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BECKY RUBINSTEIN F.

VIAJE 2.

Apenas hace un par de días, regresé de Zacatecas, en el norte del país, donde Gregorio López, un español proveniente de la entonces Madre Patria, vivió en zona desértica, donde se le conocía por virtuoso y milagrero. Eremita y penitente por voluntad propia, se sospecha, era hijo de una judía de los Países Bajos y de Felipe II, hijo de Carlos V, dueño de territorios y almas en el Nuevo Mundo.

De su presencia me enteré años atrás, de boca de Severino Salazar, escritor zacatecano en un viaje a Campeche, cuando en 1988 recibí “El Premio Juan de la Cabada” de cuento para niños. Años después, volví a escuchar su nombre en boca del Dr. Veremundo Carrillo Trujillo, erudito de gran trayectoria, ducho en griego y latín, egresado de Salamanca, España, quien recita a López Velarde de memoria, entre otras, virtudes.

Severino Salazar en aquel viaje a Campeche, tras el funesto huracán “Gilberto”
relató que en Jerez, se descansaba el día sábado, noticia que por años, guardé muy dentro de mi memoria. Y quién diría que, en mi viaje a Zacatecas -llevada de la mano de Isaac Bashevis Singer, cuyo cuento “El alrevesado emperador de China” en su traducción del inglés al español- fue presentada en la Feria del Libro- encontraría al Dr. Carrillo, quien, precisamente, rescatara del olvido tan impresionante dato. Según Rosario Reveles, su esposa, historiadora dedicada a rescatar el pasado de Zacatecas, específicamente de Jerez, su íntimo terruño, comentó que por más que se ha batallado, los jerezanos y las jerezanas de hoy día, no han perdido la costumbre de descansar el sábado. En domingo, reanudan labores: comercian, organizan ferias… Se torna a la faena.

Me pregunto: ¿Los jerezanos y las jerezanas, a los que alude el gran poeta Ramón López Velarde, autor de la “Suave Patria”, descendían de judíos que llegaron al Nuevo Mundo en pos de un idílico lugar donde plantar la vid, donde hacer vino, donde brindar por la vida lejos del ojo del huracán de la Inquisición?

Y aquí otro dato curioso: en Zacatecas conocí al poeta y editor Carlos Lejaim Gómez, procedente de Monterrey, Nuevo León. En cuanto a su nombre, nos contó que su madre, lo eligió pensando que provenía del árabe. Carlos, quien hoy día, conoce el verdadero origen de su apelativo, sacó a colación durante una sabrosa plática, las costumbres de los “regios”, entusiastas degustadores de cabrito asado, acompañado de tortillas de harina, exactamente como los judíos que salieron de Egipto. Cabrito asado, en las brazas, agregué, para consumirlo de acuerdo a la dietética judía. Tortillas de harina, agregó, como las que consumían los recién liberados, a quienes no les dio tiempo de que su pan “levantara”.

Por el camino, uno descubre, y se redescubre… Esa es la conclusión de quien se atreve a dejar su casa para andarse por los caminos. Y descubrir y descubrirse.

P.D. En la contraportada de Desiertos Intactos*, de la pluma de Severino Salazar, por cierto, muerto a temprana edad, leemos: “… Y al fondo de todo, el ermitaño Gregorio López. Verdadera historia de cuando los desiertos y minerales zacatecanos se llamaban Nueva Galicia. Gregorio López, supuesto hijo bastardo de Felipe II, que viene al desierto a encontrarse con Dios y a ser pasto de leyendas, chismes y otras corrupciones de la Imagen”.

Y para los que no se satisfacen con tan parcas palabras, recobramos un párrafo donde se pinta de cuerpo entero a Gregorio López, pretexto del texto se Salazar:
“Y el Ermitaño continúa su camino por los pueblos de Dios. Carga en su mente una idea que el calor del desierto le puso ahí, pero es una idea incomunicable; si le da la luz se deshace. Fue como el trabajo del minero. Se convirtió en otro. Se dejó ir y
atravesó capa tras capa. Bajó a la soledad más radical. Y entre más hondo penetraba más se acercaba a la nada absoluta…”

*Salazar, Severino, Desiertos intactos, México, ed. Leega, 1990.

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