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Farsa Navideña

IRVING GATELL

EN EXCLUSIVA PARA ENLACE JUDÍO

(Obra de Teatro tonta con glosas tanto o más estúpidas que la obra como tal, pero relativamente indispensables para entender de qué se trata el asunto; un buen conocedor del metodismo —así como sus congregaciones en la Ciudad de México— y del judaísmo puede prescindir más o menos de las mismas; si, además, es un buen conocedor de Raquel Castro y un servidor, puede prescindir completamente de las tales; sin embargo, sugiero que se lean, porque me parece que sólo tres o cuatro personajes en este planeta nos conocen bien a Raquel y a mí; otros pueden acaso conocer bastante bien al metodismo y sus comunidades locales, pero dudo que sepan un ajo de judaísmo; en contraparte, conozco a varios judíos eruditos en sus materias, y que me conocen potablemente, pero no conocen a Raquel y dudo que les interese un rábano conocer el metodismo; conozco además un nutrido grupo de gente que conoce a Raquel, pero la mayoría no me conoce demasiado. Pensándolo bien, me parece que los únicos que conocen lo suficientemente bien el judaísmo, el metodismo —así como sus iglesias de la Ciudad de México–, a Raquel y a mí, somos —por cierto— Raquel y yo. En consecuencia, Raquel y yo podemos prescindir de las glosas; usted, entrañable lector, no).

(Naturalmente, esta versión de la Farsa Navideña está dedicada a Raquel Castro, con quien escribí el original en plena coautoría y complicidad, en circunstancias muy similares a las aquí descritas, tal y como en su momento irán aclarando las glosas. Dicho de otro modo: aunque me duela admitirlo, el presente texto tiene aspectos autobiográficos).

Entremos en materia.

Salón social de una Iglesia Metodista, de preferencia con un foro o forito para representaciones teatrales; abajo del proscenio, una mesa que dé la idea de que el director de la obra quiere representar una mesa de comedor casero; Raquel e Irving están sentados con cara de preocupación.

Raquel: Mmm…
Irving: Mmmm…
(Debe ser un “Mmm…” preocupado, porque si no —debido a la presencia de la mesa— se corre el riesgo de que parezca que estaban comiendo algo sabroso).
Raquel: ¡Por más que pienso no pienso nada!
Irving: Entonces no estás pensando, y yo tampoco.
Raquel: Es que no se me ocurre nada para la obra de Navidad. ¿Por qué me metí en esto?
Irving: Como si fuera poca cosa. ¿Por qué me metiste en esto? Olvídate del tema y piensa.

Glosa: esta es la parte más autobiográfica de la obra. Efectivamente, a Raquel le daba por aceptar este tipo de encargos en el Templo Metodista “El Mesías”, de la calle de Balderas en la Ciudad de México (obviamente, porque era la única persona que frecuentaba ese sitio con capacidad para escribir crónicas y obras de teatro). En ocasiones, pese a mi antagónica postura religiosa, me invitaba a participar en el asunto. No nada más llegué a escribir con ella, sino incluso a musicalizar, tocar el piano, actuar, y todavía después ir a los festejos en los que no se servía una maldita gota de alcohol (supongo que por maldita, y ellos tan cristianos); jamás en la vida asistí a representaciones teatrales o fiestas más sosas.

Raquel: (repentinamente parece inspirada) ¿Y si hacemos la obra sobre un viejito que no cree en la Navidad, y que la gente trata de convencerlo y él se niega, pero un milagro lo transforma?
Irving: Buena idea. Si quieres, el viejito se puede llamar Scrooge.
Raquel: Con razón parecía tan buena idea. Ya está escrito… pero… ¡Espera! Lo podemos hacer moderno. ¡Sí, imagínate! En el escenario, aparece Scrooge (entra al foro Adrián disfrazado de Rico McPato; se queda parado, mirando hacia ningún lado, mientras juguetea con la punta de su bastón en la orilla de una de sus polainas).

Glosa: Adrián es un viejo conocido que frecuentó mucho ese templo metodista, así que los congregantes que hubieran sido el público original de esta cosa lo conocían más o menos bien, aunque lo suficiente como para saber que siempre fue un tipo enojón. Además, tiene algo que ayuda mucho para estos casos: sus cejas forman un ángulo bien definido en la parte central —le podríamos llamar un “piquito”—, y eso le da el aspecto de estar siempre frunciendo el ceño (tal vez siempre esté frunciendo el ceño, aunque me quedé con la sensación de que era una ilusión óptica provocada por sus cejas de piquito). Tiene otra ventaja formidable para este papel: anatomía de pato. Bajito, delgado. Llegado el caso de que a alguien se le ocurra intentar hacer el montaje, no tiene que buscar a Adrián para que participe; basta con que invite al joven más famoso por corajudo en su iglesia y lo disfrace como Rico McPato (espero, queridos lectores, que no olviden que el nombre de McPato en inglés es Uncle Scrooge).

Irving: Bien. ¿Y qué va a hacer Scrooge?
Raquel: Ah… no sé. Te toca pensar.

Glosa: palabra, Raquel me aplicaba estas tretas muy seguido.


Irving: ¡Qué cante una canción! Yo lo acompaño al piano (toma papel pautado y se pone a escribir; no es necesario que quien represente mi papel componga una canción en ese momento; en realidad, yo sólo anoté las pautas básicas y luego hice la canción en casa; durante una hipotética representación, el actor que represente mi papel solamente deberá saber tocar al piano la Canción de Scrooge, cuya música original debe estar traspapelada en algún lugar de mi recámara).

