El símbolo que ha vuelto a caer
Mientras ves este video, la bandera israelí y la de la Brigada Golani vuelven a ondear sobre los muros de piedra del Castillo de Beaufort, en el sur de Líbano.
Para quien no conozca la historia de Oriente Medio, esto podría parecer solo la captura de una ruina del siglo doce. Pero para los mandos militares en Tel Aviv y los estrategas en Bruselas o Washington, lo que pasó este fin de semana cambia por completo las reglas del juego. Israel ha cruzado el río Litani en su incursión terrestre más profunda en 26 años, dejando el alto al fuego de abril con Líbano prácticamente en papel mojado.
¿Por qué esta fortaleza medieval es hoy el epicentro de una crisis diplomática global? Vamos a analizarlo.”
Primero, hablemos de geografía pura. Beaufort no es un castillo cualquiera; está situado en un acantilado rocoso a setecientos metros de altura.
Quien controla esa cresta, controla visual y militarmente todo el valle del Litani y tiene línea de tiro directa hacia el norte de Israel.
Para las FDI, tomar esta posición no es solo simbólico: es neutralizar la plataforma de observación y lanzamiento que Hezbolá ha utilizado durante años bajo la dirección de Irán.
Pero hay un factor psicológico brutal. La última vez que la Brigada Golani tomó este castillo fue en 1982. Se convirtió en el símbolo de dieciocho años de una sangrienta ocupación que terminó en el año 2000.
El Ministro de Defensa, Israel Katz, ya lo ha dejado claro: las FDI planean establecer una zona de amortiguamiento permanente aquí para que los residentes del norte puedan volver a casa. El mensaje de Netanyahu es contundente: ‘Hemos vuelto unidos y más fuertes’. Para Israel, es un éxito táctico indiscutible.
Entonces, si esto asegura la frontera norte de Israel, ¿por qué los líderes europeos están tan furiosos?
Emmanuel Macron y la Unión Europea han exigido hoy mismo el cese inmediato de la escalada. Europa no acepta este avance por tres razones críticas.
La primera es el derecho internacional. Para Bruselas, cruzar el Litani es una violación directa a la soberanía de Líbano y temen que la creación de estas ‘zonas de seguridad’ de las FDI se convierta en una ocupación indefinida.
La segunda es la seguridad de sus propios hombres. Países como Italia, España y Francia aportan el grueso de los soldados de la FPNUL —los Cascos Azules de la ONU—. Con los combates intensificándose y las FDI ordenando la evacuación masiva de ciudades como Nabatiyeh, los soldados europeos están atrapados en el fuego cruzado.”
Muchos se preguntarán: ¿Pero acaso la ONU no debía desarmar a Hezbolá en esa zona? Aquí está la clave del conflicto. El mandato de los Cascos Azules bajo la resolución 1701 de 2006 era de asistencia, no de imposición.
No tenían poder legal para registrar búnkeres sin el ejército libanés. La estrategia europea siempre fue diplomática: financiar al debilitado ejército de Líbano para que ellos controlaran el sur. Para Israel, esa estrategia fracasó estrepitosamente, permitiendo que Hezbolá acumulase miles de misiles en sus narices. De hecho, el mandato operativo de la FPNUL ya tiene fecha de caducidad para diciembre de este año.
La situación a esta hora es de máxima tensión. El avance en Beaufort ha provocado que Irán congele por completo las conversaciones de paz que tenía previstas con Estados Unidos, exigiendo que Israel detenga las operaciones en Líbano de inmediato. Mientras tanto, las FDI ya han anunciado nuevas oleadas de ataques en los suburbios del sur de Beirut, el distrito de Dahiyeh, provocando un éxodo masivo de civiles.
Israel ha decidido priorizar su seguridad fronteriza por la vía de los hechos duros, ignorando las advertencias occidentales. La pregunta que queda sobre la mesa en las próximas horas es: ¿Logrará esta demostración de fuerza obligar a Hezbolá a capitular, o ha reabierto Israel una herida histórica de la que será muy difícil salir?
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