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Enlace Judío México.- La escuela de mi hijo, Escuela Media David Starr Jordan, está siendo famosa. Un alumno de séptimo grado expuso al honrado, primer presidente de la Universidad de Stanford, como un prominente eugenecista de principios del siglo XX que defendió la esterilización de los “incapaces.”

EDITH SHEFFER

Este tipo de debate está ocurriendo por todo el país, mientras las comunidades luchan acerca de si demoler monumentos confederados o si Andrew Jackson merece permanecer en el billete de u$s20. ¿Cómo decidimos a quien honrar y a quien repudiar?

Hay algunos casos sencillos: las Plazas Hitler fueron renombradas después de la Segunda Guerra Mundial; las estatuas de Lenin fueron arrastradas después del colapso de la Unión Soviética. Pero otros monstruos menos famosos del pasado continúan definiendo nuestro paisaje e idioma.

He pasado los últimos siete años investigando el pasado nazi del Dr. Hans Asperger. Se acredita a Asperger dar forma a nuestras ideas del autismo y el síndrome de Asperger, diagnósticos dados a gente que se cree tiene habilidades sociales limitadas e intereses estrechos.

El diagnóstico oficial del desorden de Asperger ha sido dado de baja recientemente del Manual Estadístico de Desórdenes Mentales de la Asociación Psiquiátrica Estadounidense porque los clínicos aceptaron en gran parte que no era una condición separada del autismo. Pero el síndrome de Asperger está todavía incluido en la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Internacional de la Salud, la cual es utilizada en todo el globo.

Además, el nombre sigue en la usanza común. Es un arquetipo en la cultura popular, un término que aplicamos a los seres amados y una identidad que muchas personas con autismo adoptan para sí mismos. La mayoría de nosotros nunca piensan en el hombre detrás del nombre. Pero nosotros debemos.

Asperger fue visto durante mucho tiempo como un resistente del Tercer Reich, pero su trabajo estuvo, de hecho, vinculado inextricablemente con el ascenso del Nazismo y sus programas letales.

Él encontró por primera vez la psiquiatría infantil nazi cuando viajó de Viena a Alemania en 1934 a los 28 años de edad. Sus colegas mayores estaban desarrollando diagnósticos de defectos sociales para niños que ellos decían carecían de conexión con la comunidad y no deseaban unirse en actividades colectivas del Reich tales como la Juventud Hitleriana.

Asperger al principio advirtió en contra de clasificar a los niños, escribiendo en 1937 que “es imposible establecer un conjunto rígido de criterios serios para un diagnóstico.” Pero justo después de la anexión nazi de Austria en 1938 — y la purga de sus asociados judíos y liberales de la Universidad de Viena — Asperger presentó su propio diagnóstico de desapego social: “psicopatía autista.”

Cuando Asperger buscó la promoción a profesor asociado, sus escritos sobre el diagnóstico se volvieron más duros. Él explicó la “crueldad” y “rasgo sádicos” de los niños que estudiaba, desglosando sus “actos autistas de malicia.” Él también llamó “autómatas inteligentes” a los psicópatas autistas.

Algunos elogian el idioma de Asperger sobre las “capacidades especiales” de niños en el extremo “más favorable” de su “rango” autista, especulando que aplicó su diagnóstico para protegerlos de la eugenesia nazi — un tipo de lista de Schindler psiquiátrica. Pero esto estaba de acuerdo con la benevolencia selectiva de la psiquiatría nazi; Asperger también advirtió que “casos menos favorables vagarían por las calles” de adultos, “grotescos y dilapidados.”

Palabras tales como estas podían ser una sentencia de muerte en el Tercer Reich. Y de hecho, docenas de niños a quienes evaluó Asperger fueron asesinados.

La “eutanasia” infantil fue el primer programa del Reich de exterminio en masa, iniciado por Hitler en julio de 1939 para librarse de niños vistos como una pérdida para el Estado y un peligro para su reserva genética. La mayoría de las víctimas estaban físicamente sanas, no sufrían ni eran enfermos terminales. Ellos simplemente fueron diagnosticados con defectos físicos, mentales o de comportamiento.

Al menos 5,000 niños perecieron en cerca de 37 “guardias especiales.” Am Spiegelgrund, en Viena, era uno de los más letales. Los asesinatos eran hechos en las propias camas de los jóvenes, mientras las enfermeras daban sobredosis de sedantes hasta que los niños se enfermaban y morían, generalmente de neumonía.

Asperger trabajó estrechamente con las principales figuras en el programa de eutanasia de Viena, incluido Erwin Jekelius, el director de Am Spiegelgrund, quien estaba comprometido con la hermana de Hitler. Mi investigación de archivo, junto con la de otros estudiosos de la eutanasia como Herwig Czech, el autor de un documento inminente sobre este tema en el diario Molecular Autism, muestra que Asperger recomendó la transferencia de niños a Spiegelgrund. Docenas de ellos fueron asesinados allí.

Una de sus pacientes, Elisabeth Schreiber de cinco años de edad, podía sólo hablar una palabra, “mamá.” Una enfermera informó que ella era “muy cariñosa” y, “si es tratada estrictamente, llora y abraza a la enfermera.” Elisabeth fue asesinada, y su cerebro se mantuvo en una colección de más de 400 cerebros de niños para investigación en el sótano de Spiegelgrund.

En el período de posguerra, Asperger se distanció de su trabajo de la era nazi sobre psicopatía autista. Recurrió a temas religiosos y comentarios sociales sobre crianza de los hijos. Él probablemente habría sido una nota al pie en la historia de la investigación del autismo de no haber sido por Lorna Wing, una psiquiatra inglesa que rastreó el artículo de 1944 de Asperger sobre psicopatía autista.

Ella pensaba prestarle contexto importante a la definición más estrecha de autismo entonces en uso, y para principios de la década de 1980, el “síndrome de Asperger”, y la idea de un “espectro” más amplio del autismo, había ingresado al léxico médico.

En 1994, el desorden de Asperger fue agregado al manual estadounidense de desórdenes mentales, donde permaneció hasta que fue reclasificado en el 2013 como desorden del espectro autista. Pero el síndrome de Asperger es todavía un diagnóstico oficial en la mayoría de los países. Y es ubicuo en cultura popular, donde la “Aspergeria” es invocada muy a menudo para describir torpeza social general, un estereotipo para los condiscípulos y compañeros de trabajo que eclipsan su individualidad.

¿Importa el hombre detrás del nombre? Para la ética médica, sí. Nombrar una enfermedad por alguien tiene como objetivo dar crédito y elogio, y Asperger no merecía ninguno. Su definición de “psicópatas autistas” es antitética para las comprensiones del autismo hoy, y él envió a docenas de niños a la muerte.

Otras condiciones nombradas por doctores de la era nazi que estuvieron involucrados en programas de exterminio (como el síndrome de Reiter) ahora van por clasificaciones alternativas (artritis reactiva). Y la medicina en general se está moviendo hacia etiquetas más descriptivas. Aparte, la Asociación Psiquiátrica Estadounidense ha fallado que el Asperger ni siquiera es un descriptor útil.

Debemos dejar de decir “Asperger.” Es una forma de honrar a los niños asesinados en su nombre tanto como los todavía nombrados por él.

 

*Edith Sheffer, miembro principal en el Instituto de Estudios Europeos en la Universidad de California, Berkeley, es la autora del libro próximo, “Los Niños de Asperger: Los Orígenes del Autismo en la Viena Nazi.”

 

 

Fuente: The New York Times
Traducido por Marcela Lubczanski para Enlace Judío México

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