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Bil’am, y lo que aprendió de su burra

Enlace Judío México e Israel. La Parashá de esta semana es realmente inusual. No estamos viendo la misma película que veíamos la semana pasada: los acontecimientos del pueblo judío en el desierto. La cámara de la Torá se enfoca ahora en otra escena, detrás de las líneas del enemigo. Por un breve momento somos testigos privilegiados de los diálogos y los planes de aquellos que quieren destruirnos, vemos cómo nos perciben y cómo se prepara el enemigo para enfrentar a Israel. Tres capítulos de la Torá están dedicados a concedernos una mirada detallada de la perspectiva del adversario. Un caso único en toda la Torá.

RABBI YOSEF BITTON

 

¿QUIÉN ERA BIL’AM?

Aunque esta Parashá lleva el nombre del Rey de Moab, Balaq, el protagonista principal es un individuo muy misterioso llamado Bil’am(Balaam). ¿Quién es Bil’am? De acuerdo con nuestros rabinos a Bilam le fue concedida la nebuá (la profecía), Dios se reveló a él, como se reveló a Moshe Rabenu (Moisés).

Pero no debemos caer en el error de pensar que por el hecho que Dios se comunicaba con Bil’am, Bil’am se parecía a Moshé. En realidad, destacan los Sabios, aunque ambos, Moshé y Bilam, recibían el mensaje profético, esta experiencia la procesaban de una manera completamente diferente.

LA EXPERIENCIA DE MOSHE

El poder de comunicarse con Dios le hizo darse cuenta a Moshé de lo pequeño y limitado que era él. Veamos. Moshé tenía preguntas, muchas preguntas que hacerle a Dios. Uno de los temas que más angustiaba a Moshé, por ejemplo, era la comprensión (o la incomprensión) de la justicia de Dios. ¿Cómo puede ser que si Dios es todo bondad (omnivolente) y todo lo puede (omnipotente) los hombres justos a veces sufren? Sin embargo, después de su «encuentro» con Dios, esta y otras preguntas que Moisés tenía desaparecieron. Pero no porque Moshé había encontrado una respuesta a estos temas; sino porque la cercanía de Dios le permitía a Moshé darse cuenta de sus insuperables limitaciones. Comunicarse con Dios le hacía comprender a Moshé Rabbenu por qué no comprendía. Al aproximarse a la Infinitud de Dios Moshé tomaba conciencia de la infinita pequeñez humana. Tratar de entender «los pensamientos de Dios» está más allá de las capacidades cognitivas de un ser humano, por más sabio o inteligente que éste fuera. Es por eso que después de experimentar la revelación de Hashem, Moshé, que ya era humilde, se comportó con más humildad. Y fue gracias a esa aproximación a Dios que Moshé se transformó en «el hombre más humilde que hubo sobre la faz de la tierra» (Bamidbar 12:03).

LA EXPERIENCIA DE BILAM

Bil’am, por otro lado, también tuvo un encuentro cercano con Dios. La misma epifanía abrumadora experimentada por Moshé Rabenu. Pero la reacción de Bilam fue exactamente opuesta a la de Moshé. Cuando Dios se revelaba a Moshé, Moshé se enfocaba en Dios. Pero cuando Dios se rebelaba a Bil’am, Bil’am se enfocaba en sí mismo. Bil’am pensó que si Dios se comunicaba con él, era porque él, Bil’am, era una persona muy especial. Única. Un iluminado. Bil’am se convenció de que él era el hombre más importante sobre la faz del planeta. Y actuaba de esa manera. En esta Perashá vemos a Bil’am comportarse con extrema arrogancia. Bil’am, por ejemplo, se refiere a sí mismo en tercera persona (sólo el Faraón hacia lo mismo). Y también se alardeaba de que Dios hablaba «a través de su boca», como si él fuera Su elegido. Bil’am presumía de tener habilidad de destruir a toda una nación, Israel, con el poder de su maldición, su palabra. Bil’am pensaba que podía «forzar» la voluntad Divina, y «forzar a Dios a hacer lo que él quisiera». En un momento pronunció la frase más arrogante que se haya escrito en la Tora, yode’a da’at ‘Elion, «[Yo soy Bil’am], el [hombre] que comprende la mente del Todopoderoso».

LA EXPERIENCIA RELIGIOSA

Vemos cómo la misma experiencia espiritual, la revelación de Dios, afectó a Bil’am y a Moshé Rabenu de maneras completamente opuestas. Moshé se transformó en el hombre más humilde de la historia. Y Bil’am, en el más arrogante.

La experiencia religiosa, irónicamente, puede ser «parve», neutra. Hay líderes religiosos, de todas las confesiones, que usan sus talentos espirituales para ayudar, para enseñar, para inspirar. Y hay otros que al mejor estilo Bil’am, su investidura religiosa los hace sentir por encima de los demás. Simulan poderes sobrenaturales, y los usan para aprovecharse de sus crédulos congregantes.

CUANDO LOS BURROS HABLAN

En cuanto a las vanidosas pretensiones de Bil’am nuestros rabinos señalan que Bil’am recibió una lección de humildad de su burra. Cuando Bil’am se dirigía a encontrarse con Balaq montado en su asno, el animal vio un ángel, que lo asustó y lo hizo desviarse del camino. Bil’am castigó a su burra y la amenazó de muerte con su espada. Dios, entonces, «abrió la boca de la burra» y ésta le reveló a Bil’am que había visto un ángel.

Nuestros rabinos explicaron:

Bil’am se jactaba de que Dios «hablaba por su boca». Ahora, Bil’am vió que incluso un burro, que nunca fue considerado un animal muy inteligente, también podía hablar y transmitir un mensaje Divino, si Dios así lo quería. ¡Bil’am no era superior a su burra!

Bil’am también afirmó que él podría eliminar toda la nación de Israel con sus maldiciones mágicas. Pero entonces ¿por qué para matar a su burro tenía que recurrir a su espada? ¡Los superpoderes de Bil’am eran falsos!

Por último, Bil’am afirmó que él entendía la Mente de Dios, sin embargo, ¡Bil’am no alcanzó a comprender ni siquiera la mente de su propio burro!

 

 

Fuente:halaja.org

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