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jueves 04 de junio de 2026
Israel no bombardeó Gaza por venganza… lo hizo por supervivencia

Israel no bombardeó Gaza por venganza… lo hizo por supervivencia

¿Por qué Israel se atrevió a destruir Gaza, volcando a gobiernos e instituciones en su contra, ganándose la antipatía de actores, cantantes, odiadores de redes sociales?

No fue venganza.
No fue solo ira.
Y no fue una reacción emocional.
Cuando Israel lanzó su ofensiva masiva contra Gaza tras el ataque del 7 de octubre de 2023 perpetrado por Hamás, el mundo lo interpretó como castigo.
Pero en Medio Oriente, las guerras no se libran por emociones.
Se libran por mensajes.
Y el mensaje era político, estratégico y regional.

Si el propósito hubiera sido sólo destrucción, Israel tiene capacidad para acabar con todo y todos en Gaza en pocos días. Pero no era esa  la misión.

El ataque de Hamás no sólo mató civiles.
Rompió el mito de invulnerabilidad israelí.
En esta región, parecer débil es invitar al siguiente ataque.

Si Israel respondía con bombardeos limitados y luego un alto el fuego, el mensaje para Hezbolá en el norte y para Irán era claro:
Israel puede ser penetrado.
Eso, para un país pequeño, rodeado de enemigos y con memoria histórica de guerras existenciales, es inaceptable.
La devastación fue también una declaración para esos enemigos:
“Esto es lo que ocurre cuando cruzas la línea”.

Durante años, Israel aplicó una estrategia pragmática:
Permitir dinero de Qatar en Gaza.
Negociar indirectamente.
Aceptar rondas periódicas de cohetes.
Era una política de contención.
Pero el 7 de octubre demostró que la contención fracasó.
Para el establishment de seguridad israelí, Hamás dejó de ser un problema manejable.
Se convirtió en un mini-ejército con túneles, arsenales y capacidad de invasión.
Políticamente, ningún gobierno podía permitir que esa estructura sobreviviera intacta.

Gaza no es solo Gaza.
Es parte del eje estratégico liderado por Irán.
Al destruir infraestructura masiva en Gaza, Israel estaba enviando un mensaje indirecto a Teherán:
“Estamos dispuestos a una guerra larga.
No nos detendremos por presión internacional”.
En otras palabras, Gaza fue también un escenario de señalización regional.

Después del trauma nacional, la presión social en Israel era inmensa.
La sociedad exigía:
Seguridad total.
Eliminación del enemigo.
Restauración del honor nacional.
Regreso de todos los secuestrados.
En democracias bajo amenaza existencial, la opinión pública se convierte en doctrina.
Un gobierno que respondiera con moderación probablemente habría caído.
La guerra no fue solo militar.
Fue una decisión de supervivencia política interna.

Además el llamado metro de Gaza, esa ciudad subterránea, tenía salidas en viviendas, escuelas, hospitales, como lo difundió las FDI. Era necesario clausurar cualquier acceso, cualquier guarida.

¿El resultado?
Una devastación sin precedentes en Gaza.
Una crisis humanitaria profunda.
Y un aislamiento diplomático creciente para Israel.
Pero desde la lógica estratégica israelí, el cálculo fue claro:
El costo de destruir Gaza era enorme.
Pero el costo de no hacerlo, mayor.
En Medio Oriente, la percepción de fuerza puede definir la próxima guerra.

La pregunta es:
¿Logró Israel restaurar la disuasión…
o sembró el próximo conflicto?


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