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Dos años después de la muerte del Rabino Jaim Sued, desaparece Miriam, su esposa

 

ENLACE JUDÍO/MAGUÉN DAVID

Dos años tras la desaparición de Jajam Jaim Sued Z¨L, en la misma semana del hesped, desaparece Miriam Sued, su esposa.

Uno de sus hijos, desconsolado, expresaría: “Detrás de un gran hombre hay una gran mujer pero mi madre siempre estuvo A SU LADO.

Ella falleció en Canadá, 2 años después que mi padre, y la enterramos junto a él, en Nueva York”.

Quienes la conocimos, entendíamos que de ella emanaba la alegría, la fe y la fuerza que siempre fueron características de este gran rabino.

Descanse en paz esta Eshet Jail que significó tanto para nuestra Comunidad, pues su labor de bondad siempre fue tras bambalinas.

El Rabino siempre se consideró parte de un todo que incluía a su esposa.

Por lo mismo, las palabras que siguen, aunque son dirigidas al Jajam, describen a ambos: Jaím y Miriam.

Renée Harari, amiga de la familia, nos envió este artículo de la revista Maguén David, así como algunas fotografías.

CUATRO TESTIMONIOS PARA EL JAJAM JAÍM SUED Z”L

“Fue un gran maestro de la tradición”
Salomon Achar
Presidente Maguén David

Un amigo no muere; tan solo deja de estar a tu lado. El recuerdo de nuestro querido Jajam Sued, maestro, Rabino y amigo estará presente siempre entre nosotros.
Al decir adiós al Rabino Sued, la Comunidad Maguén David quiere honrar su memoria, agradecer su existencia, su apoyo constante, sus consejos, su amistad y, sobre todo, reconocer públicamente y una vez más, el irrepetible legado de su vida y de su obra, y lo significativo que fue para nuestras comunidades.

“Cuando muere un justo”
Jenny Ase Chayo

En honor a mi Jajam, Jaim Sued q.e.p.d.
El mundo está edificado sobre la bondad.
Cuando muere un justo lloran las piedras, el alma de las cosas se hace más pequeña, brama el silencio sobre las calles y un llanto mudo estalla contra las horas.
Cuando muere un justo, la oscuridad se cierne sobre los hombres, porque una luz intensa se despide del mundo, y se eleva más allá y nos deja solos, buscando un nombre, una mirada que nos contenga.
Cuando muere un justo levantamos a Dios nuestras plegarias y sin entender caemos en la memoria, en los años en que aprendimos, compartimos, escuchamos y fuimos testigos de una historia.
Un hombre justo levanta en cada corazón que lo visita un edificio de enseñanzas, construye cimientos en el mundo y eslabón por eslabón una escalera que une la tierra con el cielo. Porque él sabe su misión, la ejerce a cada instante y actúa sin dudar ni preguntar; tiene en el espíritu la sabiduría y la honda huella de Dios impresa en el alma.
Es esta huella la que el Jajam Jaim Sued dejó en cada uno de nosotros, ¿cómo no reír ante el recuerdo de un hombre que todavía nos colma? Los ecos de sus consejos, la fuente de su fe, la fuerza de su presencia y de su acción constante.
Un rostro confiado y confiable, una palabra de consuelo para quien se le acercara en su dolor, capacidad infinita para compartir las alegrías, consejo certero y brillante para los muchos que tocamos a su puerta. Niños, jóvenes, adultos, para el Jajam Sued no había diferencias, porque él tocaba la humanidad de los otros, tanto como su propia humanidad, y eso era lo que le importaba. Un hombre que era fiel a sí mismo tanto como a sus alumnos y sus amigos, ¿había para él alguna diferencia?

