Cuauhtémoc Cárdenas, ex coordinador de la Comisi

ón organizadora de las conmemoraciones del 2010, lamenta el desperdicio y el despilfarro, y haber perdido una oportunidad de oro para lograr concretar obras públicas y sociales, actividades culturales de mayor trascendencia y cohesión social.

Cuauhtémoc Cárdenas, ex coordinador de la Comisi ón organizadora de las conmemoraciones del 2010, lamenta el desperdicio y el despilfarro, y haber perdido una oportunidad de oro para lograr concretar obras públicas y sociales, actividades culturales de mayor trascendencia y cohesión social.

“No lamento no haber sido yo quien presida las celebraciones, no hay indispensables, pero sí lamento que no se haya hecho nada. Sólo tuvimos espectáculos con un altísimo costo, un dispendio hueco fuera de razón”, dice.
Sus declaraciones surgen como consecuencia de la publicación del libro Por la Izquierda. Medio siglo de historias en el periodismo mexicano contadas por Granados Chapa, de mi autoría, en las que el autor de la Plaza Pública lo critica por haber aceptado aquel cargo de manos de Vicente Fox.
“Ser empleado de Fox sólo fue una maniobra contra López Obrador a la que Cárdenas se prestó. Cárdenas aceptó un cargo de quien había desaforado a Andrés Manuel. Tomó la responsabilidad en junio, es decir, antes de las elecciones, sólo para validar al régimen, dividir a la izquierda y renunciar cinco meses después”, acusó Granados Chapa, distanciándose de la figura emblemática del PRD a quien antes admiró y por quien votó en 1988, 1994 y 2000.
Cárdenas rechaza categóricamente la imputación del periodista: “yo no traicioné a López Obrador ni al PRD”. Aclara que antes de aceptar el cargo de los festejos puso una condición: consultar a los cinco candidatos en campaña -AMLO, Felipe Calderón, Roberto Campa, Roberto Madrazo y Patricia Mercado- para tener un apoyo consensuado.
“Si a uno solo le incomodaba mi presencia, no habría tomado el cargo. Hablé con todos. El primero fue Andrés Manuel, vino a mi casa, estaba en campaña en la capital. Se entusiasmó con el ofrecimiento, en ningún momento titubeó. Fue claro y directo: me pidió que aceptara y me ofreció todo su apoyo en caso de que él ganara la elección presidencial”, afirma.
Señala además que el nombramiento no se lo dio Fox, sino una comisión que incluía a los titulares del Ejecutivo, la Suprema Corte, las dos Cámaras y el jefe de Gobierno del Distrito Federal.
“Jamás consideré la deferencia como una trampa o una maniobra política. Me gustó la idea, me parecía una distinción y una oportunidad de hacer un trabajo importante”, afirma.
El programa En julio de 2006 Cárdenas comenzó a trabajar con un equipo de seis especialistas sin aceptar remuneración alguna hasta que hubiera un programa.
Pretendían hacer una revisión académica de los movimientos, una discusión nacional con miras al futuro. Vincular las celebraciones y análisis con los otros cinco países latinoamericanos que también conmemoraron sus bicentenarios (Argentina, Chile, Bolivia, Venezuela y Colombia); así como con España, Francia y Estados Unidos, cuyas historias fueron determinantes en la Colonia y la conquista independentista. Coordinar los eventos nacionales con los de los estados y especialmente con sitios emblemáticos como Cuautla, Dolores Hidalgo, Hacienda de Guadalupe y San Luis Potosí.
Promover concursos de novela, ensayo, danza y música popular. Y, especialmente, un programa de obra pública vinculado a los centenarios.
“Pero no nada más un letrerito que dijera Ruta 2010, sino programas de infraestructura y de carácter social, metas que habrían podido alcanzarse de 2007 a 2010 en materia de salud, enfermedades curables, educación, índices de pobreza; acciones completas vinculadas a las celebraciones”, explica.
Tenían propuestas del Centro de Estudios de las Revoluciones y del INBA, y se preveía que hubiera un consejo nacional consultivo, y un consejo internacional para coordinar lo que desde México se haría en otros países. “Empecé a recorrer los estados, ver posibilidades de crear museos en Coahuila y Dolores Hidalgo. Nuestra intención no era sólo un festejo el 15 y 16 de septiembre y otro el 20 de noviembre. Era mucho más que eso; teníamos tiempo y ganas de lograrlo”. añade.
En septiembre del 2006, sin embargo, se enrarecieron los ánimos. Tras el triunfo de Calderón, con franca animadversión social, una parte de la izquierda comenzó a hacer campaña en contra de Cárdenas y lo usó como chivo expiatorio. Hubo señalamientos como el que ahora hace Granados Chapa, de no haberse sumado abiertamente a la campaña de López Obrador y apoyar a Acción Nacional.
Quizá la gota que derramó el vaso fue una declaración de Elena Poniatowska publicada en La Jornada, el 10 de septiembre de 2006, en la que culpaba a Cárdenas, Patricia Mercado y al subcomandante Marcos de no haber apoyado a AMLO “por envidia”.
Cárdenas le envió una carta abierta a Elena rechazando sus señalamientos, argumentando sus discrepancias con el proyecto de nación de AMLO, defendiendo su derecho a disentir y cuestionando la falta de tolerancia en el PRD y la satanización contra aquellos que no aceptaban incondicionalmente las propuestas y decisiones de la cúpula.
Semanas después, a principios de noviembre, renunció al cargo. “Consideré que mi presencia estorbaría las conmemoraciones, que debían llevarse a cabo con fluidez y servir para dar cohesión social, unificar criterios y voluntades”, explica.
La decisión la tomó en casa, con Celeste, su mujer, y con sus hijos. “Me dolió mucho porque era una oportunidad extraordinaria. Me gustaba andar de un lado a otro del país haciendo cosas, estableciendo discusiones con intelectuales de América Latina, buscando una visión de futuro. Era estimular a que todos hicieran: crear ensayos, corridos, sinfonías, obras pictóricas o ballets. Era promover la creatividad en todo el país, dar cohesión en materia de ideas, reconocer las contribuciones de dos grandes movimientos sociales no obstante las visiones distintas, ver hacia el futuro a partir de la historia”.
Según Cárdenas, se perdió una oportunidad de oro y nada quedó para la posteridad. “Los festejos se limitaron a regalar banderitas, levantar un coloso que está roto y abandonado en una bodega, gastar a manos llenas sin sentido y organizar una olimpiada con clavados en el Ángel que recordaremos por el caos vial que ocasionó. La falta de visión ha sido lamentable, da lástima”, concluye.
Cuauhtémoc Cárdenas, ex coordinador de la Comisi ón organizadora de las conmemoraciones del 2010, lamenta el desperdicio y el despilfarro, y haber perdido una oportunidad de oro para lograr concretar obras públicas y sociales, actividades culturales de mayor trascendencia y cohesión social.
“No lamento no haber sido yo quien presida las celebraciones, no hay indispensables, pero sí lamento que no se haya hecho nada. Sólo tuvimos espectáculos con un altísimo costo, un dispendio hueco fuera de razón”, dice.
Sus declaraciones surgen como consecuencia de la publicación del libro Por la Izquierda. Medio siglo de historias en el periodismo mexicano contadas por Granados Chapa, de mi autoría, en las que el autor de la Plaza Pública lo critica por haber aceptado aquel cargo de manos de Vicente Fox.
“Ser empleado de Fox sólo fue una maniobra contra López Obrador a la que Cárdenas se prestó. Cárdenas aceptó un cargo de quien había desaforado a Andrés Manuel. Tomó la responsabilidad en junio, es decir, antes de las elecciones, sólo para validar al régimen, dividir a la izquierda y renunciar cinco meses después”, acusó Granados Chapa, distanciándose de la figura emblemática del PRD a quien antes admiró y por quien votó en 1988, 1994 y 2000.
Cárdenas rechaza categóricamente la imputación del periodista: “yo no traicioné a López Obrador ni al PRD”. Aclara que antes de aceptar el cargo de los festejos puso una condición: consultar a los cinco candidatos en campaña -AMLO, Felipe Calderón, Roberto Campa, Roberto Madrazo y Patricia Mercado- para tener un apoyo consensuado.
“Si a uno solo le incomodaba mi presencia, no habría tomado el cargo. Hablé con todos. El primero fue Andrés Manuel, vino a mi casa, estaba en campaña en la capital. Se entusiasmó con el ofrecimiento, en ningún momento titubeó. Fue claro y directo: me pidió que aceptara y me ofreció todo su apoyo en caso de que él ganara la elección presidencial”, afirma.
