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La Biblia de Ferrara, traducción de sefardíes

Enlace Judío México.- La primera traducción completa de una Biblia hebrea al castellano que tuvo el honor de ser impresa es la Biblia de Ferrara (1553), y como la anterior se puede calificar como una Biblia española en el exilio.

Siguiendo la tradición de las Biblias medievales romanceadas continúa la práctica de la adaptación de los ejemplares según sean los destinatarios de las copias. En la contraportada de unos ejemplares se dedica a Don Hércules de Este, duque de Ferrara y figuran como autores Jerónimo de Vargas y Duarte Pinel. Otros ejemplares están dedicados a Doña Gracia Nací y aparecen como autores Yom Tob Atías y Abraham Usque. Muy probablemente se trata de los mismos personajes. En su dedicatoria al Señor Don Hércole da Este el segundo, cuarto Duque de Ferrara insisten en la necesidad de esta traducción a lengua vulgar como Francisco de Enzinas había insistido en la publicación del Nuevo Testamento dedicada al emperador Carlos V.

Los traductores de la Biblia de Ferrara también aducen este motivo para su traducción: “Aunque muchas vezes se ha visto… que toda obra traducida pierde la gravedad y gracia que en su original tenía, y que lo mismo puede ser en esta nuestra traducción, quisimos todavía tomar este trabajo tan ageno de nuestras fuerças viendo que la Biblia se halla en todas las lenguas y que solamente falta en la española siendo tan copiosa y usada en la mayor parte de Europa y en algunas provincias fuera della”. Además la Biblia de Ferrara lleva un sello inconfundible de traducción que la distingue de las otras traducciones vernáculas. Traduce “palabra por palabra de la verdad Hebrayca” como reza el encabezamiento.

Sabemos además que en esto no fue innovadora sino que más bien revisó y editó una versión literal que durante varias generaciones venían usando los judíos españoles. Pero esta técnica de traducción no se limita a la tradición española. Se mantuvo también en la tradición judía grecoparlante desde el traductor Onquelós de comienzos del siglo II d. C. hasta el Pentateuco de Constantinopla. Este hecho singular requiere una explicación. En el judaísmo, si exceptuamos la primera traducción al griego, la Septuaginta, que llegó a suplantar al texto hebreo en la liturgia sinagogal de la diáspora helenística (de ahí el ayuno de Tevet), nunca tuvieron las traducciones una existencia autónoma. Eran meros instrumentos de apoyo para comprender el original hebreo que seguía usándose en la educación y en la liturgia.

Por otra parte comenta Harm den Boer, que los cristianos nuevos (criptojudíos) que desde el siglo XVI hasta bien entrado el siglo XVIII volvieron al judaísmo en alguna de las comunidades sefardíes de Europa occidental (Amsterdam, Hamburgo, Venecia, Liorna, Londres, Bayona) necesitaron de instrucción en los principios básicos de su fe. En numerosas de sus obras escritas, traducidas o impresas encontramos alusiones en particular a su ignorancia del hebreo. [1] Para poder participar en la liturgia judaica y seguir el precepto de «meldar» diariamente fue, pues, necesario disponer de una traducción de la Biblia; la que se conoce como la Biblia de Ferrara se usaría durante más de dos siglos (1553-1762) [2]. Si bien no iba dirigida exclusivamente a los sefardíes de origen converso [3], para éstos se convirtió en texto canónico. Tras su primera edición, la Biblia de Ferrara tuvo no menos de seis reediciones íntegras (las de 1611, 1630, 1646, 1661, 1726 y 1762), y el Pentateuco con lecturas de Profetas -con Haftarot-, la «Biblia de uso» de los sefardíes, hasta nueve (1627, 1643, 1655, 1691, 1697, 1705, 1718, 1724 Y 1733); aparte cuatro ediciones de los Salmos (1628, 1650, 1723 y 1733) 4.

1. Reacciones a la traducción ferraresca.

Como se sabe, la traducción ferraresca [5] «palabra por palabra» es un texto muy particular. Quien ha tenido ocasión de saborearlo se embelesa o se disgusta por ese extraño español enrevesado y arcaico [6]. Creo que la reacción de los conversos vueltos al judaísmo tenía una ambigüedad parecida, pero la trascendencia religiosa y psicológica que para ellos tenía la Biblia de Ferrara hizo que tardaran en expresar su crítica. Los comentarios de diferentes sefardíes ilustrarán lo que acabamos de afirmar.

Recordemos en primer lugar que los mismos editores de la Biblia de Ferrara admitían que a algunos lectores les parecería:
el lenguaje della bárbaro y estremo y muy differente del polido que en nuestros tiempos se usa; [7]
incluso se referían a:
algunos que presumen de polidos [que] quisieron desenquietar y hazer tornar atrás este tan provechoso trabajo diziendo sonarían mal enlas orejas de los cortesanos y sotiles yngenios.8
Los editores estimaron que tales «pareceres» debían de ser de «personas malévolas y detractoras» por despreciar los valores superiores de esta traducción: la fidelidad a la lengua sagrada y la «gravedad que la antigüedad suele tener» [9]

Estas razones, válidas por sí, fueron de una especial importancia para los judíos que, tras haber vivido como cristianos, sintieron la necesidad de recuperar todo aquel pasado judaico del que -voluntariamente o por fuerza- habían estado separados. Así como volvieron a usar los apellidos de ilustres linajes judíos medievales [10], así también la Biblia de Ferrara significaba un digno reencuentro con la antigua tradición. La literalidad de la traducción compensaba, al menos en parte, la falta de acceso al texto original, ya que, como confesaba Abraham Farrar, «judeu do desterro de Portugal», era por sus pecados por lo que los hermanos de España y Portugal habían olvidado la lengua santa. [11]

Así no ha de extrañarnos que el español de la Biblia de Ferrara y el de los libros de oraciones encontrara continuos abogados entre los sefardíes de origen converso. Isaac Athías no compuso su libro de los 613 preceptos de la Ley (1627) [12] en su lengua materna, el portugués, ya que:

assí como se traduzo la Sagrada escritura en español, ¿por qué no se pondrá en
la misma lengua todo aquello que fuere necessario para que la Ley del Seníor se
aumente? Y aun por esso, fue esta nuestra obra en el mismo lenguage y no en el
materno y proprio por no me salir de la Biblia y todas las rezas y por seguirlas
aun más usamos de sus ladinos en muchas partes, no sólo por ser más proprios
al Hebreo mas ta[m]bién por más comunes a la nación y en effecto allá muestran
la gravedad de las cosas antiguas. [13]

De la misma manera se expresó Imanuel Aboab en el prólogo a su obra didáctica en defensa de la Ley oral, Nomología o discursos legales (1629): no quería «alterar la gravedad del estilo antiguo» [14]. David Abenatar Mela, autor de una versión rimada de los Salmos, declaró arrimarse al:
divino texto de lo ladino de la Biblia ferraresqua del qual no me aparté a derecha
o a ysquierda. Y aquello que no entendí lo puze por no errar como está escrito Y.éuin con las mismas palabras del castellano antiguo como verás. [15]

El lector que se asombraba ante ciertas redundancias o ante la incomprensibilidad del texto tenía que entender, pues, que el versificador se atenía al literal del «ladino ferraresco»[16] por veneración al pasado judaico, al que atribuía un carácter cuasi sagrado:

No sin gran milagro lo escrivieron en los dichos psalmos los padres dellos en
poner los nombres del D[io] B[endito] duplicados, y aún jo les acresenté en
muchas partes como verás el nombre del Señor que me vino a propózito para
inchir el verzo y me uve en hazello, como el vigilante piloto en el govierno de
su nave en la espantoza tormenta. [17]

Pero también debemos considerar la otra cara de estas muestras de respeto y veneración por la Biblia de Ferrara. Formuladas como defensas, implican que para los lectores de estas advertencias el de Ferrara era un español al que no estaban acostumbrados y cuyo posible atractivo no era ciertamente de orden estético. Recordemos que cuando se publicó la Biblia de Ferrara, las lenguas y literaturas española y portuguesa empezaban a conocer un período de esplendor y que los cristianos nuevos, como hijos de la cultura ibérica de entonces, debieron de haber experimentado un chocante contraste entre el brillante lenguaje de sus escritores del siglo de oro y el «bárbaro» o «tosco» español de la traducción literal. En las mismas reediciones de la Biblia de Ferrara podemos observar, al lado de veneración, elementos de crítica. Ya en 1628 el editor de los Salmos distinguía entre, por una parte, la fidelidad a la «frasis» hebrea, digna de respeto y admiración, y por otra, ciertos arcaísmos léxicos que se sintió libre para sustituir. [18] El Jajam Shaúl Leví Mortera (ca. 1596-1660), rabino asquenasí de Venecia, quizás el más prestigioso entre los instructores de las jóvenes comunidades sefardíes de Amsterdam, en su Tratado sobre a verdade da Lei de Moisés (1659-60) se refería continuamente a la «Biblia del fraile» -la Biblia de Cipriano de Valera de 1602-, lo que indica que esta Biblia protestante era leída por los judíos nuevos de Amsterdam [19]. Jacob Jehudá León, autor de una traducción-adaptación de los Salmos con paráfrasis, afirmaba que la traducción de «aquel gentil» (Casiodoro de Reyna o Cipriano de Valera) [20] era «más acepta entre algunos de los nuestros» [21]. A propósito de la Biblia de Ferrara admitía:

y en quanto a la versión de los nuestros de la tradución aprobada antiguamente

en Ferrara por los hombres más eminentes de aquel siglo, la qual es más
usada entre nosotros por ajustarse más con la verdad del texto Hebrayco, tampoco
hallo en ella bastante satisfación a la puntualidad que desseo observar, por ser tan
precisa al sentido aparente de las letras serviles y de algunos adverbios ordinarios,
sin reparar al estilo del lenguaje ni tampoco a los varios sentidos que puede cada
una destas letras compreender o una misma palabra igualmente, que muchas vezes
le parece al Lector que corrompe el sentido verdadero del intento de la sagrada
Escritura.[22]

