La complicidad con la barbarie
Es hora de denunciar la cobardía política de los diputados trotskistas que, bajo el disfraz del “antiimperialismo”, actúan como altavoces de regímenes totalitarios. Al utilizar la retórica del “genocidio” para atacar a Israel, no solo mienten sobre la naturaleza de la defensa democrática, sino que ocultan su negativa sistemática a condenar a Irán, el Estado responsable de los peores ataques terroristas en suelo argentino: la voladura de la Embajada de Israel en 1992 y el atentado a la AMIA en 1994.
Retórica de odio: ¿En qué aporta pedir la desaparición de Israel?
Resulta incomprensible y perverso que representantes del pueblo argentino utilicen consignas que claman por la desaparición del Estado de Israel. Cabe preguntarse: ¿En qué beneficia a nuestra nación atacar a un Estado que ha mantenido vínculos históricos, culturales y humanos inquebrantables con Argentina? Esta postura no es política exterior; es un alineamiento ciego con el fundamentalismo que busca borrar del mapa a una democracia soberana, ignorando que esa misma intolerancia fue la que sembró el terror en las calles de Buenos Aires.
La contradicción del Partido Comunista y la amnesia histórica
En este escenario de desvarío ideológico, resalta la figura del desahuciado Partido Comunista. Resulta trágicamente paradójico que una fuerza que cuenta entre sus filas con miles de militantes judíos hoy se pliegue a narrativas que validan a regímenes teocráticos. Esta “alianza” ignora una verdad sangrienta: tras la revolución de 1979, los regímenes islámicos en Irán persiguieron, encarcelaron y fusilaron a los dirigentes y militantes de los partidos comunistas locales. Apoyar hoy a quienes aniquilaron a sus propios “camaradas” es una muestra de amnesia política y degradación moral.
La pinza del odio: Extremos que se tocan
Este fanatismo no es exclusivo del trotskismo. Se observa una pinza ideológica donde la ultraizquierda se abraza con sectores de la ultraderecha nacionalista. Esta oposición parlamentaria, a menudo enceguecida por un soberanismo rancio y conspirativo, coincide en su rechazo visceral a Israel. Al unirse en este “antisemitismo camuflado”, ambos extremos terminan siendo funcionales a los intereses de potencias extranjeras que desprecian la libertad individual y la democracia republicana.
Mentiras de propaganda vs. Realidad económica
La izquierda parlamentaria prefiere la parálisis del país antes que reconocer los beneficios de la política exterior actual. Su estrategia de desinformación busca demonizar la cooperación técnica, ignorando datos fundamentales para el bienestar nacional:
- Bloqueo al progreso: Rechazan acuerdos que incluyen créditos por 150 millones de dólares, fondos destinados específicamente a la creación de empleo y desarrollo tecnológico.
- Seguridad nacional en riesgo: Al oponerse a la compra de radares y sistemas de inteligencia artificial, dejan al Estado desarmado frente a amenazas externas, priorizando su dogma sobre la vida de los ciudadanos.
Un llamado a la rebelión democrática
Es urgente un llamado a la militancia de izquierda, tanto judía como no judía, pero profundamente democrática. Es momento de rebelarse ante direcciones políticas que parecen haber sido compradas o cooptadas por la narrativa del terrorismo islámico. No permitan que su lucha histórica por la justicia social sea secuestrada para validar a quienes ejecutan disidentes y persiguen libertades. La verdadera izquierda debe recuperar su esencia: enfrentar los regímenes totalitarios de todo el mundo, sin importar su signo político, y volver a la lucha irrenunciable por la libertad y la democracia.
Un dilema ético impostergable
Más allá de cualquier diferencia con el programa económico, la defensa de la vida debe ser un piso común. Los sectores que hoy protegen retóricamente a figuras como Ahmad Vahidi pierden toda autoridad moral. La izquierda —y toda la oposición nacionalista— debe elegir: o se moderniza y apoya la inserción de Argentina en el mundo democrático, o sigue siendo el escudo funcional de la barbarie teocrática que aún le debe justicia a las víctimas de la AMIA y la Embajada.
Por Diego Sciretta, fundador de la central obrera israelí Fuerza de los Trabajadores.
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