El pasado 20 de abril —fecha que coincide con el cumpleaños de Adolfo Hitler y con el aniversario de la masacre de Columbine— un joven mexicano de 28 años abrió fuego contra turistas en Teotihuacán, uno de los sitios arqueológicos más emblemáticos del país.
El agresor, según se dio a conocer en las horas siguientes al ataque, profesaba admiración por Hitler en sus redes sociales.
El episodio encendió las alarmas sobre el crecimiento del neonazismo en México. Para entender qué hay detrás de este fenómeno, Enlace Judío conversó con Juan Alberto Cedillo, periodista, escritor y el principal especialista en México sobre el tema nazi en la Segunda Guerra Mundial.
“No es una sorpresa, es una confirmación”
Cedillo, autor de una trilogía publicada por Penguin Random House sobre los nazis en México, no se mostró ajeno al suceso: “Es un poco sorpresa y a la vez confirmación de varios procesos que se ven que están cocinándose”, dijo.
Desde su perspectiva, el ataque no es un hecho aislado sino la expresión más violenta de una tendencia que lleva años gestándose: el crecimiento de grupos y redes sociales neonazis en un país que, paradójicamente, se consideraría ajeno a esa ideología por su composición racial y cultural.
“Desgraciadamente en México está creciendo un buen número de grupos con este neonazismo”, advirtió el especialista, quien señala que el discurso de odio tiene hoy un alcance internacional alimentado desde distintos frentes, incluyendo figuras populistas y desde el Kremlin: “Putin tiene esos intereses y sus hackers trabajan en ese sentido“, afirmó, refiriéndose a la difusión de desinformación antisemita a través de las redes sociales.
La pinza del odio: ultraderecha y extrema izquierda
Uno de los análisis más provocadores de Cedillo es la confluencia paradójica entre ideologías aparentemente opuestas en torno al antisemitismo. La ultraderecha histórica, con su antisemitismo de raíz tradicional que imagina a los judíos como controladores del poder financiero, termina convergiendo en la práctica con ciertos sectores de la izquierda radical que, bajo el paraguas de la guerra en Gaza, construyen un discurso que equipara sionismo con maldad y convierte al pueblo judío en blanco colectivo.
“La judeofobia a veces une a la ultraderecha y a la extrema izquierda”, sintetizó Cedillo. Y fue más allá: “Desde los cotos del poder hay una campaña contra el pueblo de Israel y en general contra los judíos por este discurso que ha aprendido por la guerra de Gaza.”
Para el investigador, el problema no es ideológico en su origen sino epistemológico: la población mexicana, que no vivió la guerra ni conoce a fondo el Holocausto, absorbe versiones simplistas y emocionalmente cargadas de conflictos complejos. “Todo en México es muy superficial cuando se trata de historia de Israel, de Europa, de la Segunda Guerra Mundial, del Holocausto“, lamentó.
México, socio secreto de Hitler
Cedillo lleva más de dos décadas desentrañando una historia incómoda, México no fue neutral durante la Segunda Guerra Mundial. Sus investigaciones, respaldadas por archivos desclasificados en Washington, Alemania y Argentina, revelan que el país jugó un papel estratégico en favor del régimen nazi antes y durante el conflicto.
Entre los hallazgos más impactantes: un acuerdo previo a la expropiación petrolera de 1938 entre Hitler y el presidente Lázaro Cárdenas, mediante el cual Alemania compraría el petróleo mexicano que Inglaterra, Holanda y Estados Unidos boicotearían. El 70% del crudo exportado por México llegaba en realidad a Alemania, bajo la fachada de ventas a Italia. Además, la red de espionaje nazi operó desde México con una de sus mayores estructuras fuera de Europa, espiando la capacidad industrial estadounidense, haciendo propaganda y, en uno de los capítulos más desconocidos, abasteciendo de combustible a los submarinos alemanes que operaban en el Golfo de México desde depósitos colocados en islas del Caribe, como la Isla de Lobos frente a Tuxpan. Esos submarinos hundieron más de mil barcos aliados que transportaban suministros a Inglaterra.
“México fue un socio secreto estratégico de Hitler“, sentenció Cedillo. “No fue neutral en la Segunda Guerra Mundial .”
Su libro más reciente, la biografía de Georg Nicolaus — oficial a cargo de las operaciones de inteligencia del ejército alemán (Abwehr) en México— fue posible gracias a la colaboración del nieto del propio espía, quien le entregó archivos personales, biografías y fotografías familiares. Nicolaus coordinó durante dos años operaciones de espionaje, propaganda y contrabando de materias primas estratégicas como aluminio, tungsteno y mercurio, con protección desde el interior del gobierno mexicano.
Chiapas y el legado nazi en México
La investigación de Cedillo también revela que comunidades de alemanes asentados en las fincas cafetaleras del Soconusco, en Chiapas, simpatizaron activamente con el nazismo. Cuando comenzó la guerra, alrededor de 300 jóvenes de origen alemán nacidos en México renunciaron a su nacionalidad mexicana para unirse al ejército del Tercer Reich, algunos con apenas 16 años. Al término de la guerra, muchos intentaron regresar tramitando la recuperación de su ciudadanía ante el consulado mexicano en Frankfurt, dejando un registro que hoy Cedillo consulta en el Archivo Histórico de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Y aunque la mayoría de los criminales de guerra que se refugiaron en México ya no están vivos, el investigador sostiene que dejaron una herencia ideológica. Colegas de Francia, señaló, están próximos a publicar confirmaciones documentadas de que jerarcas y colaboradores nazis se escondieron en territorio mexicano.
El antídoto: información rigurosa
Ante la pregunta de cómo erradicar el neonazismo, Cedillo no ofrece soluciones sencillas. El antídoto es la información rigurosa y profunda difundida desde múltiples sectores de la sociedad. Mientras la historia de Israel, el Holocausto y la Segunda Guerra Mundial siga siendo tratada de manera superficial en México, el terreno permanecerá fértil para los discursos de odio.
“El problema fundamental es que tenemos una deficiencia del conocimiento histórico”, insistió. “Una información mucho más rigurosa sería el principal antídoto.”
Y advirtió con claridad:
“El discurso de odio es muy peligroso en este momento. El reto es contrarrestarlo, porque si no nos metemos en un grave problema.”
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