Raquel: ¿Qué escribes? ¿”Sublime… éxtasis de amor”? No. ¿”Sublime pérdida de tiempo”? ¡Ah! ¿Es la canción de Scrooge?
Irving: (molesto) ¡Claro! (Pasa al piano y le extiende a Scrooge su partitura). Canta.
Scrooge: (Canta) … (etc.)

Glosa: los parlamentos de Scrooge y los demás personajes que aparezcan, serán puestos en rojo, debido a que simbolizan —esperamos que el público llegue a percatarse de ello— el plano imaginario mío y de Raquel.


Raquel: ¡Perfecto! Ahora necesitamos un fantasma (entra un niño de unos diez años de edad tapado con una sábana blanca con sus respectivos agujeritos en los ojos para que pueda ver y no se rompa la boca). ¡Irving! ¿Qué estás imaginando? ¡No ese tipo de fantasma! (Raquel observa a Scrooge, piensa un poco y, finalmente, menea la cabeza con gesto desaprobatorio). No, mejor Scrooge y el fantasma no (Scrooge y el fantasma hacen la mueca de que van a reclamar, pero Irving los calla con un ademán y les hace señas para que se retiren; salen).

Irving: ¿Y bien?
Raquel: No sé. Es tu turno.
Irving: (piensa, piensa; finalmente pone cara de que algo muy complejo e interesante se le está ocurriendo). A ver qué te parece esto. Imagínate a José entrando en su casa. Algo moderno. Con cuadernos en la mano… (Entra Pepe al escenario cantando ópera).

Glosa: el susodicho Pepe era un fulano que creía que cantaba bien; la verdad es que cantaba de la mierda, pero todos en la iglesia lo conocían, conocían su afición por cantar, y además creían —o querían creer— que cantaba bien, sólo porque parece que nadie en ese templo cantaba mejor (aunque sí peor; hubo un pastor —de nombre José, por cierto— que cantaba de un modo verdaderamente repugnante; y además, fuerte y con micrófono con altavoces dando a la calle, porque —el muy ingenuo— se creía favorecido por Dios; una bestia, sin duda, el tipo ese). El punto es que, debido al ingenioso juego de nombres requerido para la obra, es necesario que en este punto aparezca alguien conocido por los espectadores y que se llame Pepe (bueno, José); no importa que no sepa cantar (de todos modos, el original tampoco sabía cantar), lo importante es que entre haciendo lo que todo mundo cree que sabe hacer (aunque no lo sepa hacer; basta con que él se lo crea y la gente también).

Irving: ¡No, ese José no! (Sale Pepe). José, el carpintero, el esposo de María. Pero imagínatelo en el momento en que se supo que María estaba embarazada, y que —supongo— todos pensaron que José era el papá… (Entra una familia al escenario: el papá y la mamá, evidentemente molestos; una niña —hermanita de José— juega con un rabinito de peluche; entra también un abuelo, a todas luces senil; finalmente, entra José, con cuadernos en la mano).
José: Mierda. Qué caras. ¿Problemas?
Mamá: ¿Problemas? Lo sabemos todo… (Llora un poco).
José: ¿Todo? Bueno, no van a tener que volver a estudiar nada en la vida…
Mamá: ¡Deja de hacerte el chistoso! Eres un irresponsable, vago malagradecido, schlemazl…
Abuelo: (repentinamente conectado con la realidad, y con un tono de éxtasis y emoción que empiezan a despuntar) Bisabuelo… voy a ser… ¡Bisabuelo!
Hermanita: (jugando con los buclecitos de su rabinito de peluche) ¡Mami, mami! ¿Dónde consiguió María la dirección de la cigüeña para encargar al bebé? Yo también quiero que pidamos uno, pelirrojo y con bucles…
José: ¿Me pueden explicar de qué rayos están hablando?
Papá: (con acento burlón) ¡Ay, hijo! Se me hace que te dieron toloache.

Glosa: el toloache es muy usado en la provincia mexicana. Según las creencias populares, provoca un fuerte estado narcótico, durante el cual el afectado pierde la memoria, por lo que puede acceder a hacer cosas de las que luego se sorprenderá; lo usan mucho las muchachas que quieren seducir a un muchacho (o viceversa) que no da su brazo a torcer; se recomienda que se use una expresión local equivalente, o que antes de la representación de la obra se le explique a todos lo que es el toloache; incluso, se recomienda ampliamente que se les sirva té de toloache para que la gente no recuerde este mamotreto).

Irving: ¡No, no! Corrijamos (escribe rápido y le da un papelito al papá).
Papá: (con acento burlón, leyendo el papelito) ¡Ay, hijo! Se me hace que te dieron toloache. Así me hizo tu tía y por eso tu primo y tú se parecen tanto…
Raquel: ¿Qué?
Mamá: (al mismo tiempo que Raquel y reproduciendo todos sus movimientos) ¿Qué? (La mamá discute con el papá; Raquel discute con Irving. La hermanita sigue insistiendo en su estúpido pedido, mientras el abuelo juguetea con los bucles del rabinito de peluche. El escándalo debe ir en aumento).
José: (saca su celular y marca) ¿Bueno? ¿María? Es que… ¿Qué? ¿Bebé? ¿Quién? ¿Pedro Tussié? Ah, no. ¿El Espíritu Santo? (A los otros). ¿Se quieren callar? ¡No oigo un carajo! (A María). ¿Qué te lo dijo quien? ¿Miguel Gatell? Ah, el arcángel Gabriel. ¿Y ese quién es? ¿Qué? Ah, entiendo… (Se desmaya).
Raquel: ¡Ya basta! (Salen todos, excepto ella e Irving, y José, que sigue desmayado; Irving aplaude autoritario y da instrucciones incomprensibles; entran Scrooge y el fantasma y sacan a José arrastrándolo por el piso).
Irving: Joder. Nuestra imaginación está enferma.
Raquel: Bien enferma. Con una cosa de esas, nos corren de la iglesia.
Irving: Te correrán a ti. A mí me van a querer quemar.
Raquel: Piensa en otra cosa.
Irving: Déjame ver, déjame ver… (Se sienta al piano y empieza a tocar tímidamente algunas notas; aparece el abuelo en el escenario. Conforme las notas van empezando a tomar forma, el abuelo empieza a tararear y luego a cantar. Irving lo observa extrañado).
Abuelo: ¡Oy Januká, oy Januká! (Canta la Canción del Abuelo, de feroz temática patriota de alabanza a los Macabeos, incluyendo sirios muertos, perinolas y latkes).
Irving: Bueno, y a ese ¿quién lo puso a cantar? ¿Tú imaginaste esa canción?
Raquel: Yo no imagino canciones. ¡Tú eres el que imagina canciones!
Irving: Sí, pero yo no hice esa canción.
Abuelo: No, joven. La hice yo. Soy compositor y cantor en la sinagoga de Nazaret.
Raquel: Pero necesitamos una canción de Navidad, no de Januká.
Abuelo: No sea burra, jovencita. Los judíos celebramos Januká, no Navidad.
Irving: De acuerdo, abuelo, pero esta obra es de Navidad.
Abuelo: Bueno, ustedes me caen bien. Les voy a hacer un favor. Joven, vuelva a tocar (Irving se sienta al piano y toca la misma música). ¡Oy Navidad, oy Navidad! (el resto de la letra es igual, incluyendo las referencias a los Macabeos, los sirios muertos, las perinolas y los latkes).
Irving: (Cerrando el piano) Buen intento, viejo, pero…
Raquel: Irving, no es sano que discutas con los inventos de tu mente (Irving se golpea repetidamente la cabeza contra el piano, mientras el abuelo sigue cantando y sale). Y ahora, ¿quién podrá defendernos?
Irving: No empieces. Se nos va a aparecer el Chapulín Colorado.

Glosa: el Chapulín Colorado fue un personaje creado por un infame comediante mexicano, y apareció en TV durante más de 30 años consecutivos, como protagonista de una de las peores series de las que tenga memoria; todos los capítulos fueron iguales, con los mismos gags, los mismos giros, las mismas situaciones. En fin. El autor de esa basura mediática —de cuyo nombre no puedo olvidarme— goza de un prestigio absurdo que sólo puede consolidarse en una zona tan extraña como América Latina).

Raquel: Eso sí sería decadente.
Irving: No te preocupes. No tenemos vestuario, así que no lo podemos llamar.
Raquel: ¿Por qué no? Es bien fácil. Necesitamos un muchacho (entra un muchacho al escenario). Le ponemos un suéter rojo (se pone uno). Antenitas de vinil (idem)…
Irving: ¡Y botas de bombero! (el muchacho se pone una).
Raquel: ¡No! Tenis amarillos (el muchacho se pone uno; en el otro pie, por favor). ¡Ahí lo tienes: el Chapulín Colorado!
Lo observan estupefactos.
Irving: Pues más bien parece marciano.
Raquel: (piensa un poco) Ey. Largo (al Chapulín, no a Irving; el Chapulín sale). Irving, ponte a pensar.
Entra el abuelo otra vez; sigue cantando. Esta vez, comedia musical.
Raquel: ¡Irving! Que te pongas a pensar, y ya deja de fantasear ese abuelo… (Irving trepa al escenario e intenta convencer al abuelo de que se vaya, pero es el abuelo quien lo convence a él. Una vez que Irving sale, el abuelo baja del escenario y se sienta junto a Raquel, que no se ha percatado del cambio de acompañante).
Raquel: Ideas, necesitamos ideas.
Abuelo: Ah, pues deje le cuento: al final de cuentas, casamos a José con María…
Raquel: (lo ve y grita) ¡Ah! ¡Un abuelo, un abuelo!
Abuelo: Bisabuelo, jovencita.
Raquel: ¡Irving!
Abuelo: (sin intenciones de dejar de hablar) ¡Ah, que boda aquella! José estaba más nervioso que la gelatina…
Raquel: Irving, sácalo…
Irving: (desde el escenario) No, no, no. Espera. Es el discurso más apropiado para esta ocasión que se nos ha ocurrido.
Abuelo: El baile fue un desastre: al rabino le pisaron las barbas y se cayó. Se fracturó tres costillas y hubo que llamar al paramédico (entra Lucio con su traje de paramédico, saluda y se va).

Glosa: Lucio es otro tipo bien conocido en ese medio metodista. Hizo estudios para ser técnico en urgencias médicas (paramédico, pues), y anduvo como voluntario en una ambulancia durante un buen rato. Si se dispone de alguien que sea paramédico, está bien. Si no, basta con que alguien entre con un uniforme de la Cruz Roja).

Abuelo: …y José ya todo borracho no dejaba de hablar de un tal Miguel Gatell.
Irving: Arcángel Gabriel. Miguel Gatell es mi papá.
Abuelo: ¿Su papá? Entonces usted debió haber ido a la boda. ¿No le presentamos a mi nieta Shulámit? ¡Ya está en edad de casarse! Y usted, así barbón, no parece mal prospecto.
Raquel: (explotando) ¡Irving! ¡Ya sácalo! (Irving toma al abuelo, que no para de hablar, y lo convence de salir; salen los dos). ¡Ay, me están volviendo loca!
Ángel: (A Raquel) ¡Salve, muy favorecida!

Glosa: los parlamentos del ángel no están en negro (Raquel, generalmente; yo y el abuelo, intercambiándonos), ni en rojo (los demás personajes), sino en azul. No se trata de ningún asunto esotérico, simplemente Raquel y yo nos tardamos un rato en decidir si el ángel existía o no; al caso, para lo que tiene que decir en la obra, da igual.

Raquel: ¡Irving! ¡Deja de estar fantaseando!
Irving: (regresando apenas, y bajando del escenario) ¿Qué?
Ángel: (a Raquel, nuevamente) No te preocupes, mujer, porque Dios está contigo…
Raquel: (nerviosa y a Irving) ¿Así fue como el ángel saludó a María cuando le anunció que iba a ser mamá?
Irving: Según el Nuevo Testamento, creo que sí.
Raquel: (Se pone pálida) ¡No, no! (Al ángel) ¡Yo no quiero un bebé! (Zapatea de desesperación).
Irving: ¿De dónde te sacaste a este tipo con disfraz de pollo? (naturalmente, el traje del ángel debe ser parecido al de un pollo)
Raquel: ¡Yo no fui! ¡Te juro que yo no fui! Fuiste tú…
Irving: ¡No me jorobes! Yo no imaginaría un ángel tan mal hecho.
Raquel: ¡Ah, dile que yo no quiero!
Ángel: (con expresión de fastidio) Raquel, yo no…
Raquel: ¡Tenga mi cartera, pero váyase por favor! ¡Váyase! ¡Soy muy joven para ser mamá! Y más aún de un niño…
Ángel: (visiblemente molesto) ¡Bueno, ya! ¡No soy cigüeña, no vas a ser mamá, y no soy fantasía ni de Irving, ni tuya ni de nadie! Soy un ángel y los vine a ayudar a escribir una obra de teatro. (Irving y Raquel lo miran. Se miran. Gritan).
Irving y Raquel: ¡Ah! ¡Nos estamos volviendo locos! (Entran todos los personajes; cantan La Canción de la Locura).
Ángel: (frotándose la cara con las manos) No, no se están volviendo locos… vamos, no más de lo que ya están (está última palabra debe sonar enfática, y al mismo tiempo el ángel debe golpear fuerte en el piso con su pie). Realmente estoy aquí para ayudarlos.
Irving y Raquel: ¡Ah! ¡Nos seguimos volviendo locos!
Abuelo: Necios, necios. Los jóvenes siempre son necios. Todavía una noche antes de la boda, José seguía de necio con que él no recordaba ser el papá.
Scrooge: ¿El papá de quién?
Abuelo: ¡Ah! Esa es otra historia. ¡Qué muchacho! Estaba un poco loco, pero que bien hablaba…
Ángel: (interrumpiendo) A ver, a ver, a ver. Creo que mejor lo explico yo (se prepara para dar un discurso navideño).
Irving: ¡Momento! No tienes derecho a evangelizar a nuestros personajes imaginarios sin nuestro consentimiento.
Ángel: (se aterroriza al observar a Scrooge, que le sonríe cínicamente). Creo que me estoy volviendo loco.
Raquel: Irving, ¿qué hacemos?
Irving: No sé, no sé.
Raquel: Vamos a ver: tenemos a un ángel a medio enloquecer evangelizando fantasías, y a un montón de personajes imaginarios de los que hemos perdido el control.
Irving: Y una historia de Navidad que no hemos contado nosotros, sino un viejo que no existe, pero que padece demencia senil.
Abuelo: (a Irving) Si yo padezco demencia, usted padece hippie con esas badbas despeinadas.
Irving: ¡Silencio, por favor!
José: (con voz resentida) Claro, cuando yo les pedí que se callaran, nadie me hizo caso, pero usted ha de ser muy importante para…
Raquel: (Verdaderamente enfurecida) ¡Ay, ya cállate, por amor de Marx! (Entra Karl Marx).
Marx: (categórico y solemne) Entre los individuos como entre las naciones…
Raquel: (interrumpiendo) Irving, recuérdale a tu activa imaginación que esa frase es de Benito Juárez. Además, no queríamos a Carlos, sino a Groucho. (Marx se quita la barba y la peluca, se pone lentes y saca un puro. Lleva bigotes pintados).
Marx: (burlón)…el respeto al derecho ajeno es la paz. (Todos aplauden. Cae el telón).
Irving: (asomándose) ¿Qué dijeron? ¡Ya acabó! ¿No? Pero si no ha empezado… (Se abre el telón).
Ángel: (encabronadísimo) ¡Ni va a empezar a este paso! ¡Jamás me habían encargado proveer inspiración a gente tan difícil! ¡Aún el profeta Jonás era…
Irving: (interrumpiendo) Yoná.
Ángel: ¿Qué?
Irving: Yoná, Yoná. Así se dice Jonás en hebreo. ¿Qué no hablas hebreo?
Ángel: (nervioso) Ah… bueno… yo lo estudié… un poco en el seminario, pero… ya sabes… casi no lo practico… (Irving se le empieza a acercar, intimidante. El ángel retrocede un poco, da media vuelta y echa a correr, pero choca con el Abuelo que lo detiene con un fuerte abrazo, al punto de que lo levanta del piso; el ángel sigue moviendo los pies, hasta que Irving llega y le quita la aureola, la peluca y las barbas postizas. Resulta ser el pastor de la iglesia).


Glosa: naturalmente, es muy poco probable que el pastor de la iglesia vaya a aceptar hacer este papel. De todos modos, intentad convencerle.


Irving: (poniéndole de nuevo al pastor la aureola y la peluca) Se dice Yoná. Ignorante.
Ángel: ¡A ustedes también se los debería tragar una ballena! Y luego…
Raquel: ¡Ay, ya cállate! Tú tampoco estás muy lúcido que digamos.
Ángel: ¡Pero yo no tengo que escribir una obra de teatro!
Raquel: ¡Pues yo tampoco!
Irving: (jalando una de las mangas de Raquel) Bueno, en realidad, tú…
Raquel: ¡No me interrumpas!
Irving: ¡Bueno, ya! ¡Basta de divagar! (Silencio breve e incómodo).
Raquel: Y ahora, ¿quién podrá def… (Todos, incluyendo los personajes imaginarios, le tapan la boca).
Irving: ¡Ah! Estamos peor, peor, peor. (Al público) Eh… bueno… como ya vieron, no es nada fácil escribir teatro serio para Navidad.
Raquel: (dramática) El autor tiene que luchar contra el miedo de no satisfacer las expectativas de su auditorio.
Abuelo: El paramédico estaba muerto de miedo al atender al rabino. Nunca había tenido entre sus manos a alguien tan santo.
Scrooge: (despectivo) ¡Paparruchas! Si se rompió tres costillas no podía ser tan santo.
Abuelo: (tomando a Scrooge por las solapas; si se puede, levantándolo en vilo) ¡Claro que era un santo! (Baja a Scrooge; luego, con tono doctoral) Por si no lo sabe, sólo tenía cuatro costillas. Y los santos sólo tienen cuatro costillas.
Todos: ¿Qué?
Abuelo: Bueno… algunos tienen seis. Lo admito.
Scrooge: (acomodándose las solapas) Pues mi amigo Marley tenía seis costillas en su plato y no era un santo.
José: (a Scrooge) ¿Bob?
Abuelo: ¡Pues no me importa! ¡La santidad no se mide en el plato, sino en el tórax!
José: (a Scrooge) ¿Bob Marley?
Ángel: No, no, no. La santidad… ah… bueno, verán: una vez que se es justificado por la fe, el Espíritu Santo obra en el interior de la persona una transformación…

Glosa: típicas doctrinas metodistas; están mencionadas porque la idea original era presentar esto en una iglesia metodista. Si se monta en una iglesia diferente, habrá que adecuar los planteamientos doctrinales, aunque no sé como.

Todos: (fastidiados) ¡Cállate!
Ángel: (ofendido) Claro, callen al ángel. Que los viejos imaginarios discutan tonterías, pero el pobre ángel que trata de ilustrarlos, que se calle. Al fin y al cabo, para eso le pagan. ¡Pobre Ángel! ¡Cómo sufre el ángel! ¡Cuántos padecimientos los del ángel!
Abuelo: (intentando consolarlo) Mientras no padezcas hippie, como el badbón ese (señala a Irving).
María: (entrando por la izquierda, en estado de embarazo bastante avanzado; camina con dificultad, con su brazo derecho permanentemente colocado en la cintura) ¡Ay! ¡Ay! ¡Ya, ya!
Raquel: Mierda. Necesitamos un pesebre.
Ángel: Y borregos y vaquitas.
Abuelo: Y algunos reyes magos.
Marx: Muñecos de peluche no. Vi una niña que tiene uno.
Irving: Y creo que algunos ángeles para cantar.
Ángel: Ah, yo soy un ángel, puedo cantar una… (El abuelo le da un puñetazo en la boca y lo tumba al piso).
Abuelo: Usted no es un ángel. Es un pastor. Ignorante, por cierto. Y canta del reputo carajo.
Scrooge: También necesitamos champán.
Todos: ¿Champán?
Scrooge: (apenado) Ah, bueno, que… ¿no se menciona champán en el Nuevo Testamento?
Ángel: (desde el piso y sobándose la nariz). No. Maldito hereje (el papá de José lo patea; vuelve a desmayarse).
María: (su voz evidencia que las contracciones son más feroces) ¡Ay! ¡Ay! ¡Ya, ya!
José: ¿Estás bien?
María: ¡Anita lava la tina! ¡Anita lava la tina!
José: ¿Qué?
María: ¡Dábale amor a Roma el abad! ¡Dábale amor a Roma el abad!
José: (la sacude y abofetea) ¿Qué rayos sucede contigo? ¿Qué es toda esa jerigonza incomprensible?
María: (se recupera de las bofetadas y lanza un certero puntapié a José; le da en los testículos. José se dobla de dolor y María replica, enfadada) ¡Estúpido! ¿Qué no te das cuenta de que estoy diciendo palíndromos? ¿So mordni la podne? ¡Ic idiot! Seeque dat neuc sadeto. ¿Nec? ¡O di puts! ¿Eh?
José: (postrado en el piso y ahogado de dolor; voz apenas audible) ¿Palin… qué?
María: Oír, apeteka tu… ¡Palíndromos! ¡Palíndromos! Ese tipo de frases que dichas al derecho y al revés suenan iguales: Ya, Ya, Ay, Ay. Anita lava la tina, Anita lava la tina. Dábale amor a Roma el abad, dábale amor a Roma el abad. Dábale amor a Roma el abad, dábale amor a Roma el abad. Anita lava la tina, Anita lava la tina. Ya, Ya, Ay, Ay. Sé la huguina. Ne usé verla. ¿Yo? Cheredlas. ¡Ah! Chide ksesar fedo. ¡Pítese! ¡Somordni! Lapso mordni. ¡La p…uta que te parió!
José: (incorporándose, mientras todos se mantienen en estado de estupefacción) ¡No mames! (Al terminar de incorporarse, toca el abultado vientre de María; hace expresión de que algo extraño hay allí; sigue palpándolo; se acerca a Raquel, le dice algo al oído, tras lo cual Raquel saca un alfiler de su bolso y se lo da; José se acerca a María, y ante el susto de todos le clava el alfiler en el vientre, que se revienta dejando salir un montón de agua; José mete la mano bajo la ropa de María, y saca los restos de un globo amarillo). ¡Lo sospeché! Era un globo inflado con agua.
Ángel: (incorporando sólo la cabeza) ¿Qué? ¿No va a tener un hijo? ¿Todo es… un globo amarillo? ¡Un globo amarillo!.
Raquel: Siempre dije que esta actriz no era de confianza.
Irving: (a María) ¿Se puede saber que diablos tienes en la cabeza?
María: (coqueta) Una peineta dorada; a daroda teni epa. (Provocativa) ¿Nu?
Irving: Joder, deja de hablar en palíndromos.
María: Op… (José alcanza a tomarla por el cuello; María se zafa; sigue hablándole a Irving mientras patea a José) ¡Augh! Lo siento. Así me ha imaginando Raquel. Lecarod naniga mía tseemi saot neisol, guapo.
Scrooge: ¡Qué odiosas pueden llegar a ser las adolescentes! Me recuerdan a mi amigo Marley…
José: (desentendiéndose de María) ¿Bob?
Fantasma: ¿Se comportaba como niña adolescente?
José: (desentendiéndose de la inteligencia humana) ¿Bob Marley?
Scrooge: (al fantasma) No, pero se la pasaba rodeado de niñas adolescentes. Creo que era pedófilo.
José: ¿Bob Mar…
Scrooge: (interrumpiéndolo) ¡No, tarado! ¡No era Bob Marley! ¿Acaso tengo cara de juntarme con jamaiquinos?
Todos: ¡Sí, sí! ¡Que baile reggae! ¡Que baile reggae! ¡Alalalalón! ¡Alalalalalolon, lirón lon lon! (el abuelo baja corriendo al piano y empieza a tocar el Alalalalalón a ritmo de vals; todos ponen a bailar reggae a Scrooge).
Irving: (a Raquel) Bueno, si resulta que lo de esa actriz es sólo un cuento o un globo amarillo, supongo que podemos intentar escribir algo decente sobre la Navidad y abstenernos de escribir esta tontería.
Raquel: A buena hora lo dices. Ya está escrita (el baile debe haber llegado a momentos frenéticos para este momento; Scrooge saca a bailar a Raquel; María a Irving; mientras, el Ángel se arrastra hacia donde está el globo amarillo ponchado; antes de que lo pueda tomar con las manos, todos pasan bailando encima de él en formación de conga y salen del escenario; sólo se queda el Ángel, que termina de arrastrarse hacia el globo; lo toma en sus manos).
Ángel: ¡Mi Señor y mi Dios! ¡Un globo amarillo! ¡No lo puedo creer! ¡Mi Señor y mi Dios es sólo un globo amarillo! ¡Nadie me lo dijo! ¡Yo lo vi! (llora y lo abraza como si fuera alguien herido o muerto; entran el Abuelo y Scrooge; el Abuelo lleva gorro de Santa Klaus; Scrooge cuernos de reno).
Abuelo: ¿Qué te parece, viejo amigo? Mira a este estúpido confundiendo al globo con mi bisnieto.
Scrooge: ¿El que estaba un poco loco?
Abuelo: ¡Ah! Pero como hablaba (los dos se acercan al Ángel y lo tunden a golpes; cuando se sienten satisfechos, salen; el Ángel se queda tirado en el piso unos segundos, luego se incorpora, y del disfraz de pollo saca una capucha blanca; se la pone, logrando parecer un pollo del Ku Kux Klan).
Ángel: Judíos de… Me las van a pagar. Todas juntas (se dirige a gatas hacia la puerta por donde salieron todos, pero antes de llegar a la misma aparece volando una polaina y lo golpea en la cabeza; cae al piso).
Scrooge: ¡Que te quede claro, pedazo de bobo: yo no soy judío! ¡Soy un pato anglosajón!
Todos: (en off) ¿Un pato?
Scrooge: (apenado otra vez) Eh… ah… ¿cuac?
José: (entrando; lo siguen todos) Miren a lo que se ha degradado esta obra de teatro navideña. Un pato anglosajón enfrentando a un pollo del Klan.
María: ¿Sat? Sí. Chamso drecsa toidi. Es una pena. Y todo por un vulgar globo amarillo. Olli rama… (Todos se lanzan encima de ella y le tapan la boca; María forcejea y logra zafarse por un momento)… ¡Obolgra… (Vuelven a caer encima de ella; entre tanto, Scrooge ha tundido otra vez al Ángel con el bastón, y mientras el Ángel trata de sacarse la capucha de la boca, Scrooge se pone la polaina y se arregla el sombrero).
Raquel: ¡Muy bien, señores, suficiente! Es hora de que se vayan trasladando de regreso a sus casas.
Papás de José: ¡Pero nuestro departamento está en Nazaret!
Scrooge: Y mi corral en Bristol…
Irving: Pues con la pena, sólo les puedo decir que si pudieron llegar a esta obra, pueden largarse a sus lugares de origen.
María: (terminando de zafarse) Glub nuro podo tyan. ¡Epa! Nuse. Idiotas. Cerdos machistas.
Irving: (a Raquel) ¿Realmente la tenías que imaginar así?
Raquel: No te quejes. La primera idea fue que todo lo dijera en efe, pero al final de cuentas dejé ese recurso para los Reyes Magos.
Irving: ¿Los Reyes Magos? (Entran Melchor, Gaspar y Baltazar; Irving se tapa la cara con una mano mientras hace muecas desaprobatorias y de autorecriminación).
Melchor: ¡Safalufudofos! Trafaigofo mifirrafa pafarafa efel nifiñofo… ehfe… pafarafa efel glofobofo afamafarifillofo.
Baltazar: Yfi yofo trafaigofo… (Scrooge toma el cucurucho del Klan —que sigue incrustado en la boca del Ángel—, se lo pone y ataca a Baltazar)… rafacifistafa defe mieferdafa…
Scrooge: (intimidante y a Gaspar) ¿Algo que decir?
Gaspar: (intimidado; ademanes negativos con las manos) No… (Raquel lo observa furiosa) ¡Nofo! Perdón, perdón (Raquel lo golpea en el píloro) ¡Peferdofon! ¡Peferdofon!
Irving: Bueno, supongo que es preferible lo de los palíndromos.
María: (acurrucándose con Irving de un modo bastante coqueto) ¿Verdad que sí? (se levanta la ropa y le enseña un seno) ¿Isec dad rev?
Abuelo: (separando a María de Irving) ¡Señorita! Compórtese con decencia. Este joven está comprometido con mi nieta Shulámit, que ya está en edad de casarse (María pone cara de fastidio y se va a sentar junto a José, que trata de levantarle la ropa para verle los senos; María lo golpea).
Irving: Oiga, un momento, yo no…
Abuelo: Nada, nada. Recuerde que su papá estuvo en la boda de José y María e hicimos el acuerdo nupcial. (Voltea hacia fuera del escenario) ¡Músicos! (Suenan los acordes iniciales de la Marcha Nupcial de Mendelssohn mientras Scrooge, Melchor, Gaspar y Baltazar salen corriendo del escenario; regresan inmediatamente con una Jupá; la mamá de José saca de entre sus ropas una copa; el papá, un pañuelo, en el que la envuelve; todos voltean a ver a Irving con expresiones asesinas, pero sonriendo).
Irving: (A Raquel) ¡Ah, diles que yo no quiero!
Raquel: Pero…
Irving: ¡Tengan mi cartera, pero váyanse por favor! ¡Váyanse! ¡Soy muy joven para ser esposo! Y más aún de… Shulamit… (Entra Shulamit en lencería que semeja un vestido de novia; ojos enormes, nariz prominente, cuerpo escultural; toda una hebrea).
Raquel: Debí sospecharlo. Es mi prima. Seguro que ella lo urdió todo.

