Mois Navon, ingeniero de Mobileye, filósofo judío y una de las voces más originales en la ética de la inteligencia artificial (IA), habló en exclusiva con Enlace Judío.
Mois Navon nació en Estambul, heredero de una familia sefardí expulsada de España en 1492, y creció en Los Ángeles desde los 2 meses de edad como judío secular y surfista. De ahí, en paralelo, se convirtió en ingeniero fundador de Mobileye —la empresa israelí que Intel compró en la mayor adquisición de la historia del ecosistema startup israelí— y terminó haciéndose rabino y doctor en filosofía judía.
Hoy, Navon es una de las voces más buscadas en el mundo para hablar de inteligencia artificial y ética. Asesora al Ministerio de Ciencia y Tecnología de Israel, participó en una conferencia de dos días en el Vaticano sobre IA y religión, y fue invitado por Anthropic —la empresa creadora del modelo de lenguaje Claude— a integrar un grupo de reflexión ética que buscó incorporar perspectivas de las grandes tradiciones de sabiduría del mundo.
Próximamente estará en México para hablar ante líderes empresariales y tecnológicos de América Latina en el foro Digital America, que se llevará a cabo los 9 y 10 de junio en la Ciudad de México ( Para comprar entradas a este evento, haz clic aquí)
De NASA a la yeshivá
Todo empezó con una pregunta que nadie supo responderle: ¿para qué estamos aquí?
Siendo estudiante de ingeniería en computación, Navon consiguió un trabajo en el Jet Propulsion Laboratory de la NASA. Ahí conoció a un judío religioso que le enseñó ingeniería y judaísmo al mismo tiempo. “Me dijo: estamos aquí para corregiros a nosotros mismos y para corregir el mundo”, recuerda. Esa respuesta lo transformó.
Poco a poco fue adentrándose en el estudio del judaísmo. Compraba libros, se levantaba temprano, hacía preguntas. Mientras diseñaba chips de día en Mobileye, estudiaba de noche en la yeshivá para obtener su smikhá rabínica. Y cuando Intel compró la empresa en 2017, usó las acciones que le correspondían para hacer lo que siempre había querido, obtener su doctorado en filosofía judía y empezar a enseñar.
El chip que está en millones de autos
Navon tiene sobre su escritorio un chip del tamaño de una moneda grande, con decenas de pines metálicos en los costados. Ese pequeño rectángulo negro es el cerebro que hizo posible la visión computacional en automóviles.
La idea original fue del profesor Amnon Shashua, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, quien propuso detectar objetos en tres dimensiones usando una sola cámara. Algo que la comunidad científica consideraba imposible. Navon y sus tres colegas ingenieros de hardware, instalados en el ático de una casa rentada, tomaron los algoritmos de Shashua y los comprimieron en ese chip. El sistema no solo funcionó, sino que funcionó a la velocidad del ojo humano, lo que lo hizo viable para el mundo real.
La mayor amenaza de la IA
Cuando se le pregunta cuál es el mayor riesgo de la inteligencia artificial, Navon no duda: no es Skynet, no es solo la desinformación o las armas autónomas. El mayor riesgo es más silencioso y ya está ocurriendo.
“La gente está desarrollando relaciones con las máquinas. Está perdiendo la capacidad —o el deseo— de relacionarse con personas“, advierte. “Las personas son complicadas, te contradicen, no siempre te quieren. La máquina no hace nada de eso. Te dice lo maravilloso que eres.”
El segundo problema, igualmente preocupante para él, es la delegación cognitiva, es decir entregar a la IA las tareas que nos hacen pensar. “Si le digo a Claude: ‘escríbeme este artículo’, y él lo escribe, eso es el fin de mí. Dejo de pensar.” Navon usa los modelos de lenguaje como editor, no como autor. La diferencia es decisiva. Y cita estudios del MIT que muestran una caída medible en las capacidades cognitivas humanas asociada al uso excesivo de la IA.
Armas autónomas: ¿puede una máquina decidir matar?
Navon no esquiva los temas más espinosos. Sobre las armas autónomas —uno de los debates más álgidos en ética militar— tiene una posición publicada y razonada desde la halajá.
El argumento filosófico dominante en Occidente es que delegar la decisión de matar a una máquina viola la dignidad humana, el adversario merece que un ser humano, y no un algoritmo, tome esa decisión. Navon lo entiende, pero lo rechaza:
“Eso es muy bonito, pero en el campo de batalla no hay lugar para ‘ama a tu prójimo como a ti mismo’. Hay reglas para los días normales y reglas para los días de guerra. Son mundos distintos.“
Su argumento es que todos los estudios coinciden en que las armas autónomas atacan con mayor precisión, evitan daños colaterales y preservan la vida de los propios soldados.
“La vida humana tiene precedencia sobre la dignidad humana. Necesitamos proteger a nuestros soldados, y debemos hacer lo que sea necesario para lograrlo”, concluye, con la convicción de quien habla desde un país pequeño y permanentemente amenazado.
¿Puede una máquina tener alma?
Esta es la pregunta central de su tesis doctoral, y Navon la responde con una precisión que mezcla neurociencia y teología.
“Conciencia“ es, para él, simplemente la palabra secular que el mundo post-ilustración adoptó para referirse a lo que antes se llamaba “alma”. La raíz griega de “psicología”, “psique” y “psiquiatra” es psyche: alma. El problema filosófico conocido como el problema difícil de la conciencia —cómo lo físico (el cerebro) produce lo metafísico (la experiencia subjetiva)— es, en su lectura, exactamente el mismo misterio que la tradición judía resuelve diciendo que Dios sopló el aliento de vida en el cuerpo humano.
¿Podría una máquina tener alma algún día? Sí, responde Navon, pero con una condición, tendría que estar hecha de biología.
Señala que hay actualmente 69 laboratorios en el mundo —en Stanford, Harvard, Columbia— trabajando con organoides, tejidos cerebrales cultivados a partir de células madre. “Si conectas suficiente tejido biológico, construyes un cerebro. Y si construyes un cerebro, tendrás consciencia.” Y si tiene consciencia, tendría alma. ¿Podría entonces contar en un minyán? Solo si acepta las obligaciones del pueblo judío, dice con una sonrisa.
El Golem del siglo XXI
El Talmud describe la figura del Golem como una criatura artificial creada por un rabino mediante combinaciones del lenguaje sagrado. Navon acepta sin vacilar la analogía: la inteligencia artificial es el Golem del siglo XXI.
“Es una figura humanoide que tiene poder, pero sobre la cual no tenemos control completo. Nos puede ayudar, pero también puede volverse en contra nuestra.” No le parece que la amenaza existencial sea inminente —”el problema real es el social, no el de la toma de consciencia de las máquinas“— pero reconoce que la metáfora del Golem es extraordinariamente útil para articular los dilemas éticos del momento.
El rabino que asesora a Anthropic
La relación de Navon con Anthropic es uno de los capítulos más sorprendentes de su trayectoria reciente. La empresa —fundada con una misión explícita de seguridad en IA— lo invitó el mes pasado a una sesión de reflexión ética de dos días, junto con representantes de otras tradiciones de sabiduría del mundo.
“Anthropic es única entre las empresas de IA porque está activamente intentando que su máquina sea ética“, explica. “Me invitaron a dar la perspectiva judía.”
La empresa desarrolla lo que llama una “constitución” para guiar el comportamiento de Claude, un conjunto de principios que Navon compara, con precisión y sin ironía, con la Torá: “No es solo un libro de reglas. Es un libro de orientación.”
Navon ya usa la IA cotidianamente para investigar cuestiones halájicas complejas, aunque con método. Cuenta que recientemente alguien le planteó si en una ciudad inteligente sería lícito que la IA activara semáforos automáticamente para que familias crucen la calle en Shabat. Consultó a Claude para que le listara las opiniones rabínicas existentes —no para que le diera su propia opinión—: “Le pregunté qué dicen las fuentes, no qué piensa él. Si le preguntas su opinión, te va a decir: haz lo que quieras.”
La IA citó a Rav Moshé Feinstein y otras autoridades. La conclusión fue que, si las luces son LED, el problema es menor; si el peatón sabe que el sistema responde a su presencia, lo activa indirectamente y eso complica la cuestión. “Es una herramienta extraordinaria para investigar. Lo que no puede hacer es reemplazar el juicio del rabino.”
Lo que Israel le puede dar a América Latina: Chutzpah
Navon tiene una palabra para describir la esencia del ecosistema israelí de innovación: chutzpah. Audacia. La voluntad de proponer ideas que el resto del mundo descarta como imposibles.
“Nadie creía que se pudiera detectar objetos en 3D con una sola cámara. Lo hicimos de todas formas.”
Para los emprendedores latinoamericanos, su mensaje es doble: atreverse con ideas que parecen descabelladas, y hacerlo con una brújula ética clara.
“Desarrollen tecnología para el bien de la humanidad. El principio es simple: no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti.”
¿Qué no puede hacer la IA que sí puede la religión?
La pregunta que más parece gustarle es también la más filosófica: ¿qué puede dar la fe que la IA nunca podrá dar?
“La IA es un procesador de información extraordinario. Puede decirte qué opinan Rav Moshé Feinstein y el Rambán sobre cualquier cuestión. Pero eso no es fe.”
Lo que Dios da es propósito, la definición de bien y mal, y el libre albedrío para elegir entre uno y otro, dice Navon. “Todo eso la IA no puede reemplazarlo en ninguna forma.”
Y hay algo más que la máquina no puede crear, a ti mismo:
“Empecé siendo un surfista secular en Los Ángeles. Me construí a mí mismo. Eso es lo único que la IA no puede hacer por nadie: crearte.”
El Rabino Mois Navon participará próximamente en el foro Digital America en México, donde hablará ante líderes empresariales y tecnológicos de América Latina sobre inteligencia artificial, ética y el futuro del pensamiento humano.
Agradecemos la gentileza de Jennyfer Salvo Cofman, fundadora y CEO de Softpower Connections, una consultora que promueve comercio internacional y conecta expertos y tecnologías de frontera mundial con América Latina. Es también presidenta del directorio de Santiago Innova, uno de los centros público-privados de innovación y emprendimiento más relevantes de Chile.
Quedan algunos espacios libres para la visita de Mois Navon en México. Contactar al correo [email protected]
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