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Viena-Berlín 1920-1930

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PETER KATZ PARA ENLACE JUDÍO

El fin de la Primera Guerra Mundial propició un desarrollo extraordinario de las artes escénicas en Europa. A pesar de que Alemania y Austria perdieron. A pesar del cansancio general, de las enormes pérdidas humanas y materiales, la gente; herida y empobrecida, buscaba divertirse. El público se abalanzaba a los teatros y a los espectáculos culturales.

La guerra en las trincheras fue sangrienta y costosísima. En realidad una batalla inútil. Representó una gran pérdida de vidas. Esta parte del conflicto fue especialmente sangrienta por la actuación de oficiales ineficientes que causaron muertes inútiles, porque ningún ejército avanzaba.

Los soldados, mal dirigidos por oficiales que únicamente buscaban su propia promoción, salían de las trincheras hacia la muerte. En cuestión de minutos, campos verdes estaban regados de cadáveres. En Verdun, Francia, todavía se pueden ver estas trincheras, testigos de la historia de la Primera Guerra Mundial.

En 1918 se firmó la paz. Alemania y sus aliados habían perdido la guerra. Empezó la Conferencia de Versalles. Esta conferencia y sus resoluciones desataron una gran decepción. En Versalles mandaban el Presidente Wilson y el Mariscal Clemanceau. Para los alemanes fue además de una decepción, un sentimiento de que habían sido abandonados. Se decretaron reparaciones de guerra que eran impagables. Parte de estas reparaciones se iban a pagar transfiriendo la producción de acero de la región de Ruhr a los franceses.

Esta postura dictatorial e impositiva desató una gran decepción psicológica en Alemania. Un sentido de haber sido abandonados y engañados por sus dirigentes, un malestar general en la Nación Germana, que tenía cincuenta millones de habitantes en aquel entonces.

El Emperador Karl de Austria y Wilhelm, Emperador de Alemania, huyeron. Se instalaron gobiernos republicanos y se celebraron elecciones democráticas contendiendo varios partidos políticos.

En Hungría tomaron el poder los comunistas de Bela Kuhn y formaron un gobierno de corte soviético: “Magyar Nep Kosztartasak”.

En el Estado Alemán de Baviera, formaron la República de los Consejos de Raether de Bavaria al mando de Kurt Eisner y también de estilo soviético.

En las ciudades, los nacionalsocialistas se enfrentaban continuamente con los comunistas a golpes limpios. Los nazis celebraban juntas en las cervecerías, “Bierhallen”, para escuchar a Adolf Hitler.

La expresión artística en Berlín era totalmente libre. Los comunistas Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg, cabecillas de un supuesto levantamiento popular de corte comunista, fueron asesinados en una emboscada junto al río Spree en Berlín.

Dentro del caos político y el desorden, el arte escénico tuvo un florecimiento y el público estuvo listo para ir a ver los espectáculos.

En Alemania se instaló un gobierno democrático, la República de Weinmar.

En Viena, los socialistas se enfrentaron a la policía tratando de apoderarse del Parlamento por la fuerza. La policía vienesa frustró este intento. Nació la Primera República, llevando a los socialistas Austriacos al poder.

Era la primera vez que en Austria el pueblo cedió un gobierno republicano, después de siglos de ser gobernados por los Habsburgo en forma Imperial y dictatorial.

El Sudetenland, región industrial altamente mecanizada, se transfirió a Checoslovaquia, que apenas fue fundada como país en Versalles, antes era Bohemia y Moravia parte del Imperio de los Habsburgo. Esta región fue más tarde nido de nazis. Henlein era su jefe máximo.

En este caos y en una constante inflación, se abrieron en Berlín Teatros y Kabarets para un público que quería olvidar sus problemas diarios y divertirse. Los restaurantes estaban llenos a pesar de que cada semana aumentaban los precios por la inflación. Había varios Kabarets, llenos todos los días. El típico Kabaret en Berlín era muy parecido a los que funcionaban en Viena. Era un salón en el que cabían 120 a 150 personas, 4 personas sentadas alrededor de pequeñas mesas y un gran escenario. Muy parecido al Teatro Voila en Antara, en la Ciudad de México.

Un Conferencier y cuatro actores estaban listos para empezar el espectáculo con un sketch, generalmente político y picante. A veces había dos actores principales y esto se llamaba una “Eine Doppel Conference”.

En los Kabarets, para entusiasmar a la clientela, se mostraban las mejores modelos en trajes de baño de Hungría, Austria y Alemania. Esto era para deleitar la vista del público.

En la Ópera, tanto en Berlín como en Viena, había una temporada que duraba por lo menos 6 meses. Ahí actuaban los mejores cantantes de ópera del continente europeo.

Había teatro musical, Operetas, que era el espectáculo preferido del público que venía a ver obras de Imre Kalman y Franz Lehar. Luego había teatro musical político con obras de Berthold Brecht y Paul Wiener, interpretadas por Marlene Dietrich, que era actriz de teatro y de la naciente industria cinematográfica. La más popular y mejor cotizada entre 1920 y 1930.

El Berliner Schauschpielhaus, presentaba obras serias, tanto modernas como clásicas y lograba presentar una obra nueva cada semana.

