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Enlace Judío México.- Se veía venir. El 27 de junio el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, mostraba su satisfacción porque Polonia modificara la polémica Ley del Holocausto, que había sido aprobada a principios de año y que generó un choque diplomático entre los dos países.

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“Siempre hemos estado de acuerdo en que el término ‘campos de concentración polacos’ es descaradamente erróneo y disminuye la responsabilidad de Alemania de establecer esos campos”, dijo Netanyahu.

La nueva versión, que fue aprobada en junio por el Parlamento polaco, eliminaba las penas de prisión previstas en la versión original, que es el punto más polémico y que fue el que desató las mayores críticas.

Polonia justificaba la primera versión de la norma, por la tendencia de los medios extranjeros a referirse a Auschwitz y a otros campos de concentración nazis como “campos de concentración polacos”, por estar situados en el territorio polaco ocupado.

En Israel se consideró que la ley es un “desafío a la verdad histórica” y un intento de ocultar la complicidad, directa o indirecta, de sectores de la sociedad polaca en los crímenes contra los judíos.

Pero Netanyahu, que no quería enemistarse con los polacos, desde hace unos meses destacaba los vínculos con Polonia, basados en la confianza, y apeló a la “responsabilidad compartida para llevar a cabo una investigación libre, promover la comprensión y preservar el recuerdo de la historia del Holocausto”. Hasta aquí vaguedades que no lo comprometían en nada y estaba bien con Dios y con el Diablo.

Al parecer, el Museo del Holocausto, Yad Vashem, valoró también en aquel momento la modificación de la ley como un “paso positivo en la dirección correcta”.

“Creemos que la forma correcta de combatir las tergiversaciones históricas es a través de reforzar las actividades de investigación, abiertas, libres y educativas” indicó en un comunicado.

Y de repente, ¡zaz! una bomba.

La respuesta de Yad Vashem vino tras la publicación de la declaración conjunta traducida al inglés, hebreo y alemán, que apareció en los periódicos en Israel y Alemania el jueves antepasado, ¿pagada por quién? Por los polacos.

Yad Vashem rechazó casi inmediatamente la declaración conjunta sobre el Holocausto emitida por el primer ministro Benjamín Netanyahu y el primer ministro polaco Mateusz Morawiecki.

“Una revisión exhaustiva de los historiadores de Yad Vashem muestra que las afirmaciones históricas, presentadas como hechos no cuestionados, en la declaración conjunta, contienen graves errores y engaños”, afirmó un comunicado emitido por Yad Vashem.

La declaración conjunta contradice el conocimiento histórico existente y aceptado, y apoya una narración que la investigación ha desmentido desde hace tiempo, en el sentido de que el gobierno polaco en el exilio se esforzó infatigablemente, en la Polonia ocupada y en otros lugares, para frustrar el exterminio de los judíos polacos.

Hay documentos, han sido años de investigaciones que desmienten estas afirmaciones en la declaración polaco-israelí, que afirman que el gobierno polaco en el exilio intentó detener la actividad nazi. Gran parte de la resistencia polaca en sus diversos movimientos no solo no ayudó a los judíos, sino que también participó activamente, no pocas veces, en su persecución.

Imagínense que una cláusula en la declaración conjunta dice: “Nos sentimos honrados de recordar los actos heroicos de numerosos polacos, especialmente los Justos entre las Naciones, que arriesgaron sus vidas para salvar al pueblo judío”.

No digo que no existieran polacos que ayudaron a los judíos perseguidos. Pero si vemos el balance entre la ayuda y la persecución, después de años de investigación histórica, el cuadro que tenemos es totalmente distinto: la ayuda de polacos a los judíos durante el Holocausto fue muy poca, mientras que los ataques y hasta el asesinato de judíos fueron hechos generalizados.

Así como me opongo a creer que aun hoy en día existan aquellos que niegan que existiera el Holocausto judío, de igual manera me niego a aceptar este comunicado conjunto, de los primeros ministros de Polonia e Israel, acerca de la enmienda de la polémica ley que revisa el Holocausto, y castiga con hasta tres años de cárcel el uso de la expresión “campos de concentración polacos”, para referirse a los centros de exterminio de judíos situados en territorio polaco bajo la ocupación nazi y le quita a Polonia complicidad por los crímenes del Tercer Reich. Y es que esta enmienda despenaliza la mención de la culpa y responsabilidad de la nación polaca durante el Holocausto. Este país, Polonia, según la enmienda, no tuvo participación en la Polonia ocupada y no participó en el exterminio judío. ¿Cómo se atreve Benjamín Netanyahu a hablar en nombre de todo el pueblo judío? ¿Quién le ha otorgado ese derecho? Es como que todo lo que aprendimos acerca de la complicidad de los polacos durante el Holocausto no existiera. Es producto del mito, de la fabulación, del fraude.

Cámaras de gas, disparos a sangre fría, ahorcamientos, experimentos científicos, hambre, torturas… donde participaron polacos ayudando con saña a los alemanes, no son un invento. Los polacos no tuvieron piedad. Lo sé porque me lo contaba mi mamá. Fue una locura. La personificación del mal.

No lo inventamos nosotros.

A pesar de las fotografías, de los restos históricos, de las declaraciones de los supervivientes y los juicios celebrados, de años de investigación, de repente nuestro primer ministro se empeña en negar la evidencia. Y alguien que niega evidencias, que niega pruebas documentadas y que niega estos hechos, nunca podrá ser considerado una persona seria.

¿Cómo es posible que “Bibi” acepte que en Polonia se prohíba la mención de crímenes efectuados por la “nación polaca” durante el Holocausto? No puede ser. La historia no se puede cambiar.

Ninguna ley puede cambiar la verdad histórica.

Soy la hija de una sobreviviente del Holocausto, y mi madre vivió todos los días de su atormentada vida recordando. Algunas cosas las contó, otras se las llevó a la tumba. Pero no inventó lo que vivió. No fantaseó lo que nos describió a mis hermanos y a mí. No inventé la existencia de mi madre.

Condeno rotundamente la nueva enmienda conjunta que intenta negar la complicidad polaca en el Holocausto. Como dicen ellos, los polacos, el Holocausto fue concebido en Alemania. ¿Pero acaso olvidan que cientos de miles de judíos fueron asesinados sin haber visto nunca a un soldado alemán?

¿Qué quieren? ¿Reescribir la historia? ¿A su modo? No se puede. Ni modo. Lamentablemente. Ojalá se pudiera.

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Llegué de Israel a México a la edad de siete años. La primaria y la secundaria las hice en el Colegio Hebreo “Tarbut”. Mis recuerdos de aquella época son excelentes. Mi primer trabajo como periodista, lo hice recortando periódicos en la Embajada de Israel, en el departamento de prensa, a cargo en aquel entonces, de Sergio Nudelstejer. La prepa, fue en la Escuela de la Ciudad de México, en Campos Elíseos, que me permitió conocer otra gente y otros aspectos de la vida mexicana. Estudié y me gradué en antropología y en letras, en la universidad de las Américas, en Cholula. La maestría, en Antropología, fue en la UNAM. Antes de incursionar a la universidad viví en Teloloapan, Guerrero, haciendo trabajo de comunidad y siendo jefa de organización campesina para varias instituciones gubernamentales. Viví varios años en Israel. En esa época, los ochentas, fui productora de Ariel Roffe y Erika Vexler para Televisa desde Medio Oriente. Tuve una columna que se llamaba “Burbujas” en el periódico israelí en español Aurora, otra, “Al Margen” en la revista Semana, que ya no existe. Viví cuatro años en Caracas, cuando mi ex esposo fue sheliaj del KKL. Actualmente vivo entre Londres y Venezuela, he dejado de creer en la política y mi pasión es la literatura, el cine y la música. Confieso que ya no tengo grandes respuestas ante la vida, pero que soy muy feliz.

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