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Meguilat Esther: Exilio voluntario y antisemitismo

Enlace Judío México e Israel.- En el capítulo 4 de Meguilat Esther encontramos las primeras reacciones de los judíos al edicto que anunciaba el genocidio. Hamán, como dijimos, ocultó la información al Rey Ajashverosh para evitar cualquier posibilidad de que lo vetara. Y para eso, hizo que en Shushán –capital del imperio y sitio de residencia de Ajashverosh– solo se anunciara la fecha de algo especial que iba a suceder con los judíos, y no se mencionara nada acerca de una masacre étnica. Mordejai sin embargo se enteró del contenido del edicto y mandó a informar a Esther para que la reina hiciera saber al rey lo que está pasando e interceda por su pueblo.

RABBI YOSEF BITTON

Mientras tanto, los judíos que vivían diseminados por todas las ciudades del imperio, guardaban duelo por esta terrible noticia.
“Y en cada una de las provincias, en todo lugar donde llegaba la orden del rey y su decreto, había entre los judíos un gran duelo y ayuno, llanto y lamento; vestiduras de duelo y ceniza, se disponían en lugares públicos.”

Las palabras de este versículo nos recuerdan los términos que usaron dos profetas, Joel (2:12-14) e Yesha’ayahu (58:5) refiriéndose a un ayuno de contrición.

“Vestiduras de duelo y ceniza” es una clara alusión a la famosa profecía de Yesha’ayahu, capitulo 58:5, que leemos nada menos que en el día de Yom Kipur. El gran profeta de Israel observa que durante el día del perdón, mucha gente se concentra en gesticular su arrepentimiento, “vistiéndose de luto, y cenizas, ayunado y reclinándose ‘como un arbusto que se dobla [por la fuerza del viento] hasta tocar el suelo’ ”. Pero a pesar de estos dramáticos gestos, el profeta ve que en el corazón no existe el arrepentimiento. Los gestos de pesar parecen “un intento de convencer a Dios para que los salve del castigo” y no un gesto que manifiesta con sinceridad la voluntad de cambiar y mejorar las acciones. Así también lo expresó el profeta Yoel (2:12-14) cuando le pidió al pueblo que no “rasguen sus vestiduras, sino sus corazones”, para expresar su arrepentimiento.

Si asumimos que al mencionar estas palabras para describir el ayuno de los judíos el texto de Esther está indicando subliminalmente que en este momento los judíos todavía no habían arribado a un nivel de arrepentimiento sincero, nos lleva a una gran pregunta que nuestros sabios abordaron hace mucho tiempo atrás. ¿De qué tenían que arrepentirse el pueblo? ¿Qué habían hecho mal los judíos que vivían esparcidos por todos los confines del imperio persa?

Los sabios en la Guemará discuten seriamente este tema. Hablan, por ejemplo, de la participación de los judíos en las fiestas del rey, algo que indica un nivel avanzado de asimilación social. Según otras opiniones los judíos no hicieron los esfuerzos suficientes para evitar prácticas asociadas con la idolatría, etc.

El Rab Yehudá haLevi en su famoso libro El Cuzarí formula una respuesta muy dura, y extremadamente relevante (y un poco vergonzosa) para todos los que todavía no vivimos en Israel….

El rey de los Cazares le pregunta al Rabino: ¿Qué sucedió en los tiempos del segundo Templo, cuando los judíos le rezaban a Dios regresar a Israel, y cuando esto fue posible, en los tiempos de Ciro (o Ajashverosh) los judíos optaron por permanecer en el exilio, “pero [irónicamente] seguían rezando para que Dios los regresara a Sion?”

La respuesta del Cuzari a esta cuestionable actitud de los Yehudim fue muy dura:

“Este pecado, el no haber regresado a la tierra de Israel, es lo que nos impidió completar el plan Divino en el Segundo Templo, como dijo el profeta: “Canta y alégrate, hija de Sion [que Dios está nuevamente en Su tierra, Zacarías 2:14]. La profecía, la voz Divina, ya estaba por regresar a Israel esperando que los Yehudim regresaran voluntariamente a su tierra. Pero increíblemente, esto no sucedió y solo algunos judíos regresaron, [los más pobres] y la mayoría permaneció en Babilonia [Persia], en un exilio voluntario ya que no querían separase de sus asuntos mundanos, de su mansiones y de sus negocios.

(Para ver el texto completo en hebreo hacer click aquí)

El antisemitismo que se vivió en Purim sirvió como un llamado de atención para los judíos que vivían cómodamente en el exilio. A partir de lo que ocurrió con Hamán, muchos Yehudim se despertaron y decidieron volver a Israel con Ezrá y Nejemiá.

 

 

 

Fuente:halaja.org

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