ATANDO LOS CABOS
Es muy difícil para un judío con memoria bíblica no asociar lo que está ocurriendo en estos días entre Irán e Israel con lo ocurrido en los tiempos de Mordejai y la reina Ester.
Para comenzar —y como no es mi costumbre— voy a dejar volar un poco la imaginación y señalar algunos parecidos simbólicos. Luego pasaré a un tema un poco más serio. Tengan paciencia conmigo, por favor.
Si tuviéramos que asociar a los personajes de Meguilat Ester con los del drama actual entre Irán, Israel y EEUU ¿quién es quién?
TRUMP Y AJASHVEROSH
Trump sería Ajashverosh: un monarca con todo el poder en sus manos, la persona más poderosa del planeta, que disfruta “hacer ostentación de su riqueza y de la grandeza de su imperio”. Estoy citando literalmente la Meguilá y, a la vez, refiriéndome, por ejemplo, a la nueva decoración del Salón Oval de la Casa Blanca, que el presidente Trump renovó al mejor estilo Ajashverosh: rehaciendo los símbolos de poder de su oficina en oro puro. Tanto en el caso de Ajashverosh como el de Trump, la ostentación no parece ser una compensación psicológica, sino una movida estratégica: exhudar poder.
Al igual que Trump con el canal de Panamá, Venezuela y Groenlandia, Ajashverosh también estaba siempre pensando en conquistar más territorios —Grecia— y expandir su imperio, que ya era el más grande de la historia.
Aunque algunos sabios opinan diferente, Ajashverosh, en el relato bíblico literal, no era malo con los judíos. Era favorable o neutral. En esto Trump NO se parece a Ajashverosh, porque lejos de ser neutral, por ahora —B”H— ha estado siempre del lado de los judíos más que cualquier otro gobernante en la historia, quizá con la excepción del rey Koresh –Ciro –bisabuelo de Ajashverosh.
LOS BINYAMINITAS
Mordejai sería Netanyahu. ¿Por qué? Primero, la coincidencia increíble de que a Mordejai la Meguilá lo llama “Ish Yemini”, es decir, de la tribu de Binyamín; y Netanyahu es, por supuesto, “Binyamín” Netanyahu.
Ambos se ven a sí mismos —y son vistos por la mayoría de su pueblo— como quienes cargan sobre sus hombros el destino y la supervivencia de Israel, el pueblo y el Estado.
Y para mí lo más parecido es que ambos se paran muy firmes para defender al pueblo judío contra sus enemigos. Netanyahu, como Mordejai, ha demostrado que “no se arodillan ante el poder” (¿recuerdan cuando Biden le prohibió a Netanyahu atacar Rafiah? ) soportando enormes presiones nacionales e internacionales y amenazas que sufre desde todos lados, convencido de que ceder sería poner en peligro la continuidad misma de su PUEBLO.
LA AGENTE DEL MOSAD
Mi fantasía de paralelismos no está completa, porque falta Ester… A menos que, en estos días —y más allá de lo que podemos ver o saber— haya en Teherán alguna figura femenina empleada por el Mosad que sea tan discreta e inteligente como Ester y que, desde dentro de los círculos de poder iraníes, esté influyendo en favor de Israel. La Meguilá nos enseña que no siempre el agente decisivo es el más visible. Y no siempre es masculino.
Pura especulación, por supuesto.
SOPA DE LETRAS
Pasemos ahora a algo más serio. El paralelo más inquietante es el de Hamán con Khamenaí. Incluso las consonantes en hebreo estremecen: H-M-N — KH-M-N. . Khamenaí, en hebreo suena virtualmente como “Hamenaí” (Hamenaita), es decir, descendiente de Hamán.
Para ambos líderes, el pueblo judío no debería existir y debe ser totalmente eliminado. Así era en los tiempos de Hamán, cuyo edicto hablaba de destruir, matar y exterminar a TODOS los judíos en un solo día. Y así es para Khamenaí, que sueña con un holocausto nuclear que, en un solo día, haga desaparecer a Israel —Dios libre y guarde.
Voy a profundizar un poco más. El pasado bíblico, creemos los judíos, ilumina el presente y la historia contemporánea. Como dijeron los Sabios: maasé abot simán labanim. Pero en algunos casos ocurre algo extraordinario: el presente ilumina y explica el pasado bíblico. Veamos.
EL FACTOR RELIGIOSO
Irán es un país rico, con más del 10% de las reservas de petróleo del mundo. Pero una gran parte de su población sufre pobreza, porque increíbles sumas de dinero se utilizan para difundir la revolución islámica chiita (creo que debe ser el único país que se llama oficialmente: República “Islámica” de Irán). Y la mayoría del dinero que sale para estos destinos “revolucionarios” se dirige a grupos terroristas, como Hezbolá, Hamas y los hutíes, cuyo objetivo máximo es ¡destruir Israel!