Señala además que el nombramiento no se lo dio Fox, sino una comisión que incluía a los titulares del Ejecutivo, la Suprema Corte, las dos Cámaras y el jefe de Gobierno del Distrito Federal.
“Jamás consideré la deferencia como una trampa o una maniobra política. Me gustó la idea, me parecía una distinción y una oportunidad de hacer un trabajo importante”, afirma.
El programa En julio de 2006 Cárdenas comenzó a trabajar con un equipo de seis especialistas sin aceptar remuneración alguna hasta que hubiera un programa.
Pretendían hacer una revisión académica de los movimientos, una discusión nacional con miras al futuro. Vincular las celebraciones y análisis con los otros cinco países latinoamericanos que también conmemoraron sus bicentenarios (Argentina, Chile, Bolivia, Venezuela y Colombia); así como con España, Francia y Estados Unidos, cuyas historias fueron determinantes en la Colonia y la conquista independentista. Coordinar los eventos nacionales con los de los estados y especialmente con sitios emblemáticos como Cuautla, Dolores Hidalgo, Hacienda de Guadalupe y San Luis Potosí.
Promover concursos de novela, ensayo, danza y música popular. Y, especialmente, un programa de obra pública vinculado a los centenarios.
“Pero no nada más un letrerito que dijera Ruta 2010, sino programas de infraestructura y de carácter social, metas que habrían podido alcanzarse de 2007 a 2010 en materia de salud, enfermedades curables, educación, índices de pobreza; acciones completas vinculadas a las celebraciones”, explica.
Tenían propuestas del Centro de Estudios de las Revoluciones y del INBA, y se preveía que hubiera un consejo nacional consultivo, y un consejo internacional para coordinar lo que desde México se haría en otros países. “Empecé a recorrer los estados, ver posibilidades de crear museos en Coahuila y Dolores Hidalgo. Nuestra intención no era sólo un festejo el 15 y 16 de septiembre y otro el 20 de noviembre. Era mucho más que eso; teníamos tiempo y ganas de lograrlo”. añade.
En septiembre del 2006, sin embargo, se enrarecieron los ánimos. Tras el triunfo de Calderón, con franca animadversión social, una parte de la izquierda comenzó a hacer campaña en contra de Cárdenas y lo usó como chivo expiatorio. Hubo señalamientos como el que ahora hace Granados Chapa, de no haberse sumado abiertamente a la campaña de López Obrador y apoyar a Acción Nacional.
Quizá la gota que derramó el vaso fue una declaración de Elena Poniatowska publicada en La Jornada, el 10 de septiembre de 2006, en la que culpaba a Cárdenas, Patricia Mercado y al subcomandante Marcos de no haber apoyado a AMLO “por envidia”.
Cárdenas le envió una carta abierta a Elena rechazando sus señalamientos, argumentando sus discrepancias con el proyecto de nación de AMLO, defendiendo su derecho a disentir y cuestionando la falta de tolerancia en el PRD y la satanización contra aquellos que no aceptaban incondicionalmente las propuestas y decisiones de la cúpula.
Semanas después, a principios de noviembre, renunció al cargo. “Consideré que mi presencia estorbaría las conmemoraciones, que debían llevarse a cabo con fluidez y servir para dar cohesión social, unificar criterios y voluntades”, explica.
La decisión la tomó en casa, con Celeste, su mujer, y con sus hijos. “Me dolió mucho porque era una oportunidad extraordinaria. Me gustaba andar de un lado a otro del país haciendo cosas, estableciendo discusiones con intelectuales de América Latina, buscando una visión de futuro. Era estimular a que todos hicieran: crear ensayos, corridos, sinfonías, obras pictóricas o ballets. Era promover la creatividad en todo el país, dar cohesión en materia de ideas, reconocer las contribuciones de dos grandes movimientos sociales no obstante las visiones distintas, ver hacia el futuro a partir de la historia”.
Según Cárdenas, se perdió una oportunidad de oro y nada quedó para la posteridad. “Los festejos se limitaron a regalar banderitas, levantar un coloso que está roto y abandonado en una bodega, gastar a manos llenas sin sentido y organizar una olimpiada con clavados en el Ángel que recordaremos por el caos vial que ocasionó. La falta de visión ha sido lamentable, da lástima”, concluye.

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