Mientras el mundo sigue mirando a Irán… podría estar gestándose un cambio mucho más profundo.
La administración de Donald Trump está dispuesta a respaldar un programa nuclear civil para Arabia Saudita. Hasta ahí, muchos dirán: “No hay problema, es para producir electricidad”. Pero el verdadero asunto no son los reactores.
El verdadero asunto es otro: el enriquecimiento de uranio.
Y aquí es donde todas las alarmas comienzan a sonar.
Porque un país no necesita enriquecer uranio para tener energía nuclear. Puede comprar el combustible ya procesado, como hacen muchas naciones.
Entonces, ¿por qué Arabia Saudita insiste tanto en hacerlo por sí misma?
La respuesta podría cambiar el equilibrio de poder de todo Oriente Medio.
Oficialmente, Riad afirma que quiere independencia energética. Que desea controlar todo el ciclo del combustible nuclear y no depender de ningún proveedor extranjero.
Suena razonable.
Pero existe una segunda lectura.
La misma tecnología que produce combustible para un reactor también puede acercar a un país a fabricar material para una bomba atómica si algún día toma esa decisión política.
No significa que Arabia Saudita esté construyendo un arma nuclear.
Pero sí significa que estaría mucho más cerca de hacerlo si el escenario internacional cambia.
Y eso preocupa profundamente a Israel.
¿Por qué?
Porque Jerusalén lleva décadas luchando para impedir que cualquier potencia hostil de la región adquiera capacidades nucleares sensibles.
Además, existe una lección que Israel conoce demasiado bien.
Hace años, Irán también aseguraba que su programa nuclear era exclusivamente pacífico.
Hoy, el programa nuclear iraní sigue siendo uno de los mayores focos de tensión del planeta.
Por eso, desde la perspectiva israelí, la pregunta no es quién gobierna hoy en Arabia Saudita.
La pregunta es quién gobernará dentro de veinte o treinta años.
Los gobiernos cambian.
Las alianzas cambian.
Las revoluciones ocurren.
Pero las centrifugadoras permanecen.
Y aquí aparece otro elemento explosivo.
Si Estados Unidos acepta que Arabia Saudita enriquezca uranio…
¿Qué impedirá que Egipto exija exactamente lo mismo?
¿O Turquía?
¿O cualquier otra potencia regional?
En ese momento, Oriente Medio podría entrar en una carrera nuclear sin precedentes.
Cada país justificando su programa porque el vecino también lo tiene.
Cada gobierno acumulando tecnología que, sobre el papel, es civil… pero que podría transformarse rápidamente en una capacidad militar.
Existe además un dato que muchos olvidan.
Hace algunos años, el príncipe heredero Mohammed bin Salman fue muy claro: si Irán consigue un arma nuclear, Arabia Saudita hará lo mismo.
Esa declaración sigue pesando sobre todas las negociaciones actuales.
Por eso este debate no trata únicamente de electricidad.
Tampoco trata únicamente de negocios entre Washington y Riad.
Se trata del futuro equilibrio estratégico de toda la región.
Porque una decisión tomada hoy en un despacho de Washington podría definir la seguridad de Oriente Medio durante las próximas décadas.
Y la gran pregunta permanece abierta.
¿Estamos viendo el nacimiento de un Oriente Medio más estable… o el primer paso hacia una carrera nuclear que nadie podrá detener?
Las próximas decisiones de Estados Unidos, Arabia Saudita, Israel e Irán podrían marcar el comienzo de una nueva era. Una era en la que el poder ya no se medirá solo por los ejércitos o los misiles, sino por quién esté más cerca de cruzar el umbral nuclear.
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