sábado 15 de junio de 2024

Enseñanzas talmúdicas: ¿por qué refinar nuestro espíritu como refinamos la harina?

Siempre se puede mejorar, pero se necesita mucha fuerza para continuar en el camino que hemos escogido. Dar lo mejor de nosotros no es sencillo, tenemos que mantener la dirección y la meta clara para hacer ese último esfuerzo necesario; para juntar todas las fuerza que tenemos y sacarlas desde lo más hondo de nuestro ser.

Así como con el esfuerzo físico y el trabajo intelectual necesitan de determinación y dedicación, el trabajo espiritual también. Ser mejor persona, educar las emociones y considerar a los demás necesitan de un trabajo diario y continuo para poder lograrlo. Sin embargo, vale la pena hacerlo. La siguiente historia es tomada del Talmud y habla sobre la importancia de esforzarnos diariamente.

La voz Interior

Durante los meses de abril, mayo y principios de junio, Israel siempre disfrutó de la magnificencia de la cosecha de cebada. El amontonamiento del grano, cuando los agricultores trabajaban en los campos bajo el cálido cielo, era un rito anual. Una de las tareas más arduas era la molienda. Los hombres trabajaban en los campos bajo el cálido cielo, era un rito anual. Una de las tareas más arduas era la molienda. Los hombres trabajaban a lo largo de todo el día y, al final, conseguían transformar el grano de cebada en harina fina.

Una y otra vez molían la cebad para refinar la harina hasta el mayor grado posible, hasta hacerla lo suficientemente pura como para llevarla de ofrenda al Templo de Jerusalem. La molienda sólo se daba por terminada cuando resultaba ya imposible hacer más fina la harina.

Al principio, el molinero podía pensar que era imposible hacer una harina más fina. Pero, una y otra vez, cuando el molinero pensaba que había llegado al punto en el cual no había mejora posible, los rabinos dicen que el molinero se dejaba llevar por una voz. ¿Qué decía la voz? Nada menos que “continúa moliendo”. El molinero necesitaba de aquella voz, y la voz mantenía al molinero en marcha. “Sigue moliendo, sigue mejorando. Sigue refinando la harina hasta que no pueda ser más fina.”

Fuente Talmúdica: Midrash
Texto tomado de Parábolas del Talmud.

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