Enlace Judío México.- El próximo 2 de Noviembre se cumplen 100 años de la Declaración Balfour, considerada como el primer gran paso para la creación del Estado Judío, Israel.

IRVING GATELL EN EXCLUSIVA PARA ENLACE JUDÍO MÉXICO

La Autoridad Palestina ha “exigido” al gobierno inglés que “pidan perdón”, porque –según ellos, tan iluminados siempre– dicha declaración “violó los derechos de los palestinos”. Por supuesto, Theresa May se ha rehusado a semejante insensatez, e Inglaterra mantiene en pie los festejos del centésimo aniversario de la Declaración, a los cuales asistirá Benjamín Netanyahu, Primer Ministro de Israel.

Aprovecho la coyuntura –y mi vocación de no ser políticamente correcto– para recordarle a los palestinos y sus fans algunos hechos históricos verificados y verificables.

El primero es que el asunto de construir un “hogar nacional judío” en lo que hoy es Israel siempre estuvo en boca de mucha gente. Es un tema que existe en la mentalidad judía desde que Adriano rebautizó Judea como Palestina en el año 135 y, por extensión, muchos políticos de uno u otro país llegaron a abordar el asunto (no siempre con la misma intención). En contraste, hasta los años 60’s del siglo XX, nadie en absoluto habló de un “pueblo palestino”. Es una invención moderna.

El segundo es que los palestinos ni siquiera tienen un modo propio de llamarse a sí mismos. “Palestino” es una palabra que tiene su origen etimológico en el idioma hebreo, y significa “invasor”.

Originalmente, el hebreo PILISTIM se le aplicó a una horda de invasores griegos que llegaron a establecerse en la zona intermedia entre Egipto y Judea. Se les conoce como “filisteos”. Los palestinos de hoy son los únicos que, muy inteligentemente, se hacen llamar a sí mismos “invasores” con una palabra que proviene del lenguaje de sus enemigos.

El tercero es que los palestinos de hoy no tienen nada que ver con los palestinos (filisteos) de la antigüedad. Los palestinos de hoy son, en su mayoría, árabes. Los filisteos eran originarios de las Islas del Mar Egeo. Pese a ello, nunca falta algún brillante funcionario palestino que reclame que ellos son los filisteos originales. Luego entonces, son griegos invasores. O son ignorantes. Yo voto por lo segundo.

El cuarto es que los palestinos suelen decir también que son descendientes de los Jebuseos, una tribu cananea que vivió en la zona hace unos 3000 años. Pero también es falso. El único grupo local que ha demostrado –vía exámenes de ADN– ser de genuino origen cananeo es el libanés (son mayoritariamente Fenicios, que fueron cananeos del norte). Los palestinos, como ya se mencionó, son árabes mayoritariamente. Y eso es muy distinto que ser cananeo.

El quinto es que, por alguna razón que sigue resultando un misterio para mí, los palestinos que apelan a estos orígenes míticos no lo hacen considerando que lo de “filisteo” y lo de “jebuseo” son dos opciones distintas. Es decir: que tendrían que decir “somos filisteos” o “somos jebuseos”, porque son dos grupos distintos y no se puede decir “somos filisteos y jebuseos”. Sin embargo, lo hacen. Líderes palestinos como Yasser Arafat o Mahmud Abás a veces han dicho que son los filisteos originales, y luego han dicho que son los jebuseos originales. Alguien debería informarles que eso es un disparate y sólo hace que se desprestigien más ante quienes sí saben de Historia.

El sexto es que los palestinos no tienen una idea muy clara de cuánta antigüedad tienen como grupo históricamente identificable. Algunos de sus líderes han salido con la chambonada de que tienen un millón de años de antigüedad (no se rían; es en serio). Es decir: que ya había palestinos en Judea cuando todavía faltaban 700 mil años para que los Hombres de Neanderthal llegaran a Europa. Algunos no tan atarantados han dicho que tienen 10 mil años de antigüedad. Es decir: que ya había palestinos en Judea 4,500 años antes de que los sumerios inventaran la escritura. La molesta realidad es que se empezó a hablar de un “pueblo palestino” apenas en los años 60’s, concretamente después de la Guerra de los Seis Días (Junio de 1967).

El séptimo es que cuando se fundó el Estado de Israel en 1948, ningún país árabe habló de una “violación a los derechos del pueblo palestino”. En serio (si no me creen, corran a cualquier hemeroteca y revisen los periódicos de la época).

El octavo va en esa misma línea: entre 1949 y 1967 el actual “territorio palestino” estuvo bajo control Jordano y Egipcio, y ninguno de esos dos países (menos aún, los demás países árabes) hablaron de “declarar la independencia del pueblo palestino”. En serio (ídem).

El noveno es que la palabra “palestino” nunca en la Historia se usó para designar a “un pueblo”. Se usaba para designar a los habitantes del Protectorado Británico de Palestina (antes provincia del Imperio Otomano, antes del Califato Mameluco, antes de los Reinos Cruzados, antes de los Califatos Árabes, antes del Imperio Bizantino, antes del Imperio Romano de Oriente, antes del Imperio Romano, antes Reino de Judea), indistintamente de su identidad nacional, étnica, cultural, religiosa o histórica. Su población estuvo generalmente integrada por judíos y, a partir del siglo VII, árabes. Esto significa que “palestino” no tenía ninguna relación con ser “parte de un pueblo”, sino que era sólo una identidad jurídica: “habitante de la provincia de Palestina”.

El décimo es que, por las razones expuestas en el punto anterior, los judíos israelíes son, históricamente hablando, palestinos.

El décimo primero es que es cierto que muchos judíos israelíes de hoy descienden de inmigrantes llegados de otros lugares; tan cierto como que muchos palestinos de hoy descienden de inmigrantes llegados de otros lugares.

El décimo segundo es que en 1948 el Estado de Israel no se fundó con inmigrantes. Su población ya estaba viviendo allí. Los procesos de inmigración fueron anteriores, así que legalmente todos los habitantes judíos eran palestinos.

El décimo tercero es que las migraciones judías hacia la zona comenzaron en la segunda mitad del siglo XIX, y es un hecho sobradamente demostrado que no existía allí ninguna población identificable como “pueblo palestino”. El lugar estaba mayoritariamente desierto, tal y como lo demuestran las amplias y claras descripciones hechas por Adrianus Reland en 1698 y Mark Twain en 1867.

El décimo cuarto es que las migraciones árabes hacia la zona comenzaron un poco después, justo gracias a que las migraciones judías empezaron a abrir fuentes de trabajo en la zona.

El décimo quinto es que desde que los árabes conquistaron la zona (año 640) hasta que la perdieron (año 1917), nunca hicieron un esfuerzo por poblarla, hacerla productiva o siquiera embellecerla. Siempre fue un rincón desolado y marginalmente habitado. Ningún gran líder árabe hizo acto de presencia allí. Se podría mencionar a Saladino, pero este sólo se apersonó para expulsar a los cruzados, y ni siquiera era árabe. Era kurdo.

El décimo sexto es que los únicos que tuvieron un interés real por Jerusalén y Judea, y que incluso mantuvieron una presencia física permanente allí, fuimos los judíos.

El décimo séptimo es que la contraposición según la cual lo “judío israelí” es antagónico a lo “palestino” es racista y discriminativo, porque históricamente, los judíos israelíes fueron tan palestinos como los árabes de la zona.

El décimo octavo es que eso se demuestra en que todas las instituciones fundadas por judíos hasta antes de 1948 se identificaban como “palestinas”. Ejemplos: el Palestina Post, la Orquesta Sinfónica de Palestina, el Banco de Palestina, y hasta la selección de fútbol de Palestina. Sus fundadores y operadores fueron, sin excepción, judíos. Incluso, en la diáspora de aquellos tiempos, el apellido Palestino era (y sigue siendo) judío.

El décimo noveno es que esa misma condición de verdaderos post-palestinos aplica también a los jordanos, porque hasta 1946 lo que hoy es Jordania fue parte del Protectorado Británico de Palestina.

El vigésimo es que no existe una diferencia histórica entre los actuales jordanos y los hoy llamados “palestinos”. Por qué unos son jordanos y otros son palestinos fue determinado, única y exclusivamente, por la ubicación de sus ancestros en 1922. Los que estaban al occidente de la frontera inventada por los ingleses para el “reino Hachemita de la Trans-jordania” ahora son llamados palestinos, y los que estaban al oriente de dicha frontera sacada de la nada, ahora son llamados jordanos.

El vigésimo primero es que, por las razones expuestas en los últimos puntos, que un grupo árabe se autoproclame como “pueblo palestino” es una injusticia histórica, y el secuestro de un gentilicio que, en estricto, no les corresponde.

El vigésimo segundo es que todo ello resulta en que son un extraño “pueblo” sin historia. La única historia a la que pueden apelar es a la de los árabes en general.

El vigésimo tercero es que el único evento histórico que puede darles cierto tipo de identidad es que los actualmente llamados “palestinos” son los descendientes de los refugiados árabes que en 1949 se convirtieron en desplazados de guerra. Más allá de eso, carecen de otro elemento que defina su identidad histórica.

El vigésimo cuarto es que esa condición de desplazados de guerra los llevó a convertirse en refugiados, y quedaron refundidos en condiciones miserables y marginadas durante casi 20 años.

El vigésimo quinto es que Israel no tuvo nada que ver en esa catástrofe colectiva, ya que a partir de 1949 todos esos refugiados estuvieron bajo control árabe. Líbano, Siria, Jordania y Egipto los instalaron en campamentos de refugiados, se negaron a concederles la nacionalidad, y se desentendieron de cualquier acción que les permitiera mejorar sus condiciones de vida. La razón que dieron para semejante crimen de Lesa Humanidad fue que si los ayudaban a mejorar, podrían olvidarse de que tenían que “luchar contra Israel”.

El vigésimo sexto es que Israel apenas se hizo cargo de los principales campamentos de refugiados (los jordanos) cuando en la Guerra de los Seis Días (1967) conquistó toda la llamada Franja Occidental, hoy llamada Cisjordania, y cuyos nombres históricos son Judea y Shomrom (Samaria).

El vigésimo séptimo es que tras los acuerdos de Oslo en 1993 y el establecimiento oficial de la Autoridad Nacional Palestina, los refugiados palestinos se han convertido en el fenómeno más extraño: viven en su territorio, tienen a su propia autoridad, gozan de una identidad jurídica avalada por documentos extendidos por sus autoridades, pero –por alguna extraña razón– siguen siendo considerados “refugiados”.

El vigésimo octavo es que dicha condición de refugiados la pueden heredar, aunque sus hijos, nietos y bisnietos nazcan en otros países y reciban la nacionalidad por nacimiento. Son los únicos que pueden tener una nacionalidad –estadounidense, por ejemplo– y ser refugiados al mismo tiempo.

El vigésimo noveno es que por esa condición bizarra, artificial, falaz e ilegal de refugiados, los palestinos han recibido millones de dólares en apoyos; dicho dinero ha terminado mal gastado en terrorismo, o en las cuentas personales de los políticos palestinos, considerados de los más corruptos del mundo.

El trigésimo es que los palestinos, con el apoyo de sus simpatizantes a todo nivel, han lanzado una guerra cultural contra Israel para llevar la deslegitimación del Estado Judío hasta sus últimas consecuencias. Lo que primero fue un intento por convencer a todos de que Israel no debía existir, ahora se ha convertido en un descarado y grotesco intento por convencer a todos de que los judíos no tenemos historia propia.

El trigésimo primero es que eso significa que los palestinos están intentando convencer al mundo de que el pueblo falsificado e inventado somos nosotros, los judíos.

El trigésimo segundo es que, por sorprendente que parezca, la izquierda israelí y los judíos de izquierda de todo el mundo parecen sentirse muy a gusto con esta insensatez.

La trigésima tercera es que no me voy a cansar de denunciarlo y señalar las inconsistencias de la campaña pro-palestina, sin importarme que esto se considere políticamente incorrecto.

La trigésima cuarta es que, por todo lo ya mencionado, me uno a Inglaterra y a Israel en la celebración del centenario de la Declaración Balfour.

La Declaración Balfour fue el inicio de una restitución histórica, justa para el pueblo judío, y todo lo que los palestinos se puedan quejar al respecto es una mentira, una falacia, una trampa y parte del descarado por robarnos lo que ellos no tienen y que a nosotros nos sobra: Historia.

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