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“El problema es que no se reconoce la humanidad del otro lado”: Tamir Elterman, director de “Muhi– Generally Temporary”

UNA ENTREVISTA DE JOSÉ STRIMLING PARA ENLACE JUDÍO MÉXICO- Tamir Elterman es cineasta, hijo de judíos mexicanos que se trasladaron a los EE.UU. y ahora residen en Israel. Después de ver un reportaje fotográfico, se apasionó con la historia de Mohamed, un niño musulmán apodado “Muhi” que, por una enfermedad congénita, ha tenido que dejar su familia en Gaza y vivir, con su abuelo, en el Hospital Tel HaShomer en Ramat Gan. Allí, Tamir lo ha grabado durante tres años, antes de producir el documental “Muhi– Generally Temporary”, que se presentó en México, en el Festival Ambulante y en la Cineteca Nacional.

Muhi-Generally Temporary es un debut como director colaborativo de la fotógrafa israelí Rina Castelnuovo-Hollander y el video-periodista estadounidense Tamir Elterman, quien visitó las oficinas de Enlace Judío

Como bebé, Muhi tuvo que sufrir un procedimiento urgente que requirió que los médicos amputen la parte inferior de sus brazos y piernas para salvarle la vida. A la hora de terminar el documental, su abuelo, Abu Naim, lo había cuidado incansablemente durante siete años, mientras que los padres de Muhi permanecieron en Gaza con sus otros hijos.

Abu Naim se vuelve amigo del activista israelí en Derechos Humanos Buma Inbar, quien ha sufrido la muerte de un hijo en combate y auspició el traslado de Muhi a Israel, salvándole la vida.

En el filme, es evidente que la falta de extremidades es la menor de las preocupaciones de Muhi, la verdadera amputación es la de su sociedad: cuando el abuelo intenta retornar a Gaza con el niño, para reintegrarlo a la familia, se da cuenta que la idiosincracia árabe no está hecha para recibirlo. Su padre no lo quiere ver, sus hermanos lo acosan con golpes y burlas y la familia aconseja dejarlo morir solo a las puertas de una mezquita.

Las palabras del abuelo son desgarradoras:

Muhi no es de aquí ni de allá. El hospital es una prisión- santuario, en la cual el niño es comprendido y mimado, pero del cual no puede salir.

En medio de estas circunstancias tan difíciles, la actitud de Muhi es edificante: es irreprimiblemente radiante. Cuando se prueba las prótesis de las piernas, camina con una velocidad que no sabía que tenía, mientras una sonrisa se extiende por su cara. Naturalmente afectuoso, abraza a casi todos los que ve. La facilidad con la que el niño expresa amor y afecto hacia los muchos israelíes que ha llegado a conocer, hace que el contexto político de la película parezca cada vez más inútil.

“La humanidad de los personajes expone lo absurdo del conflicto”, dice Elterman.

El Corán y la Biblia tiene una frase en común: “No existe tal cosa como que un ser humano no necesite a otro”. Esto ha sido la base de la lección que el documental le dejó a Eleterman: “Ambos bandos viven juntos, lo quieran o no. El problema es que no se reconoce la humanidad del otro lado“. Lamenta que los encuentros entre israelíes y palestinos sean cada vez más difíciles. “Los niños de ambos lados no tienen oportunidad de encontrarse y la separación física y psicológica está creciendo”.

Buma Inbar dice: “Los políticos firman tratados, pero le toca a la gente hacer la paz”. “Lo importante” dice Elterman,”es enfocarse en eso. Uno puede abrir los periódicos y ver miles de versiones acerca de lo que está sucediendo. (Lo cierto es que) nada es blanco o negro- hay miles de personas que nacieron en medio e intentan mejorar la realidad”.

“Muhi lleva un poco de luz a un lugar tan oscuro”.

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