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sábado 18 de julio de 2026

UN HALLAZGO RECONFIGURA LA HISTORIA. Juliantla alberga la mikve más antigua de América e inicia su restauración

En Juliantla, localidad del municipio de Taxco, Guerrero, un hallazgo arqueológico y documental está reconfigurando la cronología del judaísmo en el continente. La mikve de Juliantla, fechada hacia 1590, es considerada por los investigadores del proyecto el primer asentamiento judío materialmente documentado en América.

Por generaciones, los vecinos de Juliantla convivieron con unas extrañas construcciones de piedra sin saber muy bien qué eran. Algunos pensaban que se trataba de un bautisterio colonial, pero nadie imaginó que aquellos muros de mampostería de piedra labrada, alimentados por un manantial que nunca ha dejado de correr, resguardaban uno de los secretos más extraordinarios de la historia de México y del mundo judío: la mikve de Juliantla, la cual tiene, al menos, 500 años. Y, de manera asombrosa, el sistema hidráulico que la alimenta continúa funcionando hasta el día de hoy.

Para entender Juliantla hay que retroceder hasta la Conquista. Antes de la llegada de los españoles, el lugar se llamaba Tlamalinala, un asentamiento prehispánico que pagaba tributo —plumas, miel y mineral— a los chontales, pueblo vinculado a los mexicas. Cuando los españoles descubrieron que la zona era rica en minerales, la integraron a la economía colonial a la par de Taxco, uno de los centros mineros más importantes de la Nueva España.

A ese territorio llegó a finales del siglo XVI un hombre llamado Julián de Yébenes, originario de la provincia de Toledo, España. Obtuvo la merced de esas tierras, estableció una hacienda ganadera y minera, y comenzó a comercializar con los pueblos de los alrededores. La gente de la región, cuando quería visitarlo, decía en su lengua: “vamos a la tierra de Julián”. De ahí nació el nombre. En 1708, el lugar quedó inscrito por primera vez en el Archivo General de la Nación como Juliantla.

Existen indicios documentales que sugieren que Julián de Yébenes pudo haber sido de origen judío.

Las mujeres que arriesgaron la vida por su fe

A mediados del siglo XVI, varias familias sefardíes, criptojudías —judíos convertidos al cristianismo que continuaron practicando el judaísmo en secreto para escapar de la Inquisición— se establecieron en la región de Taxco: los Carvajal, Fonseca, Almeida y Cáceres, entre otras.

En Taxco operaba el Tribunal del Santo Oficio, lo que hacía imposible cualquier práctica ritual abierta.

Fue entonces cuando las mujeres de la familia Carvajal tomaron una decisión que, quinientos años después, todavía nos deja sin palabras: construyeron una mikve en Juliantla.

La mikve es una de las instituciones más fundamentales del judaísmo. La ley judía (Halajá) exige que sea alimentada por agua viva, de manantial o lluvia, que fluya constantemente sin estancarse. En Juliantla, el manantial estaba ahí, las condiciones eran perfectas. Y la distancia de Taxco ofrecía, quizás, un margen de seguridad.

Encabezadas por Francisca de Carvajal —madre del célebre escritor Luis de Carvajal (el Mozo), y de sus hijas Catalina, Isabel, Honor, Mariana y Anica—, estas mujeres no solo construyeron el baño ritual, sino que convirtieron a indígenas locales al judaísmo, según consta en documentos inquisitoriales de la época.

Las que hacían el trayecto desde Taxco lo recorrían para cumplir con el rito de purificación al final de su ciclo menstrual. Venían por montañas y caminos de tierra, bajo la amenaza constante de ser denunciadas. Sabían el riesgo y lo asumieron de todas formas.

La Inquisición llegó por los Carvajal a través de denuncias anónimas —algunas, según los documentos, provenientes del propio entorno familiar. La familia fue procesada, sentenciada y quemada en 1596. Sus propiedades fueron repartidas entre mineros católicos, entre ellos la familia Romero de Terreros, futura fundadora del Monte de Piedad.

Cuarenta años de investigación, quince de gestión y quinientos de silencio

El redescubrimiento de este sitio no ocurrió de la noche a la mañana. Más de 40 años de investigación académica lo precedieron: pioneras como la Dra. Alice Gojman de Backal y la Dra. Eva Alexandra Uchmany (z”l) contribuyeron de manera decisiva al estudio del criptojudaísmo novohispano.

Pero transformar un hallazgo académico en un proyecto de restauración real es otra historia.

Esa historia la protagonizan principalmente Shula Shrem y el Dr. Luis Huitron, director del proyecto, quien lleva 15 años impulsando el rescate formal del sitio.

Gracias a su trabajo conjunto con autoridades municipales y estatales, la Universidad Hebraica de México, el Instituto Cultural México-Israel, los rabinos Eli Suli y David Urfali —responsable de las mikve en todo el continente— y donantes privados como la familia Serur, el sitio fue declarado Monumento Histórico Nacional con el acompañamiento del Centro INAH Guerrero, y arrancó su primera etapa de restauración.  

Al frente de los trabajos está la restauradora Mariana Grediaga Huerta, quien previamente restauró la primera catedral de México, entre otras obras mayores. Ella describe su método como un diálogo: primero escucha lo que el edificio tiene que decir, entiende sus dolencias, y solo entonces interviene.

Uno de los hallazgos de esta etapa resultó ser poético en sí mismo. La mikve estaba originalmente revestida de color rojo, con pigmento de grana cochinilla. El color de la prosperidad y de lo sagrado.

Un sistema hidráulico del siglo XVI que aún funciona

Lo que hace a esta mikve verdaderamente extraordinaria no es solo su antigüedad, sino su estado. El sistema hidráulico original —pozos reguladores, cañerías subterráneas y bóvedas de piedra tallada que protegen el agua de la contaminación— lleva más de 500 años funcionando sin interrupción. Cuando el equipo de restauración llegó a trabajar al interior, no encontró ruinas secas, tuvo que bombear el agua para poder bajar su nivel y entrar.

El arqueólogo Diego Martínez Serrano, quien documentó el sitio y trajo rabinos de Jerusalén para corroborar su autenticidad halájica, confirmó que se trata de una sola mikve —no varias, como se creía—, compuesta por múltiples estructuras que forman un sistema hidráulico integrado: el agua baja del manantial, se nivela en un pozo regulador, recorre por gravedad las cañerías, llena la cámara de inmersión y es liberada por albercas que evitan que se estanque. Todo por la pendiente natural del terreno. Sin un solo interruptor eléctrico, sin bombas, sin tecnología que no existiera en el siglo XVI.

Cumple, además, con todos los criterios de la Halajá. Los rabinos de Jerusalén lo confirmaron.

El primer asentamiento judío de América

En la tradición histórica judía, la existencia de una mikve, acompañada de documentación que acredita vida religiosa organizada, suele considerarse evidencia de un asentamiento comunitario estable.

En Juliantla, esa convergencia es clara: la mikve está confirmada y continúa en funcionamiento; los archivos inquisitoriales documentan la presencia de familias judaizantes en la región; grafitis con la letra hebrea shin —repetida tres veces, evocando uno de los nombres divinos y formando visualmente una menorá— han sido hallados en propiedades vinculadas a los Carvajal en Taxco; y existen registros que mencionan conversiones al judaísmo. En conjunto, estos elementos otorgan solidez histórica al hallazgo.

Bajo esa convergencia documental, simbólica y material, el argumento cobra fuerza: Juliantla constituye el primer asentamiento judío materialmente documentado en América. Hasta ahora, ese antecedente se situaba en Curazao, donde se registra una mikve hacia 1620. El complejo de Juliantla, fechado en 1590, la antecede por más de tres décadas.

Para la pequeña comunidad de Juliantla, el reconocimiento tiene una dimensión íntima y casi desconcertante. Generaciones enteras cuidaron estas estructuras sin saber qué eran; las mantuvieron sin que nadie se lo pidiera y hoy, por fin, conocen su origen.

Antes nosotros no sabíamos qué significaba”, dijo uno de los participantes durante el acto de presentación. “Ahora ya le podemos dar un significado, que es lo importante. Ya sabemos que son parte de nosotros.

Un mensaje para el presente

Más allá de su relevancia histórica, la mikve de Juliantla interpela al México contemporáneo porque es testimonio de persecución y de una resistencia silenciosa que se prolongó durante generaciones, pero también porque revela un mestizaje cultural más profundo de lo que suelen narrar los libros de historia.

El mismo manantial que fue venerado por pueblos prehispánicos terminó alimentando, siglos después, un rito judío practicado en secreto durante la Colonia, en un pueblo cuyo nombre conserva la huella de un hombre de origen judío llegado de Toledo en el siglo XVI.

En las montañas de Guerrero, el agua ha fluido sin interrupción a lo largo de cinco siglos, y con ella, la memoria. Mientras el proyecto de restauración avanza, el manantial sigue su curso como lo ha hecho siempre, silencioso, persistente e intacto, confirmando lo que la historia intentó borrar: que aquí hubo fe, comunidad y permanencia.


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