En Praga, Bohemia, las mismas obras que se habían presentando en Berlín y en Viena, eran presentadas al público checo en idioma alemán. Los actores se desplazaban entre las tres capitales, en trenes rápidos. El viaje no duraba arriba de 2 horas. El teatro en Praga se llamaba “Deutsches Teather”. Sara Bernardt, la gran actriz francesa, que hablaba perfectamente el alemán, venía a actuar en frecuentes visitas, obras de Víctor Hugo, Moliere o de Racine. Sara Bernard era la actriz más aclamada y cotizada en la Europa del siglo XIX.

Max Reinhardt era el Director de los dos teatros, el de Berlín y el de Praga. En la capital alemana el “Deutsches Teather” era dirigido por Adolf Brahm.

En Berlín funcionaban, además de los teatros ya mencionados, una “Freie Buehne” dirigida por Josef Ettlinger y una “Freie Volksbuehne” dirigida por Bruno Willer, con obras más populares y de alto contenido político.

Había todavía un “Kleines Teather” donde actuaban y dirigían Franz Molnar y Victor Barnovsky, con obras clásicas como Nestroy, un autor austriaco del siglo XVIII, habladas en “Wiener Dialekt”, que hoy todavía son válidas y atraen a un público entusiasta.

La entrega del poder a Hitler, el 1º de enero de 1933, por el viejo guerrero alemán Paul Von Hindenburg, cambió radicalmente este renacimiento cultural.

Grupos de choque nazis recorrían las calles y pegaban a cualquiera que se les oponía. Muchos teatros, sobre todo los más chicos, los Kabarets, fueron destruidos y ocupados. Empezó la emigración de toda la gente conectada a este renacimiento cultural. No solamente los judíos, quienes eran la mayoría en esta industria, sino gentes de gran éxito que se fueron en un acto de protesta a lo que estaba pasando en Alemania.

En 1936, estalla la Guerra Civil en España. Francisco Franco, jefe de los ejércitos, teniendo todo el apoyo de la Iglesia y de lo que quedaba de la nobleza de los Burbones, los grandes industriales y la banca, por un lado. Por el otro, el pueblo que había formado milicias para defenderse de un ejército mecanizado.

Ante esta situación apremiante se formaron las Brigadas Internacionales con voluntarios de varios países para pelear en España y ayudar al pueblo español.

España perdió en esta guerra que duró 3 años, un millón de sus mejores hijos. Intelectuales como García Lorca, y filósofos como Miguel de Unamuno, entre los más destacados.

El conflicto español que empezó en 1936 y terminó en 1939 con la victoria de los nacionalistas. España tuvo que sufrir bombardeos sistemáticos de sus ciudades como Guernica en el país Vasco, que fue destruida por un escuadrón de aviones alemanes en 23 minutos.

Pablo Picasso pintó el mural “Guernica”, que durante la Segunda Guerra Mundial, fue resguardado por los Estados Unidos de Norteamérica en el Museo MOMA de Nueva York, hasta la victoria de los Ejércitos Aliados sobre Alemania. Actualmente se encuentra exhibido en el Museo de la Reina Sofía en Madrid.

La emigración de artistas, directores de teatro, directores de cine, actores, escritores, arquitectos, matemáticos, profesores de universidad y en general de gente decente que en esta forma protestó contra el nazismo en su país, fue enorme. La pérdida de estas luminarias fue una gran pérdida para Alemania. Estoy hablando de alemanes, no judíos, que no tenían porque abandonar su país. Muchos judíos, con la misma preparación, pudieron salir de Alemania, Austria y hasta de Checoslovaquia, y salvar su vida que estaba en peligro.

A partir de 1920, más bien de 1917, muchos refugiados rusos blancos se asentaron en Berlín. Aparecieron cabarets rusos con excelente música tzigana, que tuvieron inmediatamente mucho éxito.

En 1933, estos bravos actores, sobrevivientes de una larga dinastía de gitanos, emprendieron la emigración a Paris, ciudad acogedora, seductora, en la que volvieron a abrir sus cabarets que la gente pudo disfrutar hasta 1970. Cabarets como Monseigneur y Etoile de Moscú, con ambiente original ruso, con platillos del Volga y del Mar Negro, y desde luego Champagnskaya, como en Moscú, San Petersburgo y Odessa. Los actores y los cantantes eran genuinos, nacidos en la antigua Rusia y movidos a emigrar del país en el que nacieron y amaban profundamente por la vorágine y el inhumano sistema comunista que se había apoderado de la patria de Tolstoi, Anatole Rubinstein, del Ballet del Teatro Marinsky, del Teatro Bolshoy, de los Shtetlaj, de la Chertá en Ucrania y en Bielorrusia.

En Europa se habían apoderado las ideas extremistas, más destructivas que constructivas, restringiendo la libertad personal al máximo.

Las artes, como dije antes, tuvieron un apogeo nunca visto antes. La implantación de los regimenes dictatoriales, que negaban el valor del humano, fueron sistemáticamente destruidas.

Sin embargo lo que se vivió en Europa, entre las dos guerras, dejó profunda huella y un deseo, que pudo realizarse después de la Segunda Guerra Mundial. El Holocausto le costó al pueblo judío 6 millones de muertos. Europa perdió a 52 millones de seres humanos en el mismo periodo.

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