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jueves 04 de junio de 2026

Diego Sciretta / Aleida Guevara, hija del Che Guevara: la gran traición de la Izquierda

​Introducción: El llanto de la élite 

​En las últimas horas, ha circulado un video de la doctora Aleida Guevara, hija del revolucionario Ernesto “Che” Guevara. En las imágenes, se la ve quebrada, llorando y portando un pañuelo islámico. Sin embargo, este llanto no es una muestra de humanidad, sino un intento desesperado de manipulación histórica: la doctora pretende forzar la “casilla marxista” de las guerrillas de los años 70 para validar el terrorismo islámico actual. A continuación, desglosamos la falsedad de este relato y la traición moral que representa.

 

​La gran mentira: Guerrilla no es terrorismo sádico 

​Uno de los puntos más cínicos del discurso de la doctora Guevara es su intento de igualar las guerrillas de los años 70 con los grupos terroristas que hoy operan en Gaza y el Líbano. Es una gran mentira histórica. Mientras que aquellos movimientos se movían bajo marcos ideológicos y políticos definidos, lo que el mundo presenció el 7 de octubre fue una explosión de odio fundamentalista, decapitaciones y violencia sexual sistemática. Intentar disfrazar ese sadismo de “lucha guerrillera” es un insulto a la historia y una distorsión perversa de la realidad que busca dotar de heroísmo a la barbarie.

​El pacto contra natura con el islamismo

​Lo que presenciamos no es una evolución, sino la gran traición de una izquierda que ha arrojado sus banderas históricas al fango para aliarse con el fundamentalismo teocrático. Aleida Guevara, al intentar meter con calzador la “casilla marxista” y el ideal del “Hombre Nuevo” dentro de la estructura del terrorismo islámico, firma el acta de defunción moral de toda una tradición ideológica. Esta alianza es la consumación de una entrega absoluta frente a un eje que hoy se desmorona bajo el peso de su propia violencia.

​La derrota militar en el Líbano, Gaza e Irán

​Este estallido de retórica y llanto impostado de Guevara no es casual: ocurre en el preciso momento en que el proyecto militar de Irán sufre un colapso histórico. Con Hezbolá diezmado en el Líbano, la estructura de Hamás desmantelada en Gaza y el propio régimen de los ayatolás golpeado y expuesto en su propio territorio, la derrota es total. Ante la incapacidad de sostener la guerra en el campo de batalla, recurren a la propaganda mediática para intentar rescatar una relevancia que ya no tienen.

​Lágrimas de élite y petrodólares manchados de sangre   

​Es necesario denunciar la hipocresía de fondo: estas lágrimas no son auténticas. Aleida Guevara habla desde la posición de una privilegiada de la élite comunista, una casta que vive cómodamente de los petrodólares llenos de sangre provenientes del régimen iraní. Mientras el pueblo iraní es ejecutado y los cubanos carecen de lo básico, ella sostiene su estatus gracias al financiamiento de una teocracia opresiva. Su llanto es el de quien teme perder el patrocinio del terror que ha financiado su narrativa durante años.

​El silencio selectivo y el testimonio del pueblo cubano

​¿Dónde estuvieron sus lágrimas por los miles de iraníes ejecutados por el régimen de Jamenei? Su sensibilidad se detiene donde empieza su lealtad al autoritarismo y su cuenta bancaria ideológica. El pueblo cubano es el testigo principal de esta traición; ellos son las víctimas directas que pueden dar testimonio de la opresión y la miseria, mientras ella calla ante las violaciones sistemáticas en la isla. No llora por los cubanos, ni por las mujeres de Irán, ni por las víctimas del 7 de octubre; solo llora por el ocaso de sus financistas.

​El fin de la credibilidad   

​Ni siquiera el propio Che Guevara convalidaría este presente donde su legado es utilizado para proteger a una teocracia fundamentalista y corrupta. Desde el sur de Israel, vemos cómo el relato se quiebra definitivamente. La derrota militar en Gaza, el Líbano e Irán es también la derrota moral de quienes prefirieron ser propagandistas pagados antes que defensores de la dignidad humana. En este editorial, dejamos constancia de que el “Hombre Nuevo” ha muerto definitivamente bajo el peso de esta infamia y el cinismo de una élite desconectada del dolor humano y la vergenza propia y ajena.

​Posdata: Sobre el autor

​Diego Sciretta es, en la actualidad, escritor, corresponsal de guerra y es miembro del centro de prensa digital internacional en Israel. Políticamente hoy es independiente, su visión del conflicto y su denuncia de la gran traición de la izquierda se sustentan en una trayectoria de compromiso absoluto en el terreno: en su juventud fue brigadista internacional de la Revolución Sandinista, militó en la Federación Juvenil Comunista (la Fede) en Argentina y, tras su llegada a Israel, formó parte del Partido Laborista (Avodá), siendo además el fundador de la central obrera “Fuerza de los Trabajadores”. Habiendo realizado sus estudios de periodismo en la Universidad Nacional de Córdoba, Sciretta habla con la legitimidad de quien ha transitado las estructuras partidarias y sindicales para informar hoy con total independencia y rigor desde el epicentro del conflicto en Oriente Medio. 

 

Por: Diego Sciretta desde Israel

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