El parlamento del Estado de Israel aprobó el pasado lunes 30 de marzo un proyecto de ley que permitirá imponer la pena de muerte a personas condenadas por atentados terroristas con resultado mortal. Se trató de una votación que se resolvió con 62 legisladores a favor, 48 en contra y una abstención.
El texto establece que la sanción máxima podrá aplicarse a quienes cometan uno o más asesinatos con la intención de dar a conocer su postura política.
Pero ¿podría esta nueva ley resolver el problema del terrorismo en el estado judío?
Para entender la dimensión histórica de esta medida, es imprescindible recordar que el único caso de pena de muerte que ha existido en Israel es el juicio y ejecución del exoficial nazi Adolf Eichmann, quien fue uno de los responsables logísticos del genocidio que fue el Holocausto.
Eichmann logró escapar de las autoridades tras la Segunda Guerra Mundial y 16 años más tarde, fue capturado por agentes israelíes en Argentina, juzgado en Jerusalén en 1961 y ejecutado en 1962. Desde entonces, Israel ha evitado aplicar la pena capital, incluso en casos de extrema gravedad, lo que convirtió a Eichmann en una excepción absoluta dentro del sistema judicial.
A lo largo de las décadas, Israel ha optado por combatir el terrorismo a través de una estrategia basada principalmente en la prevención. Sus reconocidos servicios de inteligencia, como el Shin Bet o el Mossad, han desarrollado una sofisticada red de vigilancia e infiltración destinada a detectar atentados antes de que estos ocurran. Y es que dichos servicios de inteligencia, sigilosos pero astutos, han logrado frustrar innumerables ataques a lo largo de los años, sumando éxitos que nunca se convierten en noticia debido a su capacidad de anticipararse y prevenir las tragedias antes de que éstas sucedan. Asimismo, en entradas como deportivos o centros comerciales, el gobierno israelí ha puesto detectores de metales para garantizar la seguridad en dichos lugares.
Otra medida que el gobierno de Israel ha implementado con el objetivo de resolver la amenaza constante que es el terrorismo, ha sido la demolición de las viviendas de los terroristas, incluso después de su muerte.
El objetivo de esta política llamada puño de hierro, ha sido generar un efecto disuasorio: transmitir que los actos terroristas no solo tienen consecuencias individuales sino también familiares, de modo que si un terrorista decide suicidarse inmolándose en una cafetería de Tel Aviv por tener la motivación de provocar un daño en el Estado de Israel, es importante que sepa que una vez finalizado el momento de protagonismo, su familia se quedará sin un techo bajo el cual dormir, y tal vez en ese esquema, predomine más el amor a los seres queridos que el odio al estado de Israel.
Dicha práctica ha sido duramente criticada por organismos internacionales por su carácter punitivo, así como también es defendida por la mayor parte de los israelíes, que a lo largo de las décadas han sido víctimas del terrorismo perpetrado o por árabes israelíes o por los palestinos.
En países como Afganistán o Somalia, en donde los índices de terrorismo son altos, la aplicación de pena de muerte no ha dado buenos resultados, dicho en pocas palabras, la pena de muerte no ha eliminado el terrorismo.
Pese a que las estadísticas en otras partes del mundo no dan muchas esperanzas al respecto, los defensores de esta ley argumentan que la nueva medida podría tener un efecto disuasorio, ya que el islam radical establece la yihad, la idea de que un musulmán tiene el deber de terminar con la vida de un infiel, es decir, de una persona que no dedica su vida a reconocer a Alá como único Dios y a Mahoma como su profeta y que vive lejos del recato, la obediencia y la oración. Organizaciones como Hamás, Hezbolá o la Yihad islámica, tienen la firme creencia de que, si terminan con la vida de una persona que no honra el Corán, lo esperarán 70 vírgenes en el paraíso.
Ante dichas motivaciones religiosas, Israel se ve en la necesidad de hacer justo lo contrario: Disuadir a potenciales atacantes. Recordemos que terroristas como Yahya Sinwar, uno de los autores intelectuales del atentado del 7 de octubre, ya había sido encarcelado por Israel años atrás, y fue liberado en un intercambio de prisioneros. La reincidencia delictiva de los terroristas que obtienen de nuevo su libertad ha sido sumamente alta, y los israelíes este error, lo han pagado con vidas humanas.
De modo que para quienes apoyan la medida, se trata de una herramienta adicional en una lucha en la que las estrategias tradicionales no han logrado erradicar el problema del terrorismo.
En estos momentos, la población israelí se encuentra en un constante debate entre los que no están de acuerdo con esta ley y los que la defienden. Y es que la cuestión de la pena de muerte es tan controversial que trasciende el tema legal y entra en el complicado terreno de lo moral.
¿Podrá una sociedad democrática como la israelí combatir el terrorismo con esta nueva medida?
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