Elías Farache / Un pueblo solitario

En el Este de Jerusalen, Har Hazeitim reune 150.000 tumbas y tres milenios de memoria. (via Noticias de Israel)

Los judíos leen una porción del Pentateuco cada semana, cada sábado. Una vez leído el Pentateuco, algo que toma un año calendario, se empieza de nuevo este ciclo que nunca termina. Muchas veces, la lectura de la semana tiene relación con algún acontecimiento de nuestras vidas en la semana. Las coincidencias y casualidades son algo que descartan los creyentes, pues la mano y la supervisión del Creador están siempre presentes.  

En la lectura de esta semana que pasó, se lee la muy extraña historia de Bilam. Un profeta de las naciones, que calificaron incluso de más importante que el propio Moisés, pues tenía la capacidad de saber el momento en el cual Di-s desataría su furia. Cuando el pueblo de Israel, tras cuarenta años de peregrinar en el desierto se dirigía a la conquista de la Tierra Prometida, uno de los reyes de la zona, Balak, el rey de Moab, quiso contratar a este Bilam para que maldijese a Israel e impidiese una victoria militar que parecía inminente.

El rey Balak estaba consciente que el Di-s de Israel es poderoso y apoyaba a su pueblo elegido. Quizás, hasta estaba más consciente que los propios israelitas. Su poderío militar sería insuficiente contra las huestes de un pueblo amparado por la divinidad. Acudió entonces a una instancia espiritual, la del brujo Bilam. Brujo o no, lo cierto del caso es que este señor sí se comunicó con Di-s. Bilam no pudo maldecir a Israel, Di-s puso en su boca palabras de bendición. Las mismas que hasta hoy se repiten en las sinagogas y eventos religiosos judíos. Pero la bendición de Bilam no fue con su propia intención, algo que debe destacarse.

Una de las bendiciones de Bilam hace mención a la castidad y recato de la familia judía, algo muy importante en la vida personal y colectiva del judaísmo.  Precisamente, unos capítulos después, el pueblo de Israel es víctima de una plaga mortal por haber caído en la tentación de la inmoralidad y la lujuria, pero esto es tema aparte.

Bilam, impedido de maldecir, y deseoso de cobrar sus honorarios por la misión que no podía cumplir dice, entre otras cosas, lo siguiente:

“… y desde colinas lo diviso, he aquí que es un pueblo que solitario mora, y entre los pueblos no es contabilizado…”

Vista la larga historia del pueblo judío, es muy cierto que en solitario vive. Bien sea en las comunidades judías de la historia, muchas veces aislados en guetos o barrios específicos, con restricciones de movilidad. Otras veces, inmersos en sociedades donde no son aceptados con sus diferencias, sino cuando se asimilan a culturas y conductas ajenas a su acervo. En la actualidad, en pleno siglo XXI, el estado judío mora en soledad entre las naciones.

Israel y sus gobiernos fueron los primeros en denunciar y combatir el peligro de una nación que, de tener poderío nuclear, sería un peligro primero para Israel y también para el mundo. En esta acción, muchas veces ha actuado en solitario. Cuando ha contado con el respaldo de su mayor y mejor aliado, algo parece haberse enfriado en este necesario y agradecido respaldo. Su preocupación y su inminente peligro, no es contabilizado entre las naciones.

El episodio de Bilam sigue con una segunda bendición: “…se agazapó y se recostó cual león y, como un cachorro de león, ¿Quién podrá levantarlo? Quienes te bendigan serán benditos y quienes te maldigan serán malditos”. La operación militar que se ha llevado a cabo de parte de Israel se llama precisamente “como cachorro de león”, y la soledad de Israel es evidente.

Cuando se cumplen tres meses de hostilidades entre Estados Unidos e Irán, Israel ha sido aislado de los términos de un Memorando de Entendimiento entre los primeros citados que significaría un cese al fuego. Como observadores, vemos la profecía de Bilam, hecha a desgano, pero cierta, que he aquí un pueblo que solitario mora. En pleno siglo XXI y con la razón de su parte.

Como todos los domingos desde hace varias semanas, hay muchas noticias que dictan la pauta de los días siguientes. Irán, con espíritu vencedor, ataca a barcos en el estrecho de Ormuz y a intereses americanos. Estados Unidos toma las represalias del caso y el cese al fuego se tambalea una y otra vez. Israel y Líbano firman un acuerdo que no parecería eliminar la amenaza de Hizbolá, mientras Israel entierra un jovencito de 21 años víctima de un ataque terrorista en el Líbano donde hay un teórico cese al fuego.

Un pueblo solitario. Víctima siempre de sus enemigos. A veces, también de sus amigos. Como cachorro de león, ha de levantarse. No hay otra opción.

Elías Farache S.
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