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viernes 03 de julio de 2026

Rabino Yosef Bitton / Amo Israel: Volver al Shomrón

Mi esposa Coty y yo estamos aquí en Israel con nuestra familia, celebrando el Bar Mitzvá de nuestro nieto Yosef. Este miércoles pasado, 16 de Tamuz, salimos de Yerushalayim por la mañana hacia el norte. En menos de una hora el paisaje cambia: se terminan los edificios y empiezan las colinas del Shomrón (Samaria), terrazas de olivos y aldeas sobre las lomas. Es un paisaje bíblico. No hay que imaginarlo: está ahí, del otro lado de la ventana.

SHILO

Nuestra primera parada fue Shiló.

En esta ciudad: “Se congregó toda la asamblea del pueblo de Israel en Shiló” (Yehoshua 18:1).

Aquí, Yehoshua bin Nun reunió a todas las tribus de Israel y se decidió por goral —sorteo— cómo se iba a repartir la tierra: qué tribu se asentaría en el norte, el sur, el centro, las costas.

En Shiló también se estableció el Mishkan, el Tabernáculo, el precursor del gran Templo de Yerushalayim, y estuvo allí por 369 años. Visitamos el sitio del Mishkan, que todavía se puede identificar: un predio de unos 50 metros de largo por 25 de ancho.

Fue allí, en el Tabernáculo de Shiló, donde Janá, la madre de Shemuel —el primer profeta de Israel—, le pidió a HaShem un hijo. Y luego compuso su famosa plegaria de agradecimiento, Tefilat Janá. Está escrita allí, y la leímos en voz alta con mucha emoción.

EL VINO DEL SHOMRÓN

De Shiló fuimos a la bodega Tura, donde almorzamos. Nos dieron para probar tres vinos: blanco, rosado y tinto. Primero recitamos Haguefen, y luego dos veces Hatov veHametiv. Los vinos del Shomrón son famosos en el mundo entero. Han ganado premios internacionales en catas a ciegas, donde los jueces prueban los vinos sin saber de dónde vienen (si no, dudo que hubiéramos ganado).

Allí almorzamos con Yosi Dagan, el gobernador del Shomrón, y responsable, junto con el extraordinario ministro Betzalel Smotrich, de la increíble y milagrosa reconstrucción y restablecimiento de 22 nuevas comunidades en el Shomrón, lo que los Goyim llaman West Bank.

Para el postre, mi hijo, el Rab David, dijo un hermoso Debar Torá. Empezó diciendo: אנחנו שותים נבואה — “Estamos bebiendo una profecía”. Se refería a las palabras del profeta Yirmiyahu que, mirando este territorio de Israel completamente despoblado y destruido, se animó a decir:

ע֚וֹד תִּטְּעִ֣י כְרָמִ֔ים בְּהָרֵ֖י שֹׁמְר֑וֹן נָטְע֥וּ נֹטְעִ֖ים וְחִלֵּֽלוּ׃

En el futuro, los yehudim “volverán a plantar viñas en los montes del Shomrón… y disfrutarán de su fruto” (Yirmiyahu 31:4).

Fíjense en el detalle: el pasuk no dice “en Israel” en general, sino específicamente en los montes del Shomrón — el lugar exacto donde está esta bodega “Tura” y otras bodegas famosas, como “Shiloh”. Y la palabra final, vechilelu, es un término halájico que aplica solo a los yehudim: se refiere a redimir el fruto del cuarto año (neta revai) para poder consumirlo con una gran celebración. Es decir: la profecía no anuncia solamente viñas plantadas, sino a los judíos bebiendo con alegría del fruto de la viña de esos montes — ¡como lo estábamos haciendo en ese mismo momento!

Luego del vino, a mí me hacía falta un café turco Elite para mantenerme despierto y llegar sobrio a nuestro destino principal: el monte Ebal (הר עיבל).

HAR EBAL

Fue una hora de viaje para llegar al pasado: unos 3.500 años atrás. ¿Nuestro destino?

El altar que construyó Yehoshua bin Nun:

אָ֣ז יִבְנֶ֤ה יְהוֹשֻׁ֙עַ֙ מִזְבֵּ֔חַ לַֽה׳ אֱלֹ-הֵ֣י יִשְׂרָאֵ֑ל בְּהַ֖ר עֵיבָֽל׃

“Entonces Yehoshua construyó un altar a ה׳, Dios de Israel, en Har Ebal” (Yehoshua 8:30).

Moshé le había indicado a Yehoshua que, al entrar a la tierra de Israel, realizara una ceremonia de confirmación del pacto entre Dios e Israel: que escribiese la Torá sobre piedras —no talladas, sino revestidas con cal—, que leyera las condiciones del Pacto frente a todo el pueblo y que allí, en ese mismo lugar, ofreciera sacrificios y ofrendas de agradecimiento a Dios.

En los años 80, el arqueólogo Adam Zertal identificó este altar. Se descubrieron miles de huesos quemados de animales considerados puros por la Torá —es decir, aptos para ser sacrificados—. El altar está hecho tal como indica la Torá: con una rampa en lugar de las escaleras que hacen los pueblos paganos, y está construido con piedras completas, que no fueron talladas con instrumentos de metal. ¡Es el sitio arqueológico identificable más antiguo de la historia de Israel en su tierra!

Fue muy emocionante estar allí y visualizar, desde ese lugar, a nuestros antepasados entre los dos montes, a los Kohanim y Leviim frente a nosotros en el valle, escuchando a Yehoshua bin Nun leyendo la Torá.

EL RESET

Pero no solamente pudimos ver el pasado. También vimos el futuro. Parados en la cima de Har Ebal, de espaldas al altar, el paisaje domina el norte del Shomrón: el monte Gerizim enfrente, el valle abajo, y colinas con numerosas aldeas y ciudades árabes, como Shejem —y creo que también Jenin— y otras poblaciones árabes.

Pero desde ese lugar se veían también los nuevos asentamientos judíos: Har Berajá, sobre el mismo monte Gerizim. Elon More, muy cerca, hacia el este. Itamar.

SHABBAT SHALOM

Rab Yosef Bitton
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