Trump y el presidente de Líbano lanzan un mensaje que puede cambiar Oriente Medio.
La reunión entre Donald Trump y el presidente libanés Joseph Aoun en la Casa Blanca podría convertirse en uno de los acontecimientos más importantes para la seguridad de Oriente Medio en los últimos años.
¿Por qué?
Porque, por primera vez, un presidente libanés declaró públicamente que su objetivo es poner fin “para siempre” al estado de hostilidad entre Líbano e Israel. Una frase que hace apenas unos años habría parecido impensable.
Pero las palabras de Aoun fueron acompañadas por un respaldo contundente de Donald Trump.
El presidente estadounidense prometió ayudar “mucho” al Líbano y dejó abierta incluso la posibilidad de dialogar con Hezbolá si el gobierno libanés lo considera necesario para alcanzar una solución política.
Al mismo tiempo, Washington confirmó que trabaja para fortalecer al Ejército libanés y consolidar la autoridad del Estado sobre el sur del país.
Y aquí es donde comienza el verdadero problema.
Porque el principal obstáculo para ese proyecto tiene un nombre: Hezbolá.
Durante más de cuatro décadas, esta organización no solo ha sido una fuerza militar. Ha construido una enorme estructura política, social y armada respaldada por Irán. Su poder se basa precisamente en mantener un ejército propio, independiente del Estado libanés.
Por eso, cualquier intento de que el Ejército del Líbano sustituya a Hezbolá en el sur representa una amenaza directa para la organización.
¿Significa esto que Joseph Aoun está en peligro?
La respuesta es sí, aunque conviene ser muy precisos.
No existe ninguna información pública que indique que Hezbolá haya ordenado un atentado contra el presidente libanés ni que exista una recompensa por su muerte. Sin embargo, es evidente que su perfil de riesgo aumenta. La historia del Líbano está marcada por asesinatos políticos, atentados y una intensa lucha entre facciones. Cuando un líder intenta modificar el equilibrio de poder, inevitablemente entra en una zona de alto riesgo.
Mientras tanto, la situación sobre el terreno continúa siendo extremadamente delicada.
Aunque Estados Unidos anunció el inicio de un repliegue gradual de fuerzas israelíes de algunas localidades del sur del Líbano, las Fuerzas de Defensa de Israel mantienen presencia en puntos estratégicos y continúan actuando cuando detectan amenazas. En las últimas horas, el propio ejército israelí informó de disparos de advertencia en zonas donde considera que persisten riesgos de seguridad. El objetivo es que, de manera progresiva, sea el Ejército libanés quien asuma el control del territorio, desplazando la influencia militar de Hezbolá.
En otras palabras, estamos entrando en una nueva fase.
Ya no se trata únicamente de una confrontación entre Israel y Hezbolá. Ahora también se libra una batalla política dentro del propio Líbano: la del Estado contra una organización armada que durante décadas ha ejercido un enorme poder.
La gran incógnita es si Joseph Aoun conseguirá fortalecer al Estado sin provocar una nueva explosión interna.
Porque si este proceso fracasa, Hezbolá podría recuperar la iniciativa.
Pero si tiene éxito, Oriente Medio podría estar asistiendo al comienzo de una transformación histórica que hace apenas unos años parecía imposible.
Las próximas semanas serán decisivas.
________________________________________________________________________
Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudío