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RODICA RADIAN GORDON
EMBAJADORA DE ISRAEL EN MÉXICO

Los más recientes acontecimientos en el Medio Oriente han llamado nuestra atención a la revolución de las telecomunicaciones y específicamente el lugar que ocupa la media digital en el cambio de moda de acción, no solo de individuos sino de la sociedad entera.

Mientras que es prematuro determinar el escenario futuro en el Medio Oriente debido a los cambios diarios en los países de la región, somos testigos de una revolución facilitada por el uso de la tecnología más avanzada en la red conocida como “Web 2.0”. Dicha tecnología garantiza la tanto rápida como libre, y sobre todo carece de jerarquía, difusión de la información.

El uso del internet crece ampliamente año tras año. De acuerdo a los datos de 2009 un 30 por ciento de la población mundial son usuarios de la red. A pesar de que existen brechas en cuanto al uso del internet entre países desarrollados y en vías de desarrollo, en el Medio Oriente, que representa un 3.2 por ciento de la población mundial, el uso se determina en 29 por ciento en promedio. Sin embargo, dentro de la misma zona se encuentran diferencias significativas entre el uso amplio en países como Egipto o Arabia Saudita y el uso limitado en países como Libia o Yemen. Es curioso mencionar, que en América Latina aproximadamente 32 por ciento de la población son usuarios de la red.

El poder de la información al cruzar fronteras y así llegar rápidamente a cientos o aún miles de millones personas, cambia esencialmente la manera en la cual adquirimos la información y tomamos decisiones, inclusive en los ámbitos económicos y políticos. La información tiende a ser más personalizada e interactiva y además acerca al ciudadano y a los que toman las decisiones. Durante su campaña electoral el presidente Obama aprovechó la plataforma de internet para establecer contacto directo con sus seguidores. Según la información publicada en la prensa, el presidente Calderón ha alcanzado unos 400 mil seguidores en su cuenta de Twitter.

El hecho de que individuos, a pesar de la distancia física, se encuentran juntos en el espacio virtual, pudiendo así crear “internet democracy”, refleja el cambio en el patrón de comportamiento y requiere una correlación entre la manera en la que la información es difundida y el contenido transmitido. Dicha correlación es necesaria para nuestra interactuación con los medios de comunicación, pasando por las empresas comerciales, hasta llegar a la economía y al mundo político-diplomático.

Hoy, más que nunca, en los tiempos posteriores a las revelaciones de Wikileaks, la diplomacia debe de adaptarse a la globalización de la información, y a las enormes cantidades ya accesibles de la misma.

Por lo tanto, la nueva diplomacia debe expandir su labor en el espacio digital, de tal forma que se tomará en cuenta la opinión pública expresada en los diferentes medios de este espacio. Paralelamente, la transmisión de los mensajes debe ser más efectiva y personal, mientras más en vivo – más actualizada, y así de mejor calidad y precisión.

La nueva diplomacia compite en un espacio en el cual actúan varios protagonistas que crean constantemente comunidades virtuales de la sociedad civil, a las cuales atribuimos un rol importante en los cambios socio-políticos. Como consecuencia de lo anterior, la nueva diplomacia debe ser accesible, confiable, diversa en términos de su contenido, y su valor agregado debe ser lo del entusiasmo.

Indudablemente, se trata de difíciles desafíos a sobrellevar, transformando el mundo diplomático tradicional, el del “traje y la corbata” al del teclado y las redes sociales. Sin embargo, una transformación exitosa es indispensable para la relevancia de la diplomacia en nuestro mundo cambiante.

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