A veces Dios, en su infinita misericordia, pone en nuestro camino desde muy temprana edad a las personas que habrán de acompañarnos en nuestro crecimiento espiritual, emocional, religioso y humano.
Dice el Pirkei Avot: Taasé lejárav , u knee lejá javer(hazte de un rabino y hazte de un amigo), sé que muchos tuvimos la bendición de tener un rabino que a su vez era un amigo. Con respecto a esta frase talmúdica, me dijo una vez el Jajam : “Taasé lejá rav también se puede interpretar como: haz para ti mucho”, refiriéndose a la importancia de hacer muchas mitzvot en esta tierra.
Del Jajam Sued aprendí la conciencia del tiempo sagrado: para él, cada instante era una oportunidad para actuar en el mundo en pro del hombre. Aprendí que servir a Dios es servir al otro, al que toca a tu puerta, al que encuentras en la calle, a quien se cruza con tu mirada con un deseo anhelante de paz y sosiego.
Del Jajam aprendí que la Torá es fuente infinita de sabiduría, de esa fuente, de la que él bebía incansablemente, era de donde salían sus palabras cristalinas y su misericordia interminable.
Aprendí también que un justo y un jasid es aquella persona que se sale de sí misma para cumplir su compromiso con Dios y con los hombres, Aprendí a alabar a Dios con alegría, conmemorar la vida, y agradecerla, y saber que las lágrimas también son una vía para llegar a nuestro creador.
Lo vi sólo algunas veces durante su enfermedad, la última fue en Purim: él y su esposa Miriam, mujer admirable, fuerte e incansable, quien lo sostuvo siempre, decidieron hacer en su casa la tradicional fiesta; el espacio estaba repleto, se leyó la Meguilá, el Jajam Sued, a pesar de su debilidad dijo unas palabras de Torá, habló de la importancia de tener una fe infinita en Dios, y repartió billetes a cada una de las señoras que le agradecían, lo bendecían y se despedían de él.
El viernes 24 de abril, de 2009, murió el Jajam Jaim Sued, tras una larga enfermedad; el domingo 26 de abril, me habló mi hermana para darme la noticia de su muerte; ese día todos los negocios comenzaron a cerrar, la ciudad de México estaba siendo atacada por el virus de la influenza, la gente comenzó a salir menos de sus casas y parecía como si la ciudad entera se hubiese pusto de luto, había muerto un Tzadik, no pude evitar pensar en la coincidencia, quizá fue en ese momento donde empecé a escribir:
Cuando muere un justo lloran las horas, el alma de las cosas se hace más pequeña, brama el silencio sobre las calles y un llanto mudo estalla contra las piedras.
Cuando muere un justo se apaga una luz en la tierra pero empieza a brillar en el cielo y desde ahí nos alumbra, y quizá, ese ser que encendió llamas en los corazones de quienes lo conocieron sabe que su espíritu habitará en cada uno de nosotros. Unidas esas llamas en fuego eterno harán brillar para siempre su memoria.

“Un buen consejero, un astuto psicólogo, y un sabio maestro”
Vicky Massry de Mamieh

Nuestros hijos y nietos ahora le están eternamente agradecidos a este gran hombre por sus 12 años ininterrumpidos de aprendizaje y crecimiento. Fue mucho más que un maestro y supo llevarnos a alturas inconcebibles de enriquecimiento espiritual.
Así como supo cambiar nuestras vidas para bien, hizo incontables obras benévolas para el bienestar de cada uno de los integrantes de nuestra santa comunidad. Su legado está aún presente en cada uno de nosotros.
A partir de su llegada a México, desde su Argentina natal en 1967, se dedicó por completo a orientar a los jóvenes, especialmente, hacia el camino correcto.
Bajo su sabio auspicio, la Yeshivá Kéter Torá creció y formó jóvenes responsables y dedicados al estudio de la Torá. Más tarde, en la comunidad Maguen David, los asistentes de la Sinagoga Shaaré Shalom se enriquecieron bajo su liderazgo y gusto por el aprendizaje de nuestra religión.
Siempre se interesó en ayudar a la gente, ya sea restableciendo la armonía en el hogar de alguna pareja que estuviera atravesando por algún conflicto, o girando de dirección a algún joven buscando respuestas y errando por el camino equivocado”.

“Un hombre de una sola pieza, que siempre caminó por la vida con rectitud”
Marcos Shabot
Ex presidente de Maguén David

“Convencido de que dice más el ejemplo que la palabra, su vida fue generosa en propuestas, compromisos y en el ejemplo de congruencia que nos legó”.
Se distinguió por su generosidad y su honestidad, Su recuerdo deja entre nosotros entre nosotros la imagen del hombre sincero, sencillo, leal a sus convicciones que acompañado de su esposa e hijos supo vivir y con dignidad sobrellevó su terrible enfermedad.
Interesado por darle a la mujer un lugar preponderante en la sociedad y estimularla para acercarse al judaísmo, realizó diferentes actividades y due guía espiritual de los jóvenes, con quiens tuvo un gran acercamiento. Cada año, durante la fiesta de Purim, daba lectura a la Meguilá de forma ininterrumpida. Aún este año, a pesar de su salud, recibió a todos los presentes con el corazón abierto.
Hoy, el Jajam se ha ido, pero nos deja su ejemplo, nos deja el sentimiento de su afecto nos deja sus ideas y sobre todo nos deja la responsabilidad, a su familia, a sus amigos y alumnos, de hacer honor a su legado.

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