Juntos Venceremos
lunes 29 de junio de 2026
#TodasLasMujeresImportan

Raquel Schlosser / Cuando el silencio hiere

Reflexiones a propósito de las declaraciones sobre la violencia sexual del 7 de octubre de Reem Alsalem, Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre la violencia contra las mujeres y las niñas.

#TodasLasMujeresImportan nació de una pregunta que jamás pensamos tener que formular:

¿Hay mujeres cuya palabra sobre la violencia sexual merece menos credibilidad que la de otras? 

Fundamos en México el movimiento #TodasLasMujeresImportan, porque después del 7 de octubre de 2023, vivimos algo que nunca pensamos presenciar dentro del feminismo nacional ni internacional:

El reconocimiento del sufrimiento por agresión sexual de algunas víctimas, parecía depender de dónde vivían y de quiénes creían que eran, más que de lo que habían vivido en las garras de los agresores. El prejuicio sustituyó al juicio.

El ataque del 7 de octubre no fue solamente una incursión armada. Incluyó asesinatos deliberados de civiles, de familias completas, así como secuestros de mujeres, niñas y niños; con violencia sexual en grado de bestialidad.

Existen videos, grabaciones de llamadas telefónicas, imágenes difundidas por los propios ofensores, así como testimonios y documentación recopilada posteriormente por distintos mecanismos internacionales, que han sustentado investigaciones sobre la violencia sexual, ocurrida durante el ataque de terroristas y también en el cautiverio de las secuestradas.

Negar, minimizar o sembrar dudas sobre la violencia sexual, o sobre el uso del cuerpo de la mujer como territorio de guerra, produce una segunda forma de daño a las víctimas, especialmente cuando esas dudas provienen de una voz cuya responsabilidad consiste precisamente en proteger sus derechos.

Durante décadas construimos un consenso ético que afirmaba que la violencia sexual nunca debía relativizarse. Toda mujer y toda niña violada merece ser escuchada sin importar su religión, su nacionalidad, el color de su piel o el conflicto en el que hubiera quedado atrapada. Creíamos que ese era uno de los consensos éticos más sólidos construidos por la humanidad. Después del 7 de octubre, esa certeza se fracturó.

Dos heridas se trenzaron. Una fue la brutalidad del ataque y la violencia sexual perpetrada por Hamás contra la población civil; la segunda fue que parte del movimiento que años tras año pidió creerles a las mujeres, dejó de aplicar ese mismo principio cuando las víctimas fueron israelíes.

Conocí personalmente a Reem Alsalem en México en febrero de 2026. Escuché su conferencia en la que defendía la dignidad de la mujer frente a sistemas que convierten el cuerpo de las mujeres en objeto de explotación. Vi la seriedad con la que tomaba cada intervención de las organizaciones civiles. Leí sus informes sobre maternidad, explotación reproductiva, vientres de alquiler y distintas formas de violencia contra las mujeres. Por esa razón, nunca imaginé que meses después yo escribiría estas líneas. Precisamente por su trayectoria, resulta tan desconcertante que sus declaraciones públicas hayan contribuido a poner en duda los testimonios y la existencia de violencia sexual contra mujeres y niñas israelíes.

Tuve la oportunidad de conversar brevemente con ella. Respeto las diferencias que emergieron entre nosotras y me hubiese gustado escuchar su perspectiva y dialogar. No espero que una Relatora Especial de las Naciones Unidas y yo compartamos las mismas posiciones políticas, lo que sí espero —y creo que cualquier víctima tiene derecho a esperar— es que el mismo estándar ético sea aplicado a todas las mujeres. No es una cuestión de simpatías políticas, sino de coherencia ética.

Reconozco el inmenso sufrimiento que vive la población palestina. Sería incompatible con todo aquello en lo que creo. Cada vida civil perdida merece duelo. Cada violación del derecho internacional humanitario merece ser investigada. Cada mujer violentada merece justicia. Precisamente por eso, sostengo que ninguna causa política puede justificar minimizar el sufrimiento de otras mujeres.

Las instituciones internacionales no existen para proteger narrativas nacionales o posiciones políticas individuales, sino para proteger personas. La autoridad moral de una institución internacional depende, sobre todo, de que todas las víctimas puedan confiar en que serán escuchadas bajo el mismo estándar ético.

Porque #TodasLasMujeresImportan, cuando una sola mujer deja de importar por razones ideológicas, políticas, religiosas o geográficas, comienza a quebrarse la promesa de que la dignidad de una persona nunca dependerá del lugar donde nació, ni de la bandera bajo la cual fue agredida. 

Si aceptamos la contradicción de que la credibilidad de una mujer violada depende de su nacionalidad, de su religión o del conflicto en el que fue agredida, o bien de la posición política de quien investiga, habremos cruzado una frontera ética y moral de la que será muy difícil regresar.

Los derechos humanos comenzaron como una promesa hecha a la humanidad: el compromiso global de garantizar la dignidad, libertad, igualdad y justicia para todas las personas, sin distinción alguna. Esto significa que ninguna persona vale menos por su origen, su identidad o el lado de la frontera en que le tocó sufrir. Esa promesa no debe romperse.

Los derechos humanos fracasan cuando comienzan a distinguir entre las víctimas.

Raquel Schlosser, PhD
Rectora del Instituto de Estudios Transgeneracionales
Cofundadora del movimiento #TodasLasMujeresImportan

 

Fuentes oficiales consultadas:

-Informe de la Oficina del Representante Especial de las Naciones Unidas sobre la Violencia Sexual en los Conflictos (también conocido como informe Patten)

Publicado en 2024

https://www.un.org/sexualviolenceinconflict/wp-content/uploads/2024/03/report/mission-report-official-visit-of-the-office-of-the-srsg-svc-to-israel-and-the-occupied-west-bank-29-january-14-february-2024/20240304-Israel-oWB-CRSV-report.pdf

-Informe del Consejo de Derechos Humanos de la ONU

Publicado en 2024

https://www.un.org/unispal/wp-content/uploads/2024/06/a-hrc-56-crp-3.pdf

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