Maguen Abraham celebró el día 33 del Omer con una velada de gala que desbordó su salón recién ampliado y renovó un compromiso de 38 años con la tradición.
Cuando el reloj marcó las nueve de la noche del lunes 4 de mayo, el salón de Maguen Abraham en la Ciudad de México se llenó de luz —no solo la de las velas encendidas en memoria de Rabí Shimón Bar Yojai, sino la que irradia una comunidad que lleva 38 años convirtiendo Lag Baomer en uno de sus momentos más esperados del año.
La velada de gala, celebrada en el 18 de Iyar del calendario hebreo —el día 33 del Omer, de ahí su nombre— fue dedicada leíluy nishmat (para la elevación del alma) de Abraham Ben Rajel, figura cuya memoria dio sentido y emoción especiales a cada uno de los momentos de la noche.
El evento fue también el estreno oficial de la sala renovada por el arquitecto Elías Jafif, que amplió el espacio en un 40 por ciento. Aun así, la convocatoria superó la capacidad y los organizadores anunciaron que para el año próximo planean incorporar una terraza al aire libre. “Ya nos quedó chico“, se escuchó decir entre aplausos y risas —señal inequívoca de una comunidad en expansión.
“Adiós a la tristeza. Adiós a la angustia. Bienvenida la alegría. Bienvenida la felicidad.”
Fueron las palabras de apertura de la velada, retomadas de un rabino en Israel.
La noche arrancó con el encendido solemne de luminarias, acto central de Lag Baomer. De acuerdo con la tradición, Rabí Shimón Bar Yojai prometió que toda persona que encendiera una vela en su honor en esta fecha recibiría bendición especial, por eso, cada llama que parpadeó en el salón era al mismo tiempo ofrenda y plegaria.
La primera vela —gesto de honor reservado a quien más años lleva participando— fue adquirida por un miembro de la comunidad que, según se anunció esa noche, acumula 38 años comprando esta luminaria de apertura.
Tras el encendido, la velada se desplegó con música en vivo y una cena de gala.
Lag Baomer conmemora el fin de la plaga que afectó a los 24,000 discípulos de Rabí Akiva durante el período del Omer. Es también el hilulá —aniversario de partida— de Rabí Shimón Bar Yojai, autor del Zohar, texto central de la tradición cabalística. “Esta noche brilló la luz del Zohar“, señaló el orador de la velada al abrir los festejos; en hebreo, zohar significa precisamente eso: brillo, resplandor.
Para Maguen Abraham, esta fecha no es una celebración más en el calendario. Desde hace casi cuatro décadas, cuando la festividad era apenas conocida fuera de los círculos más observantes, la comunidad la adoptó como propia y la ha convertido en un referente de identidad, de pertenencia y de tzedaká —caridad—. Lag Baomer es además, a nivel mundial, una de las noches de mayor recaudación para Yeshivot y Kollelim.
La noche concluyó con la misma calidez con que comenzó, entre el crepitar de las velas, el eco de la música y la certeza de que en 5787 el salón, con su nueva terraza, habrá de llenarse otra vez.
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