León se muestra, pues, como uno de los primeros defensores de una traducción fiel al sentido y no a las palabras del texto original. Yosef Franco Serrano, instructor religioso en el seminario rabínico Etz Haim de la comunidad sefardí de Amsterdam, se quejaba de que las traducciones:

en lengua antigua española han sido hasta este año de 5443 [1683] tan toscas y
defectuosas, que en lugar de mover a la devoción de meditarlas, provocaban a no
leerlas, por no poder investigarlas ni entenderlas los iudíos resién venidos de
España. [23]
y se lamentaba de que a:
los que ignoran el Hebreo les es impossible entender la D[ivina] Ley por qualquiera
de las versiones en que ella está traduzida: antes percebirán muchos absurdos con tal eficacia, que costará excessivo trabajo al Professor de los Divinos estudios hazerles comprehender la solución a la dificultad que en algunos casos es fuerza offrecérseles: y les será necessario observar los Divinos Mandamientos sólo por informe de los Sabios q[ue] la entienden, sin gozar de la satisfación y sossiego de ánimo de haver alcanzado la inteligencia dellos en su original. Por quanto unos traduxeron los Sacros Libros en lengua española, palabra por palabra del Hebreo, pensando hazer con ello más fácil la inteligencia de sus expressiones y conceptos; y los obscurecieron de manera que no es possible al Professor de los Divinos estudios dar a entender por ella el real intento de la Divina palabra en algunos casos, por hazer sentido differente en extremo y opuesto tal vez a lo que exprime el Hebreo. Porque en muchos lugares de los S[acros] Libros no basta para descubrir el concepto del Texto la énfaci que muestran las palabras en la orden que su Divino autor las dispuso, y es necessario construirlas en lo legal según enseña la Divina Tradición. [24]

Este rabino planteó por primera vez explícitamente el mayor defecto de la Biblia de Ferrara: destinada a la reeducación religiosa de los ex conversos, su texto incomprensible resultaba con frecuencia un obstáculo más.

Sin embargo se ha de mencionar que la Biblia de Ferrara ha sido elogiada por todos los traductores posteriores como un monumento de la lengua española hasta que los recientes estudios de lingüística teórica han ayudado a detectar las falacias de la traducción literal. La traducción es un proceso delicado y complejo que no se puede realizar palabra por palabra, sino por unidades de sentido dentro del discurso. La lingüística del texto ha contribuido a descubrir otros componentes de la comunicación que no están colgados de las palabras sueltas, sino diluidos como sonidos armónicos a lo largo del discurso: connotaciones retóricas, estilísticas, poéticas, sonoras, etc. La verdadera literalidad no consiste en imponer a la lengua receptora la estructura del original, sino en decir en castellano lo mismo que el original dice en hebreo. Cuando una traducción da en el clavo, de ordinario está por encima de las disyuntivas teóricas de literal o libre, palabra por palabra o según el sentido. A través de la comparación entre la Biblia de Ferrara y las traducciones bíblicas posteriores se puede ver cómo el proceso de traducción se convierte en un fenómeno colectivo que va desde los primeros balbuceos del lenguaje bíblico en el español de Ferrara hasta la Nueva Biblia Española. En este largo caudal de traducciones al español, pequeños aciertos o descubrimientos se van incorporando a la lengua receptora. Algunos adquieren carta de ciudadanía y se consolidan. Otros son mejorados o completados por nuevos logros parciales y actualizaciones posteriores. Y como la lengua es un organismo vivo, ninguna traducción puede ser definitiva, sino que periódicamente necesitará una nueva formulación dentro del sistema. Pero nunca podrá faltar como punto de referencia la Biblia de Ferrara, la primera que permitió al español sentirse sacudido y enriquecido por una lengua origen de venerable antigüedad y de no menos venerable tradición literaria.

Notas.
1 Cf. el prólogo a la edición de los Salmos por el sefardí Abraham Sury:
(Psalterio de David en Hebrayco dicho Thehylim [Amsterdam, 1628], f. A2v).
2 Es lo que se desprende de sus reediciones, siendo la última de ellas la magnífica Biblia en dos co/unas hebrayco y español (1762) de la imprenta de Proops en Amsterdam.
3 La Biblia circulaba también entre cristianos; cf. la reseña de H. P. Salomon sobre H. V. Sephiha, Le Ladino, judéo-espagnol … , en Studia Rosenthaliana, 10:2 (1976), ps. 241-245: p. 243.
4 Véase en apéndice mi Bibliografía de las reediciones de la Biblia de Ferrara.
5 Uso el adjetivo ferraresco tal como ya lo emplearon los mismos sefardfes, v.gr. David Abenatar Melo, infra y n. 15.
6 Aludo a sus arcaísmos y a su sintaxis forzada. Para las particularidades de la lengua de la Biblia de Ferrara consúltense los otros estudios en el marco de este Simposio, con la bibliografía allí mencionada,
7 Biblia en lengua española … (Perrara, 1553), prólogo «Alletof», E *2r.
8 Ibid., f. *2v.
9 Ibid., f *2v y r.
10 Sobre la pretendida descendencia de antiguas estirpes judaicas de la península cE H. Kellenbenz,
«Tradiciones nobiliarias de los grupos sefardles», Actas del 1 Simposio de Estudios Sefordies (Madrid, 1970), ps. 49- 54, y H. P. Salomon, Portrait of a New Christian Fernáo Alvares Melo (1569-1632) (París, 1982), p. 179.
11 Abraham Farrar, Declarariio das 613 encomendanras (Amsterdam, 1627), p. 13.
12 Isaac Amías, Tesoro de preceptos (Venecia, 1627); cE M. Kayserling, Biblioteca espafiola-portugueza-judaíca (Estrasburgo, 1890), ps. 14-15.
13 Cito de la edición impresa en Amsterdarn en 1649, E $4r. Para datos bibliográficos y ejemplares en España y Portugal remito a mi artículo «Spanish and Portuguese editions from the Normern Netherlands in Madrid and Lisbon public collections: Towards a Bibliography of Spanish and Portuguese editions from me Normern Nemerlands (ca. 1580-ca. 1820)), Studia Rosenthaliana, 22 (1988), ps. 97-143, y 23 (1989), ps. 38-77, 138-177: aquí 23 (1989), p. 44.
14 Nomologfa … (Amsterdam, 1629). Cito de la edición de 1727, hecha también en Amsterdam, E 2*1v; cE mi «Spanish and Portuguese ediúons … », 23 (1989), p. 40.
15 David Abenatar Mela, Los CL Psalmos de David en lengua espannola en varias rimas (Francaforte
[Hamburgo], 1626), f. a4r. Sobre el autor y su obra cf. H. P. Saloman, Portrait ola New Christian …
16 El vocablo ladino o ladinos equivale para los sefardíes de entonces a «construcción lingüística» resultante de una traducción (literal); cf. la resefia mencionada de H. P. Saloman sobre H. V. Sephiha, Le Ladino … , p. 244
17 Los CL Psalmos … , f. blv.
18 Psalterío de David. .. , ed. Abraham Sury (Amsterdam, 1628), f. A2r:
Quize sacar a luz la impreción del Psalterio en el presente volume, traduzido con mucha excelencia
por el sefior Abraham Aban Usque de Ferrara; en el quallibro puesto que de nuevo se emendó algunas palabras más a lo moderno y polido, la mayor parte se dexó en el original de su trasladación, para que tuviesse lugar el intento del dicho Autor, que es (como él dize) seguir en todo el phrasis Hebrayco, por no salir del senso que cada sutil ingenio en él alcansasse, para lo qual trabajó siempre como hiw en la traducción de la Biblia.
19 Saúl Leví Mortera, Tratado sobre a verdade da Leí de Moisés, Escrito pelo seu proprio punho em portugues em Amesterdiío 1659-1660, ed. y estudio de H. P. Saloman (Braga, 1988), p. 9.
20 Se refería a la «Biblia del Oso», impresa en Basilea en 1569, de la que Cipriano de Valera hiw una edición revisada impresa en Amsterdam en 1602.
21 Jacob Jehudá León, Las alabanfas de santidad, Tradución de los Psalmos de David (Amsterdam, 1671), f. 2*7v.
22 Las alabanfas de santidad. .. , f. 2*8r.
23 pardphrasis caUtyca en los Cantares de Selomoh (Amsterdam, 1683), «Benigno y devoto lectOf», f. L4v.
24 Los cinco libros de la Sacra Ley … (Amsterdam, 1695), IS. 1t3v-4r. Espero, amigo letor, que te sea grata esta obra [ … ] y que rezuite en servicio del Dio Bendito y benencio del próximo, principalmente a los de nuestra nación portugueza que no saben Hebrayco

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