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Palabras de Rafael Zaga Kalach en la Comida de la Comunidad Judía con el Presidente Felipe Calderón

PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA

Licenciado Felipe Calderón Hinojosa, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; licenciada Margarita Zavala Gómez del Campo, esposa del Presidente Calderón.

Doctor Alejandro Poiré Romero, Secretario de Gobernación; Embajadora Patricia Espinosa Cantellano, Secretaria de Relaciones Exteriores; maestro Salomón Chertorivski Woldenberg, Secretario de Salud; Excelentísima Embajadora de Israel en México, doctora Rodica Radian Gordon.

Distinguidos funcionarios públicos que nos acompañan; compañeros Presidentes de comunidades e instituciones judías de México; señoras y señores; amigos todos:

Es un honor para la Comunidad Judía de México, estar esta tarde en la Residencia Oficial de Los Pinos. Mayor aún, es el gusto de poder reunirnos con usted, señor Presidente, y su distinguida esposa, en esta Comida Anual, que es tan significativa.

Es significativa por el hecho de que es la última que tendremos durante su periodo presidencial, aunque estamos seguros que muy pronto podremos reunirnos con ustedes en otro contexto donde, seguramente, seguiremos colaborando por el bienestar de nuestro país.

Es significativa, porque este año la Comunidad Judía de México cumple 100 años de vida institucional, desde la fundación de su primera organización oficial, la Sociedad de Beneficencia, Alianza Monte Sinai.

Cuando se llega a un centenario de existencia es momento de celebrar, pero, también, es momento de mirar en retrospectiva el instante de la fundación en 1912 y los esfuerzos de aquellos pioneros que se aventuraron, dejando sus países de origen en Europa y en el Imperio Otomano para buscar mejores condiciones de vida para sus familias, donde el antisemitismo y la persecución no los acosaran.

Entonces, podemos entender que hay momentos en la vida en que hay que tener el valor de dar el paso hacia el frente o nos quedamos atrapados. Nuestros antepasados llegaron a este bendito país sin conocer el idioma. Llegaron, prácticamente, sin dinero, pero llegaron con algo mucho más valioso: el bagaje histórico, cultural y religioso de un pasado de tres mil 500 años.

Se encontraron con un país, con una cultura milenaria y con una actitud liberal que permitía a los migrantes desarrollarse en libertad.

No pasó mucho tiempo hasta que reconocieron estas bondades del México de 1912, a pesar de encontrarse en plena Revolución.

Fue entonces, que tomaron la decisión de comprar un terreno para establecer el primer cementerio judío, con lo que mostraban su determinación para arraigarse en el país.

Junto con esta decisión, vino la de establecer una sociedad de beneficencia para apoyar a los judíos recién inmigrados y a aquellos que estarían llegando en los siguientes años.

Después, vendría la escuela, la sinagoga y las demás instituciones, para proveer todo aquello que se requiere para llevar una vida judía plena en el nuevo país que los acogió, y donde pronto, unirían esfuerzos para entrar en la etapa de desarrollo que caracterizó al siglo XX.

País y comunidad de la mano, llevaron rumbos paralelos. Hoy, que cumplimos 100 años de vida institucional judía y 202 años de vida independiente, nos sentimos orgullosos de lo alcanzado.

Pero, también, estamos conscientes de que no es suficiente. Nunca es suficiente. Porque como lo dice la Biblia, en Deuteronomio XV-11: Nunca faltarán pobres en la tierra, por lo cual, te ordeno que abras firmemente tu mano a tu hermano y todo menesteroso que viva en tu tierra.

Por ello, la Comunidad Judía de México se abocó al desarrollo de programas de asistencia social a los más necesitados del país, se crearon y apoyaron guarderías, clínicas, escuelas y hospitales; se establecieron programas de capacitación en oficios, autoempleo y emprendimientos; y se atendió a la población afectada por fenómenos naturales como inundaciones, huracanes y terremotos.

Cuando se llega a 100 años de vida institucional, es, también, momento de hacer un alto y reflexionar en qué es lo que hicimos bien en el pasado, para continuar con ello, y qué no hicimos bien, para omitirlo.

Para ello, se creó, recientemente, el Comité de Análisis Estratégico de la Comunidad Judía de México, cuya función es, justamente, proyectar a la siguiente generación, a la comunidad y al país que anhelamos.

