Manejo decenas de fuentes, algunas mediante hubs, y otras especializadas, sobre la Guerra contra el régimen iraní. Todas se hacen un planteamiento equivocado: creer que esta guerra se ganará con misiles.
Recibo diariamente mapas de posiciones, números y tecnologías. Todos hablan del mismo diagnóstico: la superioridad militar y técnica de EEUU e Israel, pero también de la capacidad de contención de la Guardia Islámica, apostando a un deterioro del factor tiempo en la escena estadounidense.
Esto es lo que sabemos, que el gobierno de Trump tiene un reloj que palpita en su oreja, pero el gobierno de los ayatolas tiene una capacidad de inmolación y remplazo, que les permitiría tener el tiempo de su lado.
Así visto, se trata del enfrentamiento entre una Democracia que pide cuentas a sus dirigentes, y una sangrienta dictadura que está dispuesta a matar a su pueblo por el fanatismo y las inmensas riquezas de sus élites sacerdotales y militares.
Pero, a diferencia, de casos similares en Yemen, Gaza o Afganistán, en Irán ha aparecido un factor relevante, no planificado, que será el factor decisivo en la victoria de Israel y EEUU: el involucramiento activo y valiente de la población iraní.
Luego de las inmensas manifestaciones y su brutal represión en las calles de Irán, la población no optó por salir a la calle nuevamente cuando se iniciaron los ataques aéreos. Pero encontraron un camino, bastante desestimado en el análisis militar: utilizar puentes del internet como el cedido por StarLink (Elon Musk), para avisar al Mossad dónde están los generales, jueces, soldados, políticos y otros objetivos de guerra.
Los canales del Mossad están abrumados de tanta información. Israel decanta y planifica, y luego ataca. A diferencia de las dictaduras habituales, donde el pueblo se esconde en sus casas, o sufre en el infierno de las cárceles, el pueblo iraní se mantiene activo trasladando información a las fuerzas de liberación. La resistencia se ha convertido en los ojos de Israel. Esto significa que habrá sido el pueblo el que logrará la victoria sobre la mal llamada “guerra asimétrica” (que no es más que escudos humanos, rehenes civiles, y atrocidades).
Este es el principio de toda guerra, desde que ella fue inventada: el poder de las armas se sostiene en el que jala el gatillo, o el que suelta la flecha. Si el régimen le teme al que limpia, al soldado, al General, al que arregla el sistema informático, entonces se destruye por dentro. Y eso es precisamente lo que significa que la unidad hace la fuerza. En este caso, la unidad entre el pueblo iraní, el pueblo judío, StarLink, y el apoyo estadounidense.
The Wall Street también reportó, el 31 de marzo, la existencia de una Guerra Telefónica. Los iraníes dan números telefónicos de los jefes, e Israel les llama, uno a uno, para debilitarlos y buscar un levantamiento:
El medio reproduce una escena: Israel llama y les dice a los comandantes…
-«Lo sabemos todo sobre usted. Está en nuestra lista negra y tenemos toda la información sobre usted»
-«De acuerdo». Responde el comandante.
-«Te llamé para advertirte de antemano que debes apoyar a tu pueblo… si no lo haces, tu destino será el de tu líder»
-«Hermano, te juro por el Corán que no soy tu enemigo», respondió el comandante. «Ya estoy muerto. Por favor, ven a ayudarnos».
La guerra (para que lo aprendan en West Point) no está solo en mapas napoleónicos, sino en las pequeñas relaciones que tejen la realidad de la gente.
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