Glosa: Ciertamente, Raquel tiene una prima hebrea cuyo nombre no quise mencionar, pero que tiene las características mencionadas en cursivas, y si en aquellas épocas se le hubiese ocurrido tenderme una trampa así, seguro que caigo).

Irving: Con permiso. (Les quita a los papás de José la copa y el pañuelo y se dirige hacia Shulámit; inmediatamente, el rabinito de peluche firma el Acta Matrimonial y el Abuelo entona las Siete Bendiciones; Irving pone la copa en el piso y literalmente la desintegra con un feroz zapatazo).
Todos: ¡Mazel Tov! (Irving y Shulámit desaparecen).
Raquel: Sólo ella es capaz de alterar así nuestra obra de Navidad. Y todo para transformarla en una boda. Su boda.
Abuelo: Ejem… bueno, debo admitir que me pidió ayuda. Claro, todo lo organizó ella. Es excelente en cuestiones logísticas.
Ángel: ¡Mi vida ha sido transformada! ¡He nacido de nuevo! ¡He aceptado al Globo Amarillo en mi corazón! Ansioso estoy de seguir su senda y tomar su cruz… o su alfiler.
Raquel: Quisiera saber qué opinarían los doce apóstoles de este tarado… (Entran los doce apóstoles. Primero Pedro, luego Juan, luego los que quieran, y al último Judas Iscariote; rodean al Ángel).
Ángel: ¿Qué me van a hacer?
Pedro: Partirte la cara por baboso. (Aplaude y grita con evidente tono imperativo) ¡Judas!
Judas: Claro, todo yo, todo yo (se acerca para golpear al Ángel; desde las bambalinas se oyen risas y sale volando un sostén, que cae en la cabeza de Judas; se pone de buen humor y le pone una salvaje golpiza al Ángel).
Juan: (A Raquel) ¿Te quedó claro lo que opinamos?
Raquel: Sep. Muy agradecida.
Ángel: Judíos de… (Simón el Celote le pone otra salvaje golpiza).
Raquel: Bueno. Les decía que es hora de largarnos. Recojan todo este tiradero y vámonos. (Brinca al escenario e intenta salir por donde habían salido Irving y Shulámit).
Irving y Shulámit: ¡Ey!
Raquel: ¡Perdón! (Sale hacia el otro lado; lleva un bóxer en una mano y una pantaleta en la otra; mientras tanto, los demás han terminado de recoger las cosas, dándoselas a Baltazar para que las cargue).
Baltazar: ¡Jofodefer! Sifi hufubieferafa safabifidofo, nofo hufubieferafa defejafadofo efel efelefefafantefe efen efel efestafaciofonafamiefentofo.
Tesorero de la iglesia, desde el público: ¿Qué? ¿Un elefante en el estacionamiento?
Voz en off por micrófono: Se le notifica al dueño de un elefante gris, placas 114-CJH que su vehículo ha dejado el estacionamiento batido de mierda. Se le pide que pase a limpiarlo. De lo contrario, será consignado a las autoridades.
Baltazar: Mafaldificiofon.
María: ¡Oh! (Señalando a Batlazar) Ti ser bopek.
José: ¿Qué?
María: Que pobrecito…
Pedro: No te preocupes. Te podemos proporcionar ayuda. ¡Judas!
Judas: (con recogedor y escoba) Todo yo, todo yo…
Telón. Justo cuando la gente empiece a salirse (no me parece que vayan a aplaudir, a menos que se represente en una iglesia metodista; me consta que esa gente le aplaudía a cualquier cosa), se escuchan las voces de Raquel e Irving en off.
Irving: Palíndromos. Te pasaste con esa María. ¿Cómo se te pudo ocurrir semejante tontería?
Raquel: Deja de rezongar. A ti no se te hubiera podido ocurrir algo tan ingenioso.
Irving: ¡Ja! ¿Bromeas? Para serte honesto, había imaginado a Juan el Bautista hablando en monosílabos.
Raquel: Idiota. Espero no tener que verlo.
Irving: Pues debiste apresurarte, porque me parece que está a punto de llegar. (Entra Juan el Bautista sin que se abra el telón; obviamente, entra por fuera del proscenio, porque si no la gente no se va a enterar que entró).
Juan el Bautista: No sé si yo soy el que va a dar un rol por la faz de la luz del sol que se va sin ser… eh… ah… sin ser la col que se ve por las dos… uh… por las dos, o las tres o las seis. Y las diez, y le da tos. Di si no se ve de qué va la fe. Y yo que no te vi al ir por tu chal y tu tul.
Raquel: ¡Pues yo me puedo imaginar a Sansón diciendo todo con o!
Irving: ¿Sansón? (Entra Sansón. Viejito, va todo de negro, con shtreimel y barbas jasídicas. Habla lento y con dificultad).
Sansón: Nosotros no somos como los lobos, no somos tontos, no somos los otros; somos sol, somos oro, somos todo. Ocho por ocho son… otro poco, o todo lo fofo o bobo; ¿otro? Yo no lo compro. Sólo Obrohom lo…
Scrooge: (también en off) ¿Obrohom?
Raquel: Ah, es que es Ashkenazí. Se llama Sansón Rosenblumentalovitch. No creas que es el Sansón de la Biblia. En realidad es un comerciante de telas de Izazaga…
Irving: Mh (debe sonar a un Mh reprobatorio; de lo contrario, por la presencia de la mesa la gente puede pensar que Irving está comiendo algo sabroso, como Shulámit). Le estás arruinando la vida.
Raquel: ¿Por qué?
Irving: Lo peor que puedes hacerle a un ashkenazí es pedirle que diga todo con O. Deja te muestro. (A Sansón Rosenblumnetalovitch) Oiga, Tzeide…
Sansón: Diga, joiven…
Irving: No sufra. Puede hablar normal.
Sansón: Oi vey! Toidá Rabá! Nosoitros no soimos como lois loibos, no soimos toinsos, no soimos lois oisros; soimos soil, soimos oiro, soimos soido. Oicho por oicho soin… shoin! O oisro poico, o soido loi foifo o boibo. ¿Oisro? Yo no lo coimpro. Sóilo Obrohoim lo… (desaparece).

 

Glosa: dicen que las cinco vocales del Yiddish son A – E – I – Oi – U.


Irving: Eso está mejor.
Raquel: Si tú lo dices…

Oscuro.

1 Comment

  1. mordeshai dice:

    shalom estoy deacuerdo con el tema que es interesantisino esas fiestas son paganas

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