Señor Presidente:

Hoy, llega para usted y para nosotros el momento de cerrar un ciclo de nuestras vidas. En un mes, usted terminará su función como Primer Mandatario de México y emprenderá el camino con su familia a otro estadío de su vida.

Para nosotros, es el momento de reconocer lo mucho que hizo por nuestro país y, particularmente, por nuestra comunidad.

Es el momento de reconocer la valentía que tuvo al aceptar que existía una situación crítica por parte de la delincuencia organizada y que era necesario tomar medidas enérgicas; sin duda, muchas no muy populares, pero sí necesarias. Necesarias para enfrentarla y marcar el rumbo hacia su control.

También, queremos valorar el papel que en este campo ha tenido nuestro buen amigo, el doctor Alejandro Poiré, Secretario de Gobernación, quien tuviera una destacada participación como Secretario Técnico del Consejo y del Gabinete de Seguridad Nacional y Vocero de la Estrategia Nacional de Seguridad, así como cuando ocupara el puesto de Director General del Centro de Investigación y Seguridad Nacional.

De igual manera, destacamos el excelente trabajo realizado por el ingeniero Genaro García Luna, Secretario de Seguridad Pública; la Procuradora General de la República, la licenciada Marisela Morales, y sus respectivos equipos de trabajo, con quienes tuvimos la oportunidad de colaborar y constatar que cuando autoridades y sociedad actúan en conjunto, se alcanzan los resultados que todos soñamos.

Señor Presidente:

En el Pirkei Avot, un libro del Talmud, también, conocido como Ética de Nuestros Padres, hay una frase que describe la iniciativa que usted tuvo al inicio de su sexenio con relación al combate a la delincuencia organizada. Y dice: No es tu responsabilidad terminar la tarea, pero tampoco eres libre de dejar de emprenderla.

Éste, es el momento de felicitarlo por el responsable y ejemplar manejo de las finanzas públicas que permitieron a México mantenerse firme cuando muchas economías del mundo se están tambaleando, incluyendo algunas de las más poderosas de Europa.

También, es el momento de agradecerle por el atinado manejo de la política exterior del país. Por el regreso a la diplomacia mexicana de alto nivel que tanto se aprecia en foros multilaterales. Por los éxitos logrados al organizar la COP16 y la Reunión del G20, todo ello, con la invaluable colaboración de nuestra querida amiga, la Embajadora Patricia Espinosa, Secretaria de Relaciones Exteriores, quien con el apoyo de la Subsecretaria Lourdes Aranda y del Subsecretario Juan Manuel Gómez Robledo, y sus respectivos equipos, han mantenido en alto el nombre de México en la esfera internacional.

Es el momento de congratularlo por haber logrado la cobertura universal en salud a través del Seguro Popular. Para todos aquellos que no se encuentran inscritos en el Instituto Mexicano del Seguro Social u otras instancias similares.

Es un orgullo para nosotros que un miembro destacado de nuestra comunidad, como lo es el maestro Salomón Chertorivski, haya sido el responsable de impulsar esta política.

Primero, como Comisionado Nacional de Protección Social y, actualmente, como titular de la Secretaría de Salud.

Aprovechando su presencia en esta comida y con el permiso del señor Presidente, quisiera referirme al maestro Chertorivski para expresarle que su labor, de acuerdo a nuestras enseñanzas del Talmud, se podría resumir en una sola frase: Quien salva una vida, salva al mundo entero.

Señor Secretario, Salo, tú salvaste muchas vidas.

Señor Presidente Felipe Calderón Hinojosa.

Señora Margarita Zavala Gómez del Campo:

A nombre de la Comunidad Judía de México, queremos agradecerles, desde lo más profundo de nuestros corazones, el que nos hayan brindado su apoyo, su cercanía y, sobre todo, su amistad.

Sepan que, donde sea que los lleve su destino en el futuro, en nosotros encontrarán a un grupo que sabrá mantenerse cercano a ustedes y que espera tener la oportunidad de seguir colaborando como lo hicimos durante estos seis años, siempre por el bien de nuestro querido México.

Permítanme terminar con una frase judía que se dice a las personas cuando han concluido un trabajo importante: Jazak U Baruj, fuerza y bendiciones.

Muchas gracias.

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