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Escritores judíos en la URSS, testigos del totalitarismo del siglo XX. Parte II

La figura del escritor suele ser diametralmente adversa al poder, y de eso tenemos unos cuantos ejemplos en la mejor literatura que se escribió en la Rusia revolucionaria. Ellos pagaron con su vida la obra que escribieron, y nosotros hoy, herederos fervorosos de ese legado, debemos estar a la altura como lectores y darlo a conocer.

Isaak Bábel, o las eternas penurias del pueblo judío.

Bábel nació en Odesa en 1894, en el barrio judío de Moldavanka, y su infancia nada tuvo que ver con la de un niño normal. En el gueto de la ciudad vivió de cerca el antisemitismo debido al éxodo masivo de los judíos del Imperio Ruso. Más tarde evocará el salvaje pogromo con motivo de la Revolución de 1905, del que salvó gracias a sus vecinos cristianos que dieron refugio a su familia, aunque su abuelo no corrió con la misma suerte.

Pero el asunto no hacía más que comenzar, pues para ingresar al Instituto Comercial Nicolás I tuvo que sobresalir en la “cuota judía”, diseñada por el régimen zarista para excluir a un gran sector de la juventud hebrea de la educación superior. A pesar de calificar para entrar al instituto, Bábel fue rechazado y su puesto se le otorgó a otro niño, cuyos padres sobornaron a las autoridades del colegio.

Después de intentar entrar en la Universidad de Odesa (donde también se le impidió el ingreso por la “cuota judía”), Bábel se trasladó a Petrogrado, hoy San Petersburgo, desafiando las leyes zaristas que obligaban a la reclusión de los judíos en la “Zona de Asentamiento”. En la capital conoció al escritor revolucionario Maxim Gorki, quien publicó algunos de sus cuentos, y este encuentro permanecería grabado en la memoria de Bábel; en su autobiografía lo refirió así: “Le debo todo a ese encuentro, y aún pronuncio el nombre Alekséi Maksímovich [Gorki] con amor y admiración”.

En los siguientes siete años, Bábel se adhirió al comunismo soviético y participó en la Guerra Civil rusa como cronista y soldado, documentando los horrores del conflicto armado en su Diario de 1920, que utilizó más tarde para escribir su libro más famoso, Caballería Roja. La falta de “romanticismo revolucionario” en las crudas descripciones de Bábel del conflicto armado le crearon no pocos enemigos en el poder, pero la intervención de su amigo y protector Gorki le ayudó a salvar la publicación del libro, que pronto sería traducido a varios idiomas.

Cuando publicó su drama teatral María en 1934, era visible la inconformidad de Bábel con el realismo socialista, y ese año, en el primer congreso de la Unión de Escritores Soviéticos, él mismo se definió como “maestro del silencio”, ironía que no le cayó nada bien al “padrecito Stalin”. Sin embargo, la fama nacional e internacional de Bábel impidió que fuera perseguido y, por el contrario, se le permitió viajar al extranjero como parte de la propaganda cultural del régimen. No obstante, la muerte de su protector Maxim Gorki lo dejó desguarnecido ante la ira de Stalin.

El 15 de mayo de 1939, Bábel fue arrestado en su dacha de las afueras de Moscú. Fue encarcelado inmediatamente, pero no lo llevaron ante un tribunal hasta el 26 de enero de 1940; allí se le acusó de espionaje y terrorismo contra el gobierno, siendo fusilado al día siguiente. Sus libros fueron prohibidos y su nombre borrado de todo registro literario de la URSS. Todos sus manuscritos y cartas se perdieron hasta hoy.

Durante el deshielo propiciado por Nikita Jrushchov, Bábel fue “rehabilitado” en diciembre de 1954, y la condena de 1940 se anuló al considerarse la “ausencia de cualquier crimen” en la vida del escritor.

Fuente:nmidigital.com

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