Más de dos semanas después de ser atacado por Estados Unidos e Israel, Irán ha intensificado su campaña de represalias, impactando regularmente a Israel, bases estadounidenses y la infraestructura energética y vital de sus vecinos árabes del Golfo con drones y misiles. Esta escalada ha generado una creciente preocupación internacional, especialmente por sus repercusiones en el mercado energético global.
La gravedad de la situación se hizo patente en la mañana del lunes, cuando un dron iraní impactó un tanque de combustible cerca del Aeropuerto Internacional de Dubái, el más concurrido del mundo para el tráfico de pasajeros internacionales. El incidente provocó un gran incendio, forzando el cierre temporal del aeropuerto y la suspensión de todos los vuelos. Aunque los bomberos lograron contener las llamas y no se reportaron heridos, la aerolínea emiratí Emirates, que utiliza el aeropuerto como su principal centro de operaciones, anunció la suspensión de sus vuelos “hasta nuevo aviso” antes de que el operador aeroportuario informara la reanudación de las operaciones. Paralelamente, una importante refinería en la región también se encontraba en llamas, consolidando la percepción de un asalto continuado de Irán contra sus vecinos del Golfo.
Más allá de los ataques directos, Irán ha paralizado de manera efectiva el tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz, un punto de paso crucial por donde se transporta una quinta parte del petróleo mundial. Esta acción ha disparado los temores de una crisis energética global y ha intensificado la presión sobre Washington, donde los consumidores ya sienten el impacto en el precio de los combustibles. El crudo Brent, el estándar internacional, se mantuvo obstinadamente por encima de los 100 dólares el barril este lunes, llegando a 104 dólares en las primeras operaciones, lo que representa un aumento de casi el 45% desde los ataques de Estados Unidos e Israel el 28 de febrero. Durante el conflicto, el precio ha llegado a alcanzar picos de hasta 120 dólares.
Ante esta situación, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha revelado que ha demandado a alrededor de siete países que envíen buques de guerra para mantener abierto el Estrecho de Ormuz, aunque, hasta el momento, sus llamamientos no han obtenido compromisos.
La creciente preocupación por el aumento de los precios para los consumidores estadounidenses es un factor que inquieta al Partido Republicano, de cara a las elecciones de otoño. “Estoy exigiendo que estos países entren y protejan su propio territorio, porque es su propio territorio”, declaró Trump a los periodistas a bordo del Air Force One, sin identificar a las naciones, pero recordando que previamente había apelado a China, Francia, Japón, Corea del Sur y el Reino Unido.
En Londres, el primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, ha asegurado que Gran Bretaña está trabajando con sus aliados para elaborar un plan “viable” que permita reabrir el Estrecho de Ormuz, el vital conducto petrolero que Irán ha cerrado en el contexto de su guerra con Israel y Estados Unidos.
Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, afirmó, según la agencia semioficial Students News Network, que Irán no ha solicitado un alto el fuego y que busca garantizar un fin definitivo a la guerra con Israel y Estados Unidos.
Araghchi enfatizó que el Estrecho de Ormuz solo está cerrado para “los enemigos y aquellos que apoyan su agresión”.
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