Enlace Judío México e Israel.- Virginia Hill arribó a México el 23 de julio de 1948, cuando contaba con 32 años de edad, en el esplendor de su belleza y con todo el vigor de su escultural figura. Llegó como embajadora de Meyer Lansky y Lucky Luciano.

JUAN ALBERTO CEDILLO EN EXCLUSIVA PARA ENLACE JUDÍO

Su nuevo viaje al país azteca fue una segunda oportunidad que le ofreció Luciano después de que el asesino de su esposo se quedara con una bala en su arma que estaba destinada para ella.

La mujer que inspiró el nombre de “Flamingos” para el casino que catapultó a las Vegas se hospedó en una de las lujosas suites del Hotel Reforma, el centro de la vida nocturna en la capital mexicana regenteado por el neoyorquino Alfred C. Blumenthal.

Virginia Hill, conocida también como la “Reina de la Mafia”, traía varias maletas atestadas de dólares para consolidar la “conexión mexicana”.

Meyer Lansky, el cerebro financiero de la Mafia y Lucky Luciano, el Capo di tutti capi, la escogieron para cumplir una misión fundamental: convertir a Acapulco en el “Montecarlo” de América Latina.

Virginia Hill ya había estado en México a principios de la década de los años 40. En esa época acompañó a su novio Benjamín “Bugsy” Siegel a Sinaloa para conseguir heroína para la Mafia debido a que la Segunda Guerra Mundial rompió sus conexiones para importarla desde Turquía.

Durante su segunda estancia en el Distrito Federal colaboró para ampliar el tráfico de heroína con el capitán de la Fuerza Aérea Mexicana, Luis Amezcua Torrea, quien era ayudante de la Oficina de la Presidencia durante la administración de Miguel Alemán Valdez.

En esa red participó el coronel Carlos I. Serrano, fundador de la Dirección Federal de Seguridad, Senador y amigo personal del Presidente Miguel Alemán.

Alfred C. Blumenthal también colaboró pero su principal misión con Hill fue acercarla a la cama del presidente para “convencerlo” de modificar la nueva Ley de Juegos y Sorteos para que se eliminara la prohibición a los casinos de juego que había decretado el Presidente Lázaro Cárdenas.

En esa época, socios de Blumenthal ya operaban un casino flotante en aguas internacionales de Acapulco. Además, la mafia proyectó edificar un lujoso casino en la Isla de Roqueta similar a los de Montecarlo.

Para acercarse a los hombres de la Presidencia, Virginia Hill organizó esplendorosas fiestas en la capital y Acapulco donde corrieron ríos de la mejor champaña. Tertulias que fueron reseñadas por el joven periodista Agustín Barrios Gómez en su columna del diario Novedades.

Los influjos de la “Reina de la Mafia” surtieron efecto sobre un presidente que tenía una gran debilidad por las mujeres bellas y famosas.

La principal “pócima” de Virginia para conquistar a todo tipo de hombres famosos y mafiosos fueron sus artes sexuales.

A los pocos meses de su llegada se le abrieron las puertas del recién inaugurado Hotel del Prado, propiedad de su objetivo: Miguel Alemán.

Posterior a sus encuentros, Virginia logró que un familiar tuviera una florería en el lujoso lobby del céntrico hotel.

Gracias a los buenos oficios de la Reina de la Mafia se modificó la Ley de Juegos y Sorteos y los casinos pudieron reabrir en México. El primero que lo hizo fue el de Agua Caliente en Baja California y el antiguo Casino de la Selva, de Cuernavaca, se remodeló para su nueva apertura.

No obstante, el proyecto del lujoso casino de Acapulco se vio frustrado por una investigación contra la mafia que llevó a cabo una comisión del Senado de Estados Unidos.

Como parte de la investigación, el Departamento del Tesoro revisó los millonarios gastos de Virginia Hill en la capital mexicana para acusarla de evasión de impuestos.

La investigación provocó que la millonaria inversión que la mafia proyectó para Acapulco se moviera hacia la Habana.

En Cuba, Lansky consolidó durante la década de los cincuenta un imperio de casinos que duró hasta el triunfo de los “Barbudos”, a los que financió para que derrocaran a Fulgencio Batista.

Cuando no llegó a un acuerdo con Fidel Castro y sus hombres, Lansky prefirió cerrar sus casinos y mudarse a Puerto Rico y a República Dominicana. En la segunda isla tenía un dictador más dispuesto a ayudarlo: Trujillo.

 

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