Rubén Kaplan / Estados Unidos e Israel frente a Irán: objetivos similares, riesgos distintos

En la actual confrontación con Irán, Estados Unidos e Israel comparten un objetivo estratégico común, pero no idéntico. Ambos buscan neutralizar el peligro que representa el régimen teocrático de Teherán, aunque las razones que los impulsan a hacerlo difieren sustancialmente.

Para Israel, la cuestión es existencial. Desde la revolución islámica de 1979, la República Islámica ha proclamado reiteradamente su intención de destruir al Estado judío. La consigna “Muerte a Israel” no ha sido una mera figura retórica: se ha traducido en el financiamiento, entrenamiento y armamento de organizaciones terroristas como Hezbollah y Hamas, a las que en los últimos años se han sumado los hutíes en Yemen como parte de la red de proxis iraníes en la región. Paralelamente, el desarrollo del programa nuclear de Teherán revela una estrategia cuyo objetivo último resulta evidente.

Pero esa prédica no se limita al Estado judío. Desde hace más de cuatro décadas, en las calles de Irán y en los discursos de sus dirigentes se repite también la consigna “Muerte a Estados Unidos”. Tampoco en este caso se trata de palabras vacías. La toma de la embajada estadounidense en Teherán en 1979, con el secuestro de diplomáticos durante 444 días, marcó el inicio de una política sistemática de confrontación con Washington.

A lo largo de los años, esa hostilidad se manifestó en atentados contra fuerzas y aliados estadounidenses en distintas regiones del mundo, así como en el apoyo logístico y financiero a milicias que han atacado directamente intereses norteamericanos. Sin embargo, esta historia de agresiones sostenidas no siempre es plenamente conocida por amplios sectores de la sociedad estadounidense.

Para muchos ciudadanos norteamericanos, las preocupaciones económicas inmediatas —como la inflación o la suba en el precio de la nafta— suelen tener mayor peso que las amenazas geopolíticas de largo plazo. A ello se suma el desconocimiento, particularmente entre las generaciones más jóvenes, de la magnitud de la confrontación que Irán mantiene desde hace décadas contra Estados Unidos.

En ese contexto, resultan especialmente inquietantes las recientes advertencias del FBI al gobierno estadounidense sobre la posibilidad de ataques iraníes en territorio nacional. Entre los escenarios analizados se mencionan riesgos potenciales en la costa de California, lo que sugiere que el conflicto podría adquirir dimensiones directas para la población norteamericana.

Al mismo tiempo, ciertos fenómenos políticos internos contribuyen a diluir la percepción del peligro. El alcalde musulmán y socialista Zohran Mamdani invitó recientemente a romper el ayuno del Ramadán a Mahmoud Khalil, activista radical de origen sirio que ha defendido públicamente los ataques perpetrados por Hamas el 7 de octubre, junto a su hijo Dean. Mamdani afirmó que él y su esposa Rama tuvieron el “gran honor” de recibirlos. Cabe recordar, que la propia Rama había dado recientemente “likes” en Instagram a publicaciones que glorificaban aquella masacre.

Este tipo de gestos refleja una tendencia ideológica que subestima —cuando no legitima— narrativas hostiles hacia Israel y hacia el propio Occidente. La convergencia entre sectores de la izquierda radical y determinadas corrientes islamistas no es un fenómeno nuevo, pero adquiere una relevancia particular en el actual escenario internacional.

En diversas mezquitas de Estados Unidos se predica abiertamente la aspiración de que el país forme parte, en el futuro, de la Ummah, la comunidad global de creyentes musulmanes.

Las próximas elecciones presidenciales en USA introducen un factor adicional de incertidumbre. La evolución de las encuestas podría influir en la determinación del presidente Trump para llevar hasta sus últimas consecuencias la política de contención hacia Irán. Un debilitamiento del régimen sin su desmantelamiento definitivo podría otorgarle el tiempo necesario al país persa, para reconstituir sus capacidades y retomar su estrategia de confrontación en el futuro.

Para Israel, en cambio, el momento actual representa una oportunidad histórica para neutralizar de manera decisiva la amenaza iraní y la red de organizaciones que actúan como sus brazos armados en la región.

La diferencia esencial radica en la naturaleza del riesgo percibido. Para Estados Unidos, se trata de una amenaza grave pero aún discutida en términos políticos internos. Para Israel, es una cuestión de supervivencia inmediata.

Y en el Estado judío, la supervivencia no admite cálculos electorales.

Rubén Kaplan
Periodista y escritor
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