Diego Sciretta / Cuba: Cuando quiso ser imperialista

​La luna de miel revolucionaria y el centro israelita

​El vínculo entre la Revolución y la identidad judía comenzó en las sombras de la insurgencia. Es un hecho histórico que algunas de las primeras reuniones estratégicas de las células revolucionarias tuvieron lugar en el Centro Israelita de Cuba en La Habana. En 1959, Fidel Castro no solo respetó a la comunidad, sino que veía en el modelo de los kibutz israelíes un espejo para su reforma agraria, manteniendo relaciones diplomáticas plenas cuando el resto del bloque soviético ya las había roto.

​El giro hacia el imperialismo militar

Ese romance inicial se quebró cuando Cuba decidió que su destino era ser una potencia global. Para consolidarse como líder del Tercer Mundo, la isla proyectó un poder militar desproporcionado. El punto de no retorno fue la Guerra de Yom Kippur, donde Cuba envió una fuerza de choque real: la 800 Brigada de Tanques. No fue un apoyo moral; fueron 800 tanquistas operando un centenar de blindados en el frente sirio para frenar el avance de Israel en los Altos del Golán.

​El pragmatismo de las naranjas y el factor Mossad

Tras décadas de hostilidad oficial, el hambre del “Periodo Especial” en los años 90 forzó un retorno al pragmatismo más crudo. El régimen cubano permitió que capitales y tecnología de Israel rescataran la industria citrícola en Jagüey Grande. Lo más impactante de esta doble realidad fue el protagonista: el empresario Rafi Eitan, una figura histórica del Mossad (célebre por la captura de Adolf Eichmann), quien se convirtió en un interlocutor clave de la economía cubana. Bajo su gestión, las naranjas de la Revolución crecieron con sistemas de riego israelíes, demostrando que, mientras la retórica gritaba guerra, el servicio de inteligencia y el gobierno pactaban en silencio por la supervivencia económica.

​El fin del relato: De los tanques al afecto

​La historia cierra con un giro de guion inesperado. Aquellos que crecieron bajo el dogma del enfrentamiento hoy exploran caminos de reconciliación. El hecho de que descendientes directos de la familia Castro hayan visitado Israel con muestras de afecto y apertura marca el colapso de la vieja narrativa imperialista, dando paso a una era donde el reconocimiento mutuo pesa más que los fantasmas de la Guerra Fría.
_______________________________________________________________________________
Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudío

Diego Sciretta: