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domingo 19 de julio de 2026
"Jesús no sabía que era cristiano": Adolfo Roitman

Jesús no sabía que era cristiano: Adolfo Roitman en entrevista

En medio de sirenas, vuelos suspendidos y una guerra que impacta la vida cotidiana en Israel, el académico, rabino y curador emérito Adolfo Roitman concedió una entrevista a Enlace Judío que es, al mismo tiempo, testimonio del presente y una lección histórica.

Durante tres décadas, Roitman fue el guardián de uno de los tesoros más importantes de la humanidad: los Rollos del Mar Muerto. Hoy, su misión ha cambiado de forma, pero no de fondo, ya que sigue siendo democratizar el conocimiento.

Su más reciente proyecto, “Los Rollos del Mar Muerto: esenios, Qumrán y los orígenes del cristianismo”, es una serie digital de ocho episodios producida en Israel, que busca precisamente eso, acercar al público de habla hispana a uno de los hallazgos más revolucionarios del siglo XX y, en sus propias palabras, “hacer bajar los rollos del Olimpo”.

La entrevista ocurrió en tiempo real, bajo la amenaza constante de alarmas. En ese contexto, Roitman relató cómo, por intuición —“no por información secreta”— había adelantado un viaje a México apenas días antes del estallido del conflicto; aterrizó el 27 de febrero y horas después comenzó la guerra. De regreso en Israel, su rutina incluía descender repetidamente al refugio.

“No me siento privilegiado. Estoy con todos, viviendo lo mismo”, afirma.

La escena no es menor. Un especialista explicando los orígenes del cristianismo y la figura de Jesús, mientras que en cualquier momento puede interrumpir para resguardarse. Historia y presente convergen con crudeza.

Jesús antes del cristianismo

Uno de los puntos más reveladores de la conversación es su lectura histórica de Jesús:

“Jesús no sabía que era cristiano”.

La frase, precisa y contundente, resume el núcleo de su enfoque. Para Roitman, tanto el cristianismo primitivo como el judaísmo rabínico emergen de un mismo tronco, del judaísmo plural del Segundo Templo.

Lejos de la lectura tradicional que lo presenta como fundador de una nueva religión, Jesús aparece aquí como una figura interna del judaísmo de su tiempo. “Nació, vivió y murió como judío” en un contexto religioso profundamente diverso, donde coexistían múltiples corrientes, interpretaciones y expectativas mesiánicas.

En ese ecosistema deben entenderse también figuras como Juan el Bautista o Pablo de Tarso, no como rupturas externas, sino como expresiones de una misma matriz cultural.

El punto de inflexión: la resurrección

El quiebre no ocurre con la predicación de Jesús, sino con la interpretación posterior de su muerte. Según explica Roitman, la crucifixión y, sobre todo, la creencia en la resurrección constituye el verdadero punto de inflexión. Para sus seguidores, ese acontecimiento confirmaba que Jesús había vencido a la muerte y validaba su condición mesiánica.

Esa convicción transforma un movimiento judío en una corriente de alcance universal. Sin embargo, el dato clave es otro; ni la idea de resurrección ni la posibilidad de figuras con atributos extraordinarios eran ajenas al judaísmo de la época, formaban parte de su horizonte conceptual.

El giro decisivo llega con Pablo de Tarso

A diferencia de los discípulos originales, Pablo no conoció personalmente a Jesús. Su vínculo surge de una experiencia visionaria que redefine su vida y lo convierte en misionero. A partir de entonces, expande el mensaje hacia el mundo no judío.

Este movimiento es estructural, el mensaje deja de estar circunscrito al pueblo judío y comienza a traducirse en categorías comprensibles para el mundo grecorromano.

En ese proceso, la figura de Jesús se transforma. De predicador judío pasa a convertirse en una entidad teológica cada vez más compleja, reinterpretada mediante conceptos como el Logos, la filiación divina y la salvación universal.

Del Jesús histórico al Cristo teológico

Roitman propone una distinción clave: el “Jesús de la historia” frente al “Jesús de la fe”.

El primero remite al personaje situado en su contexto judío; el segundo, a la construcción teológica elaborada por sus seguidores. Los evangelios, advierte, no son biografías neutrales, sino textos ya atravesados por interpretación doctrinal.

Con el tiempo, esa interpretación se sistematiza. El punto culminante llegará con el Concilio de Nicea, donde se formaliza la doctrina de la Trinidad y se afirma la naturaleza divina de Jesús. En ese momento, la distancia con el judaísmo se vuelve ya estructural.

¿Cuándo se rompe el vínculo con el judaísmo?

La separación no es inmediata ni exclusivamente doctrinal.

Roitman subraya un factor sociológico, el progresivo ingreso de no judíos al movimiento. A medida que el cristianismo se expande entre poblaciones paganas, su identidad cambia. Paralelamente, el judaísmo —tras la destrucción del Templo en el año 70— se redefine y marca distancia.

El resultado es una doble dinámica, en la que los seguidores de Jesús se alejan del judaísmo, y el judaísmo los rechaza como corriente interna legítima. Es en ese proceso —gradual y conflictivo— donde Jesús deja de ser una figura judía más y se convierte en “el otro”.

Los Rollos del Mar Muerto: la clave del contexto

El trasfondo de esta lectura está en el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto, que transformó radicalmente el estudio del judaísmo antiguo.

Antes de este hallazgo, el conocimiento sobre la Biblia hebrea era fragmentario. De pronto, el mundo pasó a contar con cerca de mil manuscritos reconstruidos a partir de unos 25 mil fragmentos.

Más allá de su volumen, su impacto es conceptual, debido a que los Rollos revelan la diversidad interna del judaísmo del Segundo Templo, un universo religioso plural y dinámico. En ese marco, la figura de Jesús adquiere una nueva inteligibilidad histórica, inscrita en las tensiones, expectativas y horizontes religiosos de su tiempo.

Los Rollos del Mar Muerto ayudan a comprender con mayor precisión el contexto histórico desde el cual se interpretan figuras centrales de la tradición occidental. Al devolver a Jesús a su contexto original, no solo permiten desplazar lecturas anacrónicas, sino también replantear las categorías desde las cuales se ha construido su figura a lo largo de los siglos.

Una misión que continúa

La trayectoria de Adolfo Roitman se aparta de lo convencional. Nacido en Buenos Aires y formado como antropólogo, nunca planeó dirigir el Santuario del Libro en el Museo de Israel. Sin embargo, ocupó el cargo durante 30 años.

Desde ahí no solo preservó los manuscritos, sino que impulsó su apertura al público global, incluyendo su digitalización y traducción. Hoy, su trabajo continúa bajo otra forma, pero con la misma lógica: “Yo estoy al servicio del público”.

Esta consigna no es retórica, sino su postura ética, pues para Roitman el conocimiento —especialmente aquel que pertenece al patrimonio histórico de la humanidad— debe ser accesible.

La entrevista que se interrumpió

La conversación terminó abruptamente cuando una alarma obligó a Roitman a dirigirse al refugio. El episodio ocurrió en el contexto de los momentos más tensos del conflicto en Israel.

La imagen es elocuente, pues uno de los principales intérpretes del pasado bíblico es interrumpido por la urgencia del presente. Aun así, su trabajo no se detiene.

Porque los Rollos del Mar Muerto —como él mismo insiste— ya no pertenecen únicamente a una tradición.

Pertenecen a la humanidad.

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