la Organización Mundial de la Salud, las personas con esquizofrenia mueren nueve años antes que la población general debido a enfermedades físicas, como la diabetes.

Asch afirma que para comprender la esquizofrenia, es importante comprender primero cómo funciona el cerebro.

“Básicamente, el cerebro es una máquina de predicción”, explicó. “Intenta predecir qué sucederá. Construye un modelo. Se pregunta: ‘¿Cuál es la situación? ¿Qué está sucediendo a mi alrededor?’. Luego, recibe la evidencia del mundo a través de los sentidos”.

En la esquizofrenia, este proceso falla. Los pacientes sufren de “inflexibilidad cognitiva y les resulta muy difícil cambiar su modelo interno aún cuando el mundo que los rodea cambia. Están como estancados en su propio modelo. La información está ahí, pero no la relacionan”.

“Esta inflexibilidad cognitiva es una de las características distintivas de la enfermedad. Les resulta muy difícil comprender que algo ha cambiado en el mundo. Están atrapados en alucinaciones y delirios, sin ninguna información del mundo exterior”, indicó Asch.

Su investigación se centró en el efecto de la estimulación cerebral profunda (ECP) en dos monas verdes africanas hembras.

En un entorno controlado de laboratorio, las monas recibieron fenciclidina, también conocida como “polvo de ángel” o PCP, un fármaco anestésico que puede causar alucinaciones, disociaciones e “inducir un estado psicótico, que es exactamente lo que ocurre en la esquizofrenia”, explicó Asch.

“Su flexibilidad cognitiva se redujo significativamente, y su exploración aleatoria, su comportamiento caótico, aumentó significativamente”, añadió.

Los científicos se centraron entonces en el área del cerebro conocida como globo pálido externo (GPe), una región que Asch describió como una “puerta de entrada” para el proceso de toma de decisiones en el cerebro.

El GPe forma parte de la red de ganglios basales-corteza prefrontal dorsolateral, o red BG-CPFDL.

Esta red conecta los ganglios basales, que ayudan a controlar los hábitos, el movimiento y la toma de decisiones, con la corteza prefrontal dorsolateral, que ayuda al cerebro a tomar decisiones, aprender de la experiencia y adaptarse a nuevas situaciones.

El GPe actúa como una “válvula dinámica” o filtro en la red. Cuando la comunicación en esta red se interrumpe, se produce confusión mental.

Sin embargo, cuando los científicos aplicaron DBS, o estimulación eléctrica dirigida de baja frecuencia de 13 Hz, a esta área cerebral, los resultados fueron inmediatos.

“La inflexibilidad cognitiva se curó”, señaló Asch. “Las monas recuperaron los niveles de cuando estaban sanas”.

La hipótesis probada se basó en el descubrimiento de Bergman de que la estimulación de ciertas áreas del cerebro podría aliviar los síntomas de la enfermedad de Parkinson.

“El profesor Bergman es, sin lugar a dudas, el líder mundial en estimulación cerebral profunda”, afirmó Asch. “He trabajado en este proyecto durante 10 años, pero ya se había trabajado en él durante muchos años”.

“La flexibilidad cognitiva es una característica clave de nuestra vida diaria, ya que forma parte de los cientos de momentos decisivos que experimentamos a diario”, comentó la Dra. Idit Tamir, directora de la Unidad de Neurocirugía Funcional del Centro Médico Rabin, quien no participó en el estudio.

“Tanto en la clínica como en el quirófano, ya observamos una mejora en la flexibilidad cognitiva con la estimulación cerebral profunda de los ganglios basales en diferentes poblaciones de pacientes, incluyendo aquellos con Párkinson y trastorno obsesivo-compulsivo”, agregó.

El siguiente paso en la investigación será un ensayo clínico en humanos.

“Dado que el estudio se realizó con éxito en primates no humanos, cuyos cerebros son muy similares a los de los humanos, ya nos estamos reuniendo para debatir la mejor manera de avanzar”, comentó Asch.

Señaló que su perspectiva ha cambiado desde que trata a pacientes en el Departamento de Psiquiatría en Rambam.

“Cuando hice la investigación, me interesaba mucho comprender la ciencia. Pero ahora, ver a los pacientes y a sus familias me motiva mucho para dar el siguiente paso”.

“Como médico, puede ser muy frustrante no contar con tratamientos eficaces. Si pudiéramos incorporar más herramientas eficaces que faciliten la recuperación, sería maravilloso”, concluyó Asch.

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