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Helena Rubinstein a cara lavada

Secretos, escándalos, matizaciones y  verdades de H. Rubinstein, una diminuta mujer con enorme talento mercantil, pionera de la industria de la cosmética vendiendo que la belleza es poder.


P HUERGO CASO/ ENLACE JUDÍO MÉXICO :- Jaya Rubinstein, antes de ser Helena, fue la primogénita de Augusta Shaindel Rubinstein, ama de casa,  y Horace Hertz Rubinstein, tendero,  que la trajeron al mundo en el invierno de Cracovia de 1870. Luego tendrían otras siete hijas más.  Dos años más tarde nacería su prima, Ruth Rappaport, que sería la bibliotecaria de la Biblioteca del Congreso; y ocho años más tarde nacería su primo, que sería el gran filósofo israelí Martin Buber.

En 1894,  es decir, con 24 años -aunque algunos digan que fue en 1902- decidió emigrar a Australia, sin dinero y sin saber  inglés, pero  donde tenía un tío zapatero en Coleraine. En esta  localidad y su región vivían entonces  75 millones de ovejas que producían una grasa llamada lanolina, que tiene un olor acre. Jaya, que estaba a punto de empezar a ser Helena -nombre de la mujer más bella entre los griegos- empezó a experimentar con lavanda, pino y nenúfares para enmascarar ese desagradable olor a oveja. También experimentó las responsabilidades de la independencia, pues discutió con su tío, abandonó la casa y empezó a trabajar como camarera en un salón de té de Melburne. Allí conoció a un admirador que recaudó los fondos necesarios para que Jaya, que entonces empezó a llamarse Helena, pudiera abrir un salón de belleza en Collins St. , donde le quitaban de las mano su  Crème Valaze;  ella decía fabricar esta crema  con unas hierbas de los Cárpatos y según fórmulas de un gran científico que nunca existió, el Doctor Lykusky, pero vendía un ungüento de  goma ceresina, aceite mineral y ajonjolí (semillas de sésamo, ya valoradas en Babilonia por las sacerdotisas de Ishtar como muy benéficas para la hermosura)

Tuvo tal éxito que pronto abrió un salón en Sidney. El de Melburne lo regentaba su hermana.  Cuando ya tenía cinco, decidió abrir uno en Londres, en donde se instaló ella misma y en donde formó una familia casándose con un periodista de origen polaco con quien tuvo dos hijos. Todos ellos se mudaron a París en 1912, donde ella abrió otro salón más y el marido editó “El Amante de Lady Chatterkey” mientras traducía las memorias de la gran modelo de la vanguardia artística, Kiki de Montparnasse.

París, donde ella se aficionó al Arte, significó para ella la gran vida social, con anécdotas tan grandes como el día en que Marcel Proust, cuando aún no era Marcel Proust, le preguntó por un perfume para una duquesa y ella le echó de la cena  casa porque olía a naftalina.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, se trasladaron a New York, donde rápidamente abrieron un salón. También se abrió el enfrentamiento con su gran rival cosmética: Elizabeth Arden.

En 1928, vendió el negocio estadounidense a Lehman Brothers por $ 7.3 millones ($ 88 millones de 2007). Después de la llegada de la Gran Depresión , compró de vuelta las acciones,  casi sin valor,  por menos de $ 1 millón;  finalmente convirtió las acciones en valores de varios millones de dólares, estableciendo salones y puntos de venta en casi una docena de ciudades de EE. UU.

Inaugurando en Tel Aviv, en 1959

Su fortuna era considerable  y su afición al lujo también:  en la Quinta  Avenida  incluía un restaurante, un gimnasio y alfombras del pintor Joan Miró ;  al artista Salvador Dalí, con quien mantuvo amistad siempre,  le encargó diseñar unos polvos  y un retrato de ella misma. Se convirtió en una gran coleccionista de arte, de hecho incluso en mecenas:  fundó el Pabellón de Arte Contemporáneo Helena Rubinstein en Tel Aviv y estableció la beca de arte Helena Rubinstein en Australia en 1957. De igual manera, estableció la fundación filantrópica Helena Rubinstein Foundation en 1953, destinada a proporcionar fondos a organizaciones especializadas en salud, investigación médica,  así como benefició notablemente  a la America-Israel Cultural Foundation y  sufragó numerosas becas para estudiantes israelíes. Por algo su slogan publicitario era “La Belleza es Poder” A través de vender belleza ella se hizo poderosa. O al menos, rica.

En el amor, no. Se divorció de su primer marido y en 1938  se casó con un apuesto hombre 23 años menor que ella,  Artchil Gourielli-Tchkonia,  quien decía ser un príncipe georgiano pero que en realidad era el nieto sin títulos de una noble georgiana, los  Tchkonia de Guria. No faltó quien afirmara  que  era todo  una estratagema de marketing que incluía la posibilidad de que Rubinstein se hiciera nombrar Helena, princesa Gourielli (el título de la abuela que su marido no había heredado)

Murió en abril de 1965, por causas naturales, y está enterrada en N.Y.C.  Su colección de arte africano, muebles y demás se subastó al año siguiente. Uno de sus hijos murió en 1958 y su otro hijo en 1989, el año en el que estalló el escándalo Bettancourt.

La firma de cosméticos L’Oréal , creada por otro hombre hecho a sí mismo -Eugène Schueller- absorvería a la empresa de H. Rubinstein. Este ambicioso conservador francés con pretensiones políticas colaboró con los nazis y toda su plantilla colaboradora también ( algunos incluso pertenecían a la cagoule, la rama más radical y violenta del nazismo en Francia) . Por lo cual al acabar la guerra se abrieron procesos contra él.  Su hija única, Lilianne, se casó con Andrè Betancourt, ministro de gobiernos de izquierdas y derechas, quien  estuvo siempre bajo sospecha de colaboracionismo antes de pasar a la resistencia; se convirtió en vicepresidente del grupo L´Oreal desde 1950. En 1989, Jean Frydman,  director israelí de Paravision,  filial audiovisual de L’Oréal, fue  destituido bajo la presión de la Liga Árabe. Frydman, después, reveló el pasado fascista del multimillonario así como el de varios otros líderes de L’Oréal durante la Ocupación, obligando a André Bettencourt a dejar la vicepresidencia del grupo en diciembre de 1994 y expresar su arrepentimiento por lo que calificó de “error de la juventud”

Y todo esto y mucho más, en la biografía que escribe Ruth Brandon: “Belleza Fea”, Tusquets editores, Barcelona 2013.-

© P Huergo Caso / Enlace Judío

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