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domingo 14 de junio de 2026
Por qué odio a los presidentes gringos: Francisco Gil-White

Por qué odio a los presidentes gringos: Francisco Gil-White

“Trump no salvó a Israel: salvó a los ayatolás” Francisco Gil-White advierte que el cese al fuego con Irán repite un patrón histórico de protección estadounidense a los ayatolás y sus proxies

En entrevista exclusiva para Enlace Judío, el historiador e investigador Francisco Gil-White presentó una lectura provocadora y sistemática de los últimos movimientos diplomáticos y militares de la administración Trump frente a Irán, Israel y sus aliados en la región. Su tesis central es incómoda pero articulada con precisión histórica: la clase gobernante estadounidense es aliada estructural de los ayatolás, no del Estado de Israel.

El cese al fuego que nadie explica

Gil-White arrancó desde el presente. Trump había declarado un cese al fuego de diez días con Irán, cuyo plazo vencía precisamente en el momento de la entrevista. Un día antes de su vencimiento, Irán anunció que no continuaría negociando porque el bloqueo marítimo estadounidense no había cesado. En respuesta, Trump extendió el cese al fuego.

“¿Quién ganó la guerra?”, preguntó Gil-White con una sencillez que resume todo el argumento. “Todo esto es consistente con un modelo que dice que Trump había quedado atrapado en su propia narrativa y ahora está buscando la forma de salirse para proteger a los ayatolás.”

Para Gil-White, la secuencia no es sorpresiva, es un patrón. Trump forzó a Israel a aplicar ceses al fuego en Líbano, en Siria, en la guerra de los doce días y en Gaza —en todos los casos, cuando Israel iba ganando. “Cuando estaban contra las cuerdas los ayatolás bajo el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel, de pronto Trump declara un cese al fuego. ¿Cómo declaras un cese al fuego cuando no has logrado los objetivos de tu guerra?”

Antes de desarrollar su análisis, Gil-White se detuvo a aclarar su posición política, consciente de que sus críticas a Trump suelen costarle acusaciones de izquierdismo. “Yo soy libertario, antisocialista, anticomunista. Estoy en contra de Trump porque me parece que es un falso amigo de Israel. Eso no me convierte en socialista.”

La aclaración no es un detalle menor, Gil-White argumenta que el pensamiento en blanco y negro —”si criticas a Trump eres zurdo“— es precisamente el tipo de razonamiento que impide entender lo que está ocurriendo. “Cuando empezamos a razonar así, ya no estamos haciendo pensamiento crítico.”

¿Por qué no cayó el régimen iraní?

Gil-White sostiene que el régimen iraní podría haber sido derrotado. No mediante invasión terrestre, sino atacando su infraestructura energética. “Si destruyes la producción energética de Irán, los arrodillas rápido. Pero esas plantas no han sido atacadas.” Irán ya llegaba al conflicto al borde del colapso hídrico y económico. Lo que necesitaba era un empujón que no llegó.

En cambio, lo que sí ocurrió, según su análisis, fue lo contrario: los ataques debilitaron al Artesh — las fuerzas armadas de Irán — y fortalecieron a la Guardia Revolucionaria. “El efecto de esta guerra ha sido fortalecer a los fanáticos en Irán. Ahora queda un Irán todavía más fanático que antes.”

Netanyahu y la cadena de mando

Uno de los puntos más polémicos de la entrevista fue la caracterización que Gil-White hace de Netanyahu como ejecutor de las órdenes de Washington. “Trump dijo en público, yo prohíbo que Israel siga bombardeando el Líbano. Más claro, ni el agua.” Y lo mismo ocurrió en Siria, Gaza, y ahora en Irán: cada vez que las Fuerzas de Defensa de Israel obtenían ventaja militar, se detuvieron.

“Lo que vemos una y otra y otra vez es que Israel tira su ventaja militar a la basura cada vez que Trump lo exige. Esa no es una evidencia que nos permita construir un modelo en el cual el jefe es Netanyahu.”

La teoría de que Israel arrastra a Trump —tan popular en ciertos círculos— le parece simplemente insostenible a la luz de los hechos: “¿Cuál sería la evidencia? Trump le da órdenes a Netanyahu y Netanyahu se cuadra.”

Pero para Gil-White, este patrón no es accidental. Su origen se remonta a un descubrimiento previo en su carrera.

El modelo tiene un origen: un nombre borrado de la historia

Gil-White explica que su marco interpretativo no nació de una teoría sino de un tropiezo documental. Cuando llegó contratado como experto en conflicto étnico a la Universidad de Pensilvania —institución cuyo centro de investigación tenía como tema principal el conflicto árabe-israelí y el proceso de Oslo—, descubrió que nadie mencionaba a Haj Amin al-Husseini padre fundador del movimiento árabe palestino, creador de Fatah, y, según Gil-White, arquitecto de la Shoá junto a Adolf Eichmann.

Había parlamentarios británicos en el House of Commons que gritaban que Husseini tenía que ser enjuiciado en Nuremberg por crímenes contra la humanidad. Era mundialmente famoso al final de la guerra. Y en pocos años nadie se acordaba de él.”

Cuando Gil-White publicó un artículo documentando el papel de Husseini y su conexión con la organización que Oslo había introducido en territorio israelí, la respuesta de la universidad fue contundente: “Tu documentación es impecable, pero si insistes en decir esto en público, te vas a tener que buscar otro trabajo.” Y así fue.

Para Gil-White, ese silencio no es descuido académico. Es la evidencia de que algo se pudre en la clase gobernante estadounidense.

La raíz ideológica: de los eugenistas a la CIA

Para explicar por qué esta política es estructural y no coyuntural, Gil-White remonta el argumento hasta antes de la Segunda Guerra Mundial. Las familias más poderosas de Estados Unidos —Rockefeller, Carnegie, Ford, Harriman— financiaron el movimiento eugenista, la misma ideología que, trasplantada a Alemania, se convirtió en nazismo. “El eugenismo es el padrino del nazismo alemán, y lo dirigían desde Estados Unidos.”

Al terminar la guerra, esa clase gobernante no desapareció. En cambio, según Gil-White, se encargó de crear la CIA absorbiendo la red de inteligencia nazi en Europa oriental —el aparato conocido como Organización Gehlen —, un proceso documentado por el historiador Christopher Simpson con material obtenido mediante la ley de transparencia estadounidense y reportado en el New York Times y el Washington Post. “Esto no lo niega nadie, pero lo dejaron de mencionar para que nadie entienda lo que pasó.”

La conclusión que extrae Gil-White es directa: si la política exterior estadounidense la diseña una institución con esas raíces, su orientación antisemita y anti-Israel no es accidental. Es ideológica.

Esa ideología, sostiene Gil-White, no se quedó en el papel. Tiene casos concretos y documentados que se repiten década tras década.

El patrón histórico: de Reagan a Trump   

Para Gil-White, lo que sucede con Trump no es nuevo ni exclusivo. Reagan detuvo a Menahem Begin cuando Israel estaba a punto de liquidar a la OLP en Líbano, e incluso organizó una escolta militar para llevar a Yasser Arafat y sus hombres a Túnez. Posteriormente, esa misma organización —OLP Fatah— fue introducida en territorio israelí mediante los Acuerdos de Oslo.

El caso más revelador, insiste Gil-White, es el ataque de Hezbolá contra los marines estadounidenses en 1983: 258 muertos, el mayor ataque terrorista contra Estados Unidos hasta entonces. Reagan sabía de antemano que vendría. No respondió, retiró sus fuerzas de Líbano y continuó las transferencias secretas de armas a los ayatolás que ya habían comenzado en 1981. “Los jefes gringos son aliados de los ayatolás, inclusive en contra de sus propios ciudadanos.”

Sin embargo, los críticos de esta lectura señalan varios gestos de Trump hacia Israel que parecen contradecirla.

Los Acuerdos de Abraham: ¿victoria o vulnerabilidad?

Cuando se le cuestionó acerca de los logros pro-israelíes de Trump —el traslado de la embajada, el reconocimiento de la soberanía sobre el Golán, los Acuerdos de Abraham, la liberación de los últimos rehenes en Gaza—, Gil-White los desmontó uno a uno.

Los Acuerdos de Abraham, argumenta, no son un regalo a Israel sino una palanca para obtener concesiones de Israel. “¿Qué gana Israel más allá de un papelito que no significa nada?” A cambio, Estados Unidos comenzó a armar a Emiratos con mayor facilidad. Sobre el traslado de la embajada y el Golán: “Son gestos cosméticos, sin consecuencia real sobre el terreno.”

La liberación de los rehenes de Gaza le parece el argumento más engañoso y más nocivo de todos. “La liberación de esos rehenes era lo que tenía que hacer Hamás para que Trump los pudiera proteger. Es exactamente al revés.” Si Hamás no hubiera entregado a los rehenes, Israel habría retomado la ofensiva. Entregar a los rehenes fue el precio de la protección.

Y el resultado es que Hamás sobrevive.

Yo estoy lamentando que en el futuro próximo va a haber más muertes de civiles israelíes porque Trump salvó a Hamás.”

Por qué estar en Israel

Al final de la entrevista, Gil-White explicó su presencia en Israel con palabras que resumen su visión de fondo: “La defensa del Estado de Israel y del pueblo judío es la defensa de Occidente. Si cae Israel, vamos a caer todos.” No se trata, en su lectura, de un conflicto regional, sino de la batalla civilizatoria central de nuestra época.

Y terminó con un reconocimiento que resume décadas de investigación: “Todo lo bueno en Occidente se lo debemos al pueblo judío. La defensa del pueblo judío es lo mismo que la autodefensa de todos los occidentales.”

Esta entrevista se realizó el 22 de abril.

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