Es decir, la intención de borrar a Israel del mapa no es una cuestión de palabras ni secundaria. Irán invierte un enorme porcentaje de sus recursos para destruir Israel, a expensas de su propia población.
¿Y por qué Irán odia tanto a Israel? Para cualquier analista político secular debería ser un gran misterio. No hay temas territoriales, ni conflictos de fronteras, ni rivalidad histórica entre imperios vecinos. No hay una guerra pasada que explique ese obsesivo resentimiento nacional.
Entonces, ¿por qué la obsesión tan persistente y costosa de Irán contra Israel?
Solamente cuando tomamos en cuenta el FACTOR RELIGIOSO, todo recupera sentido. En la teología política islámica —tanto chiita como sunita—, el Islam REEMPLAZA al judaísmo. Este reemplazo no es solo religioso, es también político: en el Islam estos dos factores son inseparables. Por lo tanto, los judíos, que deberían permanecer cancelados teológica y políticamente, pueden ser tolerados en países islámicos como minorías subordinadas y protegidas, siempre y cuando estén BAJO EL PIE POLÍTICO DEL ISLAM. Pero un pueblo judío independiente y soberano que gobierna “territorios islámicos” —es una bofetada teológica, una humillación que desafía los principios del Islam, algo intolerable para una República Islámica. Israel es el Satán contra el que hay que luchar en tiempos mesiánicos. Porque la existencia de Israel delegitima al Islam.
Eliminar a Israel se convierte en una obligación religiosa: es proteger al Islam de su delegitimización. Khamenaí se ve a sí mismo como el líder de una revolución destinada a proteger al Islam y recuperar su gloria luchando contra el Satán (EEUU e Israel) .
¿POR QUÉ MORDEJAI NO SE INCLINÓ ANTE HAMÁN?
Ahora volvamos a Meguilat Ester. Hay una pregunta que ha dado lugar a decenas de respuestas: ¿por qué Mordejai no reverenciaba a Hamán? ¿Y por qué Hamán quería eliminar no solo a Mordejai, sino a TODO el pueblo judío? Y es importante entenderlo, porque esta fue la razón por la cual Hamán se obsesiona contra todos los judíos, sin una lógica política evidente.
A la luz de lo que acabamos de explicar en el caso de Khamenaí, quisiera proponer una nueva explicación acerca de los motivos por los cuales Hamán intentó eliminar al pueblo judío.
Los Sabios explican que Hamán llevaba colgado un ídolo en su pecho o que representaba, encarnaba, una divinidad persa. Pero hay un detalle más en el texto que a veces pasa desapercibido: Ajashverosh no ordena a sus súbditos solo reverenciar a Hamán; les ordena “arrodillarse y reverenciar”.
Reverenciar —hishtajavayá— era parte de la etiqueta diplomática. Abraham reverencia ante los hititas, Yaacov ante Esav, Moshe ante Yitró, Ester ante Ajashverosh: todos reverencian sin problema.
Pero arrodillarse, kery’a, es muy diferente: es un acto religioso. No es protocolo político: es culto y devoción. Hamán representaba un poder divino que exigía no solo obediencia política, sino la sumisión religiosa.
Y el monoteísmo judío —a diferencia del politeísmo— exige EXCLUSIVIDAD de culto: no se puede servir a Dios y arrodillarse ante otro poder divino. Y además, muy importante aclararlo, tampoco se puede “simular” por razones protocolares un acto de culto idolátrico.
Entonces es muy lógico que Hamán, que representaba esa religión y era quizás el sacerdote supremo de este culto, no quisiera castigar solamente a Mordejai por no arrodillarse. Quería eliminar al pueblo que profesaba esta misma fe que delegitimaba su culto.
Mordejai, era el Satán que no se arrodilla por ser judío. Así que mientras el pueblo judío exista, la SUPERIORIDAD DE LA RELIGIÓN de Hamán no será reconocida.
El odio de Hamán no era solo personal: era teológico. Su religión no toleraba la existencia de un pueblo cuya fe niega la legitimidad de su religión. Su mera existencia es una amenaza teológica.
FINAL FELIZ
Y mientras existan ideologías que no puedan tolerar la existencia de un pueblo que responde solo a ese Dios, el eco de Hamán seguirá reapareciendo en la historia.
Y también seguirán reapareciendo líderes poderosos y volubles como Ajashverosh, Biden o Trump: uno del lado de los judíos y, generalmente, otro, contra los judíos. Y también habrá héroes o heroínas ocultas como Ester, que hacen el trabajo más importante de inteligencia sin que se note, clandestinamente, salvando a su pueblo sin buscar reconocimiento. Y también existirán los Mordejai, que no se arrodillan ante sus enemigos.
Y AM ISRAEL, que a pesar de ser amenazado y puesto en peligro en su propia existencia, sale victorioso a festejar y agradecer a Bore Olam que nos protege de nuestros enemigos.
Esta historia no ha concluido.
Seguirá, BE”H, esta semana que viene.
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