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Crónicas Intrascendentes. Parte LXXXII

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LEÓN OPALIN PARA ENLACE JUDÍO

San Ángel Colonial

Enlace Judío México | En la Crónica previa escribí sobre la celebración del Día de Muertos en México y de la decepción que me causó la ofrenda que instalaron las autoridades delegacionales en el Jardín Central de Coyoacán. En cambio, el sábado pasado visité con mi esposa la ofrenda de muertos que se elaboró en una de las habitaciones del Museo del Carmen, ubicado en la Avenida Revolución del barrio Colonial de San Ángel, en el Sur de la Ciudad de México. El Museo del Carmen, que contiene una vasta y exquisita colección de pintura religiosa antigua, es administrado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, forma parte del Colegio de San Ángel Mártir, construido por los carmelitas al inicio del siglo XVII para preparar a los sacerdotes.

La colección del Museo es arte sacro; sus mejores piezas son herencia de los frailes carmelitas, que en el auge financiero de su fundación contaron con destacados artistas de su época, entre los que se encuentran Cristóbal de Villalpando, Juan Correa y Miguel Cabrera.

El altar de los muertos en el Museo del Carmen, de carácter temporal, tiene una estructura sui generis ya que combina obras religiosas del siglo XVII con los elementos propios de las ofrendas tradicionales; sobresalen las “calacas catrinas” elaboradas artesanalmente, así como la gran variedad de calaveras de dulce, cristal, vidrio y porcelana, principalmente, también con coloridas figuras de cartón, los tradicionales panes de muerto, diversos alimentos, agua y flores de cempasúchil.

El difunto reverenciado en la ofrenda fue el conspicuo arquitecto mexicano Pedro Ramírez Vázquez, fallecido en abril pasado a la edad de 94 años. Pedro Ramírez Vázquez diseñó y construyó un gran número de edificaciones públicas en el país; su foto y la de varios de sus familiares estaban en el altar. La ofrenda estaba enmarcada por las tres cúpulas del antiguo Colegio de los Carmelitas y su iglesia, estilo barroco, precedida por un amplio atrio que resaltó la belleza de esta última.

La visita fue intensa, aunque breve, porque cerraron las puertas del museo, así que nos apresuramos a visitar la ofrenda que se anunciaba en el museo del Risco en la Plaza de San Jacinto, en el corazón de San Ángel, en donde desde los setentas del siglo pasado se estableció el famoso Bazar de los Sábados, un ámbito original de venta de finas artesanías mexicanas; mi hermana mayor, Julieta, era asidua visitante y compradora. Recuerdo que allí tenía un amigo artesano que elaboraba finas piezas de joyería de plata. En contraste con el presente, el Bazar era frecuentado en buena medida por turistas del exterior; hoy, predominan los nacionales y la calidad de la mercancía que se expende dista mucho de la que existía en el pasado. No obstante, el ambiente que priva en el Bazar es relajado y alegre; muchos de los visitantes son padres de familia con sus hijos.

Mientras mi esposa veía las artesanías que se expendían en varios locales, yo me quedé sentado en un banquito escuchando la música de un conjunto que tocaba canciones románticas y guapachosas, interpretaciones de la trova cubana. El conjunto era bastante bueno y la cantante principal tenía muy buena voz. Aunque San Ángel ya no es la zona rural y de descanso que era hasta principios del siglo XX, sigue teniendo una atmósfera apacible de provincia.

El Museo del Risco se encuentra en el Centro Cultural Isidro Fabela, que es un monumento histórico del siglo XVIII que alberga la colección de arte reunida por Isidro Fabela (1887-1964), básicamente integrada por obras mexicanas y europeas de pintura, escultura, artes aplicadas y textiles. Fabela fue un ilustre humanista, revolucionario, literato, diplomático y gobernador del Estado de México. Desafortunadamente no pudimos apreciar la ofrenda de este museo porque cuando llegamos al mismo ya lo habían cerrado; con paciencia, como dice el dicho popular, “si Dios nos da vida” la veremos el próximo año.

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