La ceremonia oficial de Yom Hazikaron 2026 en el Kotel reunió al Presidente Herzog y al Jefe del Estado Mayor Zamir en un acto de duelo, poesía y compromiso nacional.
Este año, Israel y el pueblo judío conmemoraron un Yom Hazikaron distinto a todos los anteriores; por primera vez en décadas, el duelo no se limita al pasado.
Desde el 7 de octubre de 2023 y a lo largo de la Operación Rugido del León, la lista de caídos sigue creciendo.
Solo en el último año, 172 soldados y 79 víctimas del terrorismo se suman a los 25,646 que dieron su vida por el Estado de Israel. El círculo de duelo militar alcanza hoy a más de 59,500 personas.
Cuando las llamas del candelabro del recuerdo se encendieron en el Kotel de Jerusalén, Israel se detuvo una vez más para honrar a sus caídos.
La ceremonia oficial de Yom Hazikaron 5785 reunió al Presidente del Estado, Isaac Herzog, y al Jefe del Estado Mayor, el General Eyal Zamir, en el lugar más cargado de memoria del pueblo judío.
Este año, el peso era distinto, la guerra aún no ha terminado del todo, y los nombres de los caídos siguen sumándose.
Una llama encendida por quienes perdieron todo
El candelabro del recuerdo fue encendido por dos mujeres que encarnan el dolor de esta generación. Tomer Zisser, viuda del Comandante Eili Zisser —quien cayó el 7 de octubre de 2023 defendiendo el Kibbutz Kfar Aza junto a sus compañeros del Sayeret Matkal, siendo uno de los primeros en entrar al kibbutz para combatir a los terroristas y rescatar civiles— y Leah Zohar, cuyo familiar Tzfania Niya Soloma cayó en la noche del Simjat Torá de 1973, exactamente cincuenta años antes que Eili, en un ataque de comandos egipcios en el Canal de Suez.
Dos guerras. Dos generaciones. Una misma herida.
El Comandante Eili Zisser tenía 27 años. Su unidad enfrentó a más de cien terroristas de Hamás atrincherados en los tejados. Cuatro soldados murieron en ese combate: el Mayor Tel Cohen, el Capitán Hadar Kama, el Capitán Amir Tzur y el propio Eili. Solo después de su muerte, durante el bar mitzvá de su hijo en el Kotel, su familia descubrió el último capítulo de su valentía: Eili cayó sujetando una granada que los terroristas habían lanzado hacia su unidad, sin alcanzar a devolverla.
“El silencio que queda no tiene idioma ni consuelo”
El discurso del Presidente Herzog fue el centro emocional de la noche. Herzog habló del silencio que sigue a los combates —no como descanso, sino como vacío— el silencio de una madre que hojea un álbum, de una pareja que alcanzó a escribir un mensaje pero no a enviarlo, de un nieto que prometió visitar pero ya no vendrá, de una hija para quien el abrazo de un padre o una madre se ha convertido en una palabra extraña.
Herzog evocó al médico militar Mayor Itam Menajem Naaman, pediatra en el hospital Soroka de Beersheba, que la mañana del 7 de octubre corrió al hospital para atender a los heridos y al día siguiente insistió en enlistarse en la reserva a pesar de su rol vital. Tres días después, durante una operación de rastreo, su unidad se topó con terroristas. Itam eligió, como siempre eligió, quedarse al frente. Cayó en combate junto al Capitán Yuval Halbeni y el Sargento Mayor Avi Chai Salem. Tenía 45 años, esposa y siete hijos. Solo más tarde, durante el bar mitzvá de uno de sus hijos en el Kotel, la familia supo que también él había caído sosteniendo una granada lanzada por los terroristas hacia su unidad, que nunca alcanzó a arrojar de vuelta.
Herzog habló también de Adi Hodaya, soldado fotógrafa que el 7 de octubre insistió en enlistarse en la reserva. Cinco días después, murió al impactar un cohete en Sderot, donde defendía la ciudad. Había escrito: “Quiero que celebren la vida y no lloren mi muerte.” Sus palabras fueron musicalizadas y grabadas en su lápida: “Vean un mundo hermoso por mí.”
Y habló de Zacarías Pesaj Habrakia, sargento mayor, estudioso del Talmud y doctorando en biología, que cayó en Gaza en enero de 2024 y dejó tres hijos. Después de su muerte, su familia descubrió que había escrito en secreto una enciclopedia religiosa completa y un poema litúrgico —Minjá Jadashá, sobre renovación y crecimiento— que se convirtió en himno popular.
La herencia de los combatientes drusos y de todas las comunidades
El General Zamir extendió la memoria más allá de las fronteras religiosas y geográficas del país. Recordó a Maher Hater, hijo de la comunidad drusa de Majdal Shams en el Golán, que a los 33 años fue uno de los primeros de su aldea en enlistarse voluntariamente en las FDI. “Debo contribuir con mi parte”, solía decir. Cayó en el Líbano durante la Operación Rugido del León, junto al soldado Or Damari. Su viuda, Yasmin, logró que fuera enterrado con honores militares en Majdal Shams, donde por primera vez se estableció un sector militar en el cementerio.
Zamir también recordó al Teniente Subteniente Aviad Volansky, soldado del Batallón 77, que cayó en el Líbano el 26 de marzo de este año, un día después de haberle llamado a su padre —el General de Brigada (res.) Yair Volansky, auditor del Ministerio de Defensa— para contarle con orgullo sobre los combates. Tenía 21 años.
Y recordó al equipo del tanque del Capitán Daniel Peretz, que el 7 de octubre salió de inmediato al combate sin esperar órdenes, entendiendo que eran el último escudo entre los terroristas y los civiles. Daniel, Itai y Tomer cayeron. Matan Angrest regresó a casa después de dos años en cautiverio de Hamás.
“No vivimos solo por la espada”
La ceremonia concluyó con palabras que resonaron como un manifiesto: “No vivimos solo por la espada; la sostenemos cuando es necesario con una mano, pero el espíritu siempre debe ser y tiene que ser poderoso en la otra. El espíritu que sueña, que quiere el bien, que aspira a la paz, a la libertad y a la dignidad.”
Zamir citó al poeta y combatiente Abba Kovner para recordar que el ejército es carne del pueblo, y que su fuerza reside en la unidad de todos sus componentes: judíos de todas las corrientes, hombres y mujeres, de las ciudades y los kibutzim, de las yeshivot y de las comunidades del norte al sur. La ceremonia cerró con la oración El Malé Rajamim, el Kadish y el canto colectivo de Hatikvá.
Este año, Masá Israel Journey —en alianza con Keren Hayesod— organizó también la que se describe como la ceremonia conmemorativa en inglés más grande del mundo judío, con la oración Yizkor recitada por el Presidente Mundial de Keren Hayesod, Sam Grundwerg. A través de las historias de soldados solitarios, nuevos inmigrantes y jóvenes de todo el mundo que entregaron sus vidas, la ceremonia buscó reunir a la diáspora en torno a una memoria compartida.
Yom Hazikaron concluye al atardecer con el inicio de Yom Haatzmaut, la fiesta de la Independencia. Pero este año, la frontera entre el duelo y la celebración se siente más porosa que nunca; el sonido de la sirena no evoca solo a los que ya no están, sino también a los que aún combaten.
_________________________________________________________________________Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudío






