El giro histórico del Vaticano frente a la IA y la esperada llegada de Mois Navon a Latinoamérica

Inteligencia artificial puede predecir con hasta un 90% de precisión si alguien va a morir a causa COVID-19 de acuerdo a un grupo de científicos daneses

La velocidad a la que avanza la inteligencia artificial suele dejarnos una sensación de vértigo constante. Mientras los gobiernos debaten de forma burocrática cómo regular herramientas que cambian cada semana, y las grandes empresas tecnológicas corren a ciegas por el control de la Inteligencia Artificial General (AGI), una de las instituciones más antiguas del planeta ha decidido dar un histórico golpe de timón legislativo.  

El pasado 16 de mayo de 2026, la Santa Sede ha roto los esquemas de la gobernanza tecnológica global. El papa León XIV ha firmado un Rescriptum —un documento de respuesta oficial con fuerza de ley canónica— que crea formalmente la Comisión Interdicasterial sobre Inteligencia Artificial. No estamos ante un simple pronunciamiento moral, una carta de buenas intenciones o una homilía dominical desde la Plaza de San Pedro; estamos ante la reestructuración jurídica de la Iglesia para enfrentar, con dientes institucionales, la era digital.

Para dimensionar la importancia de la decisión del papa León XIV, debemos entender cómo opera la administración vaticana. La Curia Romana trabaja habitualmente a través de dicasterios (ministerios) independientes. Al emitir un decreto interdicasterial, el Sumo Pontífice está obligando a sus ministros a derribar las barreras tradicionales. Ha sentado en la misma mesa de toma de decisiones a científicos, teólogos, expertos en comunicación y defensores de la bioética, todos bajo la coordinación del cardenal Michael Czerny.

¿Por qué es esto una jugada maestra que debería despertar la curiosidad de creyentes y laicos por igual? Porque el Vaticano ha entendido que la IA no es una simple “herramienta técnica” como lo fue la imprenta o la radio en su momento. La IA es una fuerza cultural y antropológica que está redefiniendo lo que significa ser humano, pensar, crear, trabajar y decidir.

La Comisión no nace en el vacío. Viene a darle operatividad a un robusto bagaje intelectual, como el documento Antiqua et Nova‘ de enero de 2025, y actúa como el brazo ejecutor de una inminente encíclica papal dedicada exclusivamente a la IA. Pero hay un detalle en el anuncio de hoy que debería hacernos reflexionar profundamente: la comisión tiene el mandato explícito de diseñar las políticas internas para el uso de la IA dentro del propio Vaticano. La Iglesia no solo busca dar lecciones al mundo; está asumiendo que debe gobernar su propia adopción tecnológica de forma ética. ¿Veremos pronto auditorías de datos a los sistemas de la Santa Sede? ¿Cómo se resguarda la privacidad en tiempos de algoritmos masivos? Las preguntas que abre esta decisión son fascinantes.

El Puente entre Dos Mundos: El Legado de Mois Navon

Para que un organismo milenario pueda legislar sobre redes neuronales y modelos de lenguaje sin caer en el anacronismo, necesita puentes vivos con el epicentro de la innovación. Y es aquí donde emerge una figura providencial cuya influencia intelectual ha sido determinante en la gestación de este nuevo ecosistema ético vaticano: el Rabino Dr. Mois Navon.

Para entender el peso de Navon en esta conversación global, hay que mirar una biografía que parece extraída de una utopía humanista. Navon no es un filósofo que mira la tecnología desde la barrera; él estuvo en las trincheras del desarrollo de software. Fue uno de los ingenieros fundadores de Mobileye, la empresa que revolucionó los sistemas de conducción autónoma y que Intel adquirió por la astronómica cifra de 15.000 millones de dólares. Hoy, además, asesora a gigantes de la IA generativa como Anthropic. Pero lo que lo convierte en el referente indiscutido de la “algor-ética” es su otra mitad: Navon es rabino ortodoxo y doctor en Filosofía, con una tesis que desmenuza el estatus moral de las máquinas desde la milenaria ética judía.

Su contribución directa al Vaticano se consolidó a finales de noviembre de 2025, durante el encuentro fundacional de la Iniciativa Aurora en la Santa Sede. Allí, Navon presentó un marco conceptual brillante sobre educación e innovación moral en la era digital. Su gran mérito ha sido actuar como un traductor de doble vía: explicar a los líderes religiosos cómo funcionan realmente los sistemas computacionales por dentro —desmitificando el miedo a la tecnología— y, al mismo tiempo, recordar a los ingenieros que todo código arrastra una consecuencia existencial. Este diálogo interreligioso y científico es el combustible intelectual que alimenta la postura actual del papa León XIV. Navon ha demostrado que proteger la dignidad humana frente a la automatización es un imperativo ético universal.

Gira Latinoamericana 2026: Una Cita con el Futuro

Para quienes seguimos de cerca la evolución de la tecnología y la sociedad, el debate teórico está a punto de volverse vivencial. El impacto del pensamiento de Navon no se quedará entre las paredes de los palacios apostólicos de Roma; cruzará el Atlántico en una de las giras más importantes que haya recibido nuestro continente.

Durante los próximos meses, América Latina se convertirá en el epicentro de la tecno-ética. El Dr. Mois Navon estará en:

  • México en junio
  • Brasil en agosto
  • Chile en septiembre

En una región que debate a marchas forzadas sus propias leyes de protección de datos, que busca su espacio en el mapa de la innovación y donde las empresas adoptan herramientas automatizadas buscando desesperadamente la productividad, la visita de Navon no es un evento académico más. Es una oportunidad única e histórica para escuchar y dialogar directamente con el referente indiscutido de la materia.

La decisión adoptada hoy por el Papa nos demuestra que la ética ya no es un accesorio opcional en el desarrollo de la tecnología; es la infraestructura sobre la que se construirá el futuro. La lucidez de Navon nos urge a hacernos las preguntas correctas: ¿Cómo innovar moralmente al mismo ritmo que innovamos técnicamente? ¿Cómo asegurar que los sistemas que implementamos sirvan al desarrollo integral y no a la deshumanización? La cita con el futuro de la ética ya está fijada en el calendario de Latinoamérica. Es momento de pasar del asombro tecnológico a la responsabilidad humana.

Jennyfer Salvo
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