¿Qué harías si supieras que decenas de combatientes enemigos están atrapados bajo una montaña… sin posibilidad de escapar?
Eso es exactamente lo que aseguran las Fuerzas de Defensa de Israel.
Según las estimaciones militares israelíes, entre 30 y 40 integrantes de Hezbolá quedaron atrapados en una compleja red de túneles bajo el Castillo Beaufort y la cordillera de Ali Taher, una de las zonas estratégicas más importantes del sur del Líbano.
Pero lo más sorprendente no fue que quedaran aislados. Lo verdaderamente llamativo fue lo que ocurrió después.
Mientras esos combatientes permanecían bajo tierra, varios terroristas intentaron abrirse paso hasta los túneles para rescatarlos o abastecerlos. De acuerdo con las Fuerzas de Defensa de Israel, esos grupos fueron detectados y neutralizados antes de alcanzar su objetivo.
Si esta versión refleja lo ocurrido sobre el terreno, estamos hablando de una operación de aislamiento militar cuidadosamente planificada.
¿Por qué es tan importante?
Porque Ali Taher no es una simple colina. Se trata de una posición dominante que permite observar amplias zonas del sur del Líbano. Durante años, Hezbolá habría desarrollado allí una red de fortificaciones y túneles destinada a proteger centros de mando, almacenar armamento y facilitar el movimiento de sus combatientes sin exponerse al fuego enemigo.
En otras palabras, era una auténtica fortaleza subterránea.
La táctica de Israel parece haber sido clara: en lugar de lanzarse inmediatamente a combatir dentro de los túneles —un escenario extremadamente peligroso por la posibilidad de explosivos, emboscadas y combates a corta distancia—, las FDI habrían optado por controlar la superficie y bloquear todos los accesos.
Con esa estrategia, los combatientes que permanecían bajo tierra quedarían aislados, sin refuerzos y con opciones cada vez más limitadas.
Sin embargo, hay un elemento que cambia por completo la historia.
Diversos reportes indican que las operaciones ofensivas se vieron condicionadas por el alto el fuego en el frente libanés. Eso significa que el destino final de los combatientes que permanecían dentro del complejo no ha sido confirmado públicamente.
No existen pruebas independientes de que todos hayan muerto ni de que hayan logrado escapar. Lo que sí sabemos es que Israel afirmó haber tomado el control del área y haber impedido que otros operativos llegaran hasta los túneles.
Desde una perspectiva estratégica, este episodio deja tres lecciones.
La primera: Hezbolá continúa dependiendo de una enorme infraestructura subterránea para sostener sus operaciones militares.
La segunda: Israel ha demostrado que no siempre necesita destruir un túnel para neutralizarlo; en ocasiones basta con dominar la superficie y cortar todas las rutas de acceso.
Y la tercera: las decisiones políticas pueden detener una operación militar incluso cuando todavía quedan objetivos importantes sobre el terreno.
Lo ocurrido en Ali Taher podría convertirse en un caso de estudio sobre la guerra moderna entre ejércitos y organizaciones armadas que utilizan redes subterráneas para sobrevivir.
La gran pregunta es si esta batalla representa el final de una de las fortalezas más importantes de Hezbolá… o simplemente el comienzo de una nueva etapa en la guerra de los túneles.
La guerra subterránea no ha terminado; está evolucionando. Cada operación obliga a ambos bandos a modificar sus tácticas, y esa carrera de adaptación podría definir el equilibrio militar en la frontera entre Israel y el Líbano durante los próximos años.
La verdadera pregunta ya no es cuántos combatientes quedaron atrapados bajo Ali Taher, sino quién aprenderá más rápido las lecciones de esta batalla. En los conflictos modernos, la victoria suele pertenecer no solo al que golpea con más fuerza, sino al que consigue adaptarse antes que su adversario.
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