Como bien se sabe Shabtai Tzvi fue un famoso judío proveniente de Esmirna, Turquía, que vivió entre 1626 y 1676, es decir que falleció relativamente joven, a los 50 años, como otro famoso contemporáneo suyo, Descartes, fallecido en 1650 a los 53 años.
Pero a diferencia de su contemporáneo, quien intentó consolidar la capacidad de la razón para entender el mundo y por ende, apuntalarla como legitimadora indudable de la ciencia moderna, Tzvi encabezó un movimiento mesiánico (que digamos ni fue el primero ni el único) que probablemente fue el más famoso en la historia judía, y aún es recordado (y muy escasamente comprendido) hasta el día de hoy.
Shabtai Tzvi aparentemente fue rabino desde el año 1647 (o sea con 21 o 22 años… lo que da la pauta que para la época quizás no se exigía mucho para ejercer oficialmente el rabinato), año además en el que comienza a cavilar con la posibilidad de ser el Mesías, de lo que queda totalmente convencido a partir de su encuentro con otro personaje singular, Nathan de Gaza (sí, la misma Gaza de la que vienen hoy tantos dolores y traumatismos).
A partir de allí gana enorme cantidad de adeptos tanto en Palestina como entre los judíos de la diáspora generándose lo que parece ser todo un movimiento quizás histérico y de masas del pueblo judío.
En 1666 (número de enorme significancia para el cabalismo) es apresado y para escapar de su posible muerte se convierte al islam. Este hecho quizás fue interpretado por algunos contemporáneos como apostasía, mientras que para otros era parte de la nueva realidad mesiánica, con lo que muchos se convirtieron al islamismo, convencidos de que tal era el designio de la divinidad.
La historia de Tzvi no es anecdótica ni es meramente trágico-cómica.
Tomarla en serio implica revisar cuidadosamente los impases y significados de la historia del judaísmo y entender que la misma está muy, muy lejos de la versión religiosa del judaísmo, tanto en lo que concierne a la antigua religión de Israel como a la historiografía judía desde el medioevo en adelante.
En especial destaquemos la ingenuidad de pensar la historia judía como aislada (el famoso “cerco” de la Torá) de las corrientes religiosas y culturales de Europa de aquellos y estos años. Volveremos sobre este punto en otras contribuciones.
Pero si nos sorprendemos de la actitud “histérica” de los judíos del siglo XVII, tan fácilmente seducidos, arremolinados y convencidos de que Tzvi representaba realmente el momento de la redención de Israel,
¿Qué podemos pensar del tratamiento que recibió Trump en Israel cuando fue alabado, encumbrado, idolatrado como el Redentor de Israel del siglo XXI?
Se lo admita o no, de repente Trump fue colocado como el Salvador de Israel, el Escudo Impenetrable y Seguro de Israel.
Todo eran loas para Trump. Todo eran hurras para Trump.
Trump se convirtió así en el Shabtai Tzvi para muchos judíos del siglo XXI.
Pero digamos a favor de estos judíos que el desengaño con Trump vino más rápido de aquel desengaño que tuvieron los judíos del siglo XVII con su Mesías.
Este desengaño por supuesto que era inevitable, porque Israel no vitoreaba al Trump real sino a un Trump idealizado e inexistente.
Trump nunca defendió los intereses de Israel ni fue amigo de Israel. Lo dije desde el comienzo mismo de la aventura mesiánica que se inauguró con el mismo.
Trump siempre defendió los intereses de Trump y Trump es solo amigo de Trump. Comprender esto implica cuestiones de inteligencia, prudencia y sentido común.
Pero, ¿qué ha pasado con la inteligencia, la prudencia y el sentido común de Israel?
David Ben Gurión el artífice incansable del Estado de Israel jamás recibió ni tantas alabanzas ni tantos reconocimientos. Por el contrario, quizás haberlo hecho hubiera parecido una herejía al Israel de aquella época.
Trump fue erigido como el padre generoso y protector de Israel hasta que dejó de ser padre, protector y generoso, con la gestación del ya firmado (aunque siempre tambaleante) pacto con Irán.
Desde ese momento Israel pasó a sentirse ofendido, confuso y alarmado por este pacto por el cual Israel quedó exiliado y expulsado de cualquier mesa de negociaciones.
Vale la pena reflexionar sobre los motivos, más allá de la locura religiosa mesiánica suscitada hace algunas semanas, que permitan entender el aferramiento maníaco e irracional, shabtaiano, hacia Trump.
Quizás y aunque intente ocultarlo con altanerías y poses orgullosas, hay una parte de Israel que se siente desvalido. Una parte de Israel que se siente huérfano y perdido. Una parte de Israel que busca desesperadamente agarrarse de lo que puede, para no sentirse Solo y Aislado entre las Naciones.
Es ese movimiento que va del “pueblo-elegido” al “pueblo- que- se- elige- a- sí- mismo” con el sionismo al “pueblo- paria- entre- las -naciones” que impone el antisemitismo moderno…
El peso de la condena del antisemitismo es cruel e irresoluto: Israel y los judíos están actualmente aislados y ajenos al Mundo, condenados a un sisifismo cruel y sádico.
Es mucha Soledad. Es mucha Condena. Es demasiada Soledad.
¿Cómo pues no alzar en andas a un Shabtai Tzvi que promete con voz segura e imperativa que cuidará, cobijará y abrazará a este Israel tan, pero tan raudamente castigado? .-
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