¿Por qué Hamán quería exterminar al pueblo judío?

Purim nace en las páginas del Libro de Esther, donde el destino parecía pender de un hilo y la sombra de Hamán amenazaba con borrar a un pueblo entero. Pero la luz se abrió paso a través del coraje silencioso de Esther, guiada por la sabiduría de Mordejai.

 

Ante el rey, la reina reveló su verdad, su origen judío, y con ello convirtió un decreto de muerte en uno de supervivencia. “Purim”, “suerte”, recuerda aquel día en que la suerte parecía sellada, pero el destino decidió girar hacia la vida.

El escenario histórico que envuelve esta historia se sitúa en los vastos pasillos del Imperio persa aqueménida, entre los siglos V y IV antes de nuestra era. Era un tiempo en el que los judíos vivían en la diáspora, dispersos pero no olvidados, y donde las decisiones de un monarca podían cambiar el curso de una nación. Aun con su estilo narrativo, el relato respira el aire de aquella época: un mundo de palacios colosales, intrigas cortesanas y minorías que luchaban por conservar su identidad.

Hoy, Purim se celebra con una alegría que parece brotar directamente del alivio que siguió a la antigua salvación. Los judíos leen la Meguilá como si abrieran una ventana al pasado; se entregan regalos, ayudan a quienes más necesitan, se disfrazan y en Israel llenan las calles de risas.

Durante la lectura, cada vez que surge el nombre de Hamán, estallan matracas y ruidos que lo deshacen simbólicamente en el aire. Así, entre colores, dulces y reuniones familiares, Purim se convierte nuevamente en lo que siempre ha sido: una danza entre la memoria y la celebración, entre el peligro vencido y la esperanza renovada.


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Nadia Cattan: