También en su narrativa, ISRAEL DEBE PASAR A LA OFENSIVA: Matty Zwaig

La guerra narrativa y la hiperexposición digital atraviesan hoy el debate global sobre Israel, y en ese marco se inscribe la conferencia de Matty Zwaig en LIMUD, donde ofreció una radiografía incisiva de la diplomacia pública israelí.

Analista, conferencista y diplomático de origen uruguayo-polaco, Zwaig reside en Israel y se ha consolidado como una voz activa en la divulgación política y cultural, con presencia en diversos espacios —como Radio Sefarad, Radio Jai y PorIsrael.org—, desde donde analiza la actualidad, la historia judía y las dinámicas de las relaciones internacionales.

Lejos de los lugares comunes, Zwaig planteó en su conferencia que Israel no solo enfrenta conflictos militares, sino una disputa constante por la legitimidad en el terreno simbólico global.

Durante las primeras décadas del siglo XXI, Israel experimentó una transformación estructural que lo posicionó como potencia tecnológica, médica y económica. El crecimiento del PIB, la consolidación del ecosistema high-tech y su capacidad de innovación lo colocaron en el mapa global más allá del conflicto.

Sin embargo, esa narrativa de éxito nunca logró desplazar del todo otra más persistente, la centralidad del conflicto.

“Cada vez que explicábamos Israel, explicábamos guerra”, sintetizó Zwaig. Terrorismo, contraterrorismo, asentamientos y tensiones con los palestinos; el discurso internacional quedó atrapado en una lógica reactiva.

El giro: diplomacia pública y “ejército silencioso”

A partir de los años 2000 emergió un cambio estratégico que apuntó al fortalecimiento de la diplomacia pública, la cual no solo provino del Estado, sino también de la sociedad civil y la diáspora.

Zwaig describió la aparición de un “ejército silencioso proisraelí”, formado por miles de ciudadanos, activistas y organizaciones que operan en redes sociales, medios y espacios culturales para proyectar una imagen distinta del país.

La estrategia era mostrar innovación, cultura, gastronomía y diversidad; desplazar el eje del conflicto hacia la vida cotidiana.

Pero ese giro encontró un límite.

7 de octubre: el colapso de la narrativa

El punto de inflexión fue el ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023.

Durante unas horas, el mundo expresó solidaridad. Pero en cuestión de días, la narrativa global mutó. Las redes sociales se inundaron de críticas a la respuesta israelí, muchas veces amplificadas por estructuras organizadas, afirma Zwaig.

El analista apuntó directamente a una constelación de actores que involucra a sectores de la izquierda europea, universidades estadounidenses, y países como Irán y Catar, a quienes acusó de operar en múltiples niveles, incluso contradictorios.

“El problema no es solo responder, sino entender que hay una estrategia del otro lado”, advirtió.

La batalla por la narrativa: entre la defensa y la ofensiva

Frente a este escenario, Zwaig planteó una disyuntiva clave, abandonar la postura exclusivamente defensiva. Para él, la diplomacia pública debe evolucionar hacia una ofensiva ideológica que confronte directamente el discurso islamista radical y la desinformación.

Entre los principales desafíos identificados se encuentran:

  • La proliferación de fake news y campañas de deslegitimación
  • El uso de tribunales internacionales y acciones legales contra ciudadanos israelíes
  • El activismo digital coordinado contra Israel

Pero también señaló errores internos, como la fragmentación institucional, la falta de coordinación y las disputas políticas que debilitan el mensaje.

Israel: democracia compleja, narrativa simplificada

Un eje contundente de la conferencia fue la crítica a la simplificación del caso israelí en el exterior. Zwaig insistió en que Israel es una democracia vibrante, plural y profundamente diversa, en la que más de dos millones de ciudadanos no judíos conviven con múltiples identidades religiosas y culturales.

Al mismo tiempo, reconoció sin ambigüedades la existencia de un conflicto no resuelto en territorios como Judea y Samaria, heredado en gran medida de los Acuerdos de Oslo.

“No es genocidio ni apartheid, es un conflicto”, subrayó, insistiendo en la necesidad de comunicar con hechos, incluso cuando estos resultan incómodos.

Diáspora y desconexión: una oportunidad perdida

Uno de los diagnósticos más críticos se centró en la relación entre Israel y la diáspora. Para Zwaig, existe una falta estructural de coordinación estratégica, ya que las comunidades judías en distintos países operan sin una línea de comunicación clara, lo que diluye su impacto global.

“Cada quien lucha por su lado. Eso no suma”, lamentó.

A su juicio, la solución pasa por profesionalizar la diplomacia pública, centralizar esfuerzos y generar estrategias coherentes a largo plazo.

En un momento de fuerte polarización interna —con protestas masivas, disputas por reformas judiciales y cambios constantes de coalición—, Zwaig hizo un llamado a separar gobierno de Estado.

Mencionó la centralidad política de Benjamín Netanyahu, pero insistió en que la defensa internacional no debe depender de liderazgos coyunturales: “Los gobiernos pasan. El Estado queda”, afirmó.

Unidad, ética y reconstrucción

La conferencia cerró en un tono más introspectivo. Zwaig apeló a lo que describió como un “ADN moral” del pueblo judío, vinculado al concepto de tikún olam: la responsabilidad de mejorar el mundo.

Pero también advirtió sobre heridas profundas tras la guerra: trauma social, desgaste psicológico y fracturas internas que requieren atención urgente.

“El desafío no es solo ganar la guerra, sino sanar después”, concluyó.

Así, la intervención de Matty Zwaig en LIMUD deja la conclusión contundente de que, en el siglo XXI, la legitimidad de un Estado no se define únicamente en el terreno militar, sino en la arena narrativa global.

Y en esa arena, Israel enfrenta —como quedó claro— uno de sus desafíos